Corea del Sur pone fin a una era oscura: el cierre definitivo de las granjas de bilis de oso
Tras décadas de crueldad animal, el país asiático avanza hacia una mayor conciencia sobre el bienestar animal prohibiendo una de sus prácticas más controvertidas
En un giro histórico y esperado por defensores de los derechos de los animales en todo el mundo, Corea del Sur ha anunciado el fin oficial de las granjas de bilis de oso, una práctica profundamente arraigada en la medicina tradicional, pero que ha sido objeto de duras críticas por su crueldad implícita.
Un capítulo final para una práctica milenaria
A partir del 1 de enero, se prohíbe formalmente en todo el país la cría de osos para la extracción de su bilis, así como la posesión de estos animales con fines comerciales relacionados. Esta medida, adoptada por el Ministerio de Clima, Energía y Medio Ambiente, supone la implementación final de una ley revisada de protección animal que contempla penas de hasta cinco años de prisión para quienes la infrinjan.
Hasta ahora, Corea del Sur era uno de los pocos países del mundo que permitía esta forma de ganadería, utilizando omnipresentemente al oso negro asiático—también conocido como "oso lunar" debido a la distintiva mancha blanca en su pecho—para extraer su bilis, considerada tradicionalmente como un remedio poderoso para diversas dolencias.
De símbolo medicinal a símbolo de crueldad
Tradicionalmente, la bilis de oso, rica en ácido ursodesoxicólico (UDCA), ha sido utilizada en Asia para tratar enfermedades hepáticas, fiebre y problemas de la vesícula biliar. Sin embargo, estudios científicos modernos han cuestionado repetidamente su efectividad en comparación con tratamientos médicos alternativos, igualmente eficaces y éticamente aceptables.
El uso extendido de extractos de bilis alcanzó su punto máximo en las décadas de 1980 y 1990, impregnando el mercado asiático con cremas, tónicos y cápsulas. Desde entonces, la demanda ha decrecido dramáticamente. Hoy, según estadísticas del gobierno surcoreano, solo unas 11 granjas mantienen activamente osos en cautividad, albergando aún a unos 199 ejemplares.
Un acuerdo de 2022 que hoy se materializa
La prohibición se da en el marco de un acuerdo forjado en 2022 entre el gobierno, granjeros y organizaciones defensoras del bienestar animal, que acordaron el cese total de la extracción de bilis para el año 2026. No obstante, el gobierno ha decidido adelantar la prohibición paulatinamente, iniciándola desde enero de este año e incorporando un periodo de gracia de seis meses para adecuación de las granjas.
“Nuestro plan de poner fin a la cría de osos es una manifestación de la determinación nacional para mejorar el bienestar de los animales silvestres y cumplir con nuestras responsabilidades internacionales”, declaró el ministro de Medio Ambiente, Kim Sungwhan.
Los últimos osos y un futuro incierto
Aunque el anuncio marca un parteaguas, aún existen desafíos. Hasta la fecha, solo 21 osos han sido reubicados en un santuario gubernamental en la provincia sureña de Jeolla. El resto, más de 170 osos, aún permanecen encerrados, mientras continúa la negociación sobre las compensaciones económicas a los granjeros por abandonar esta actividad históricamente rentable.
El caso de Kim KwangSoo, un agricultor de la ciudad de Dangjin que actualmente mantiene a 78 osos en sus instalaciones, es emblemático. “Esta es una política muy mala”, reclamó. “Observaré la ley, pero no por convencimiento, sino por necesidad legal para evitar represalias”. Kim llegó a tener 270 osos en 2014 y se estima que hoy mantiene deudas superiores a cientos de miles de dólares derivados del cuidado de estos animales.
Los orígenes del problema: importaciones desde el sudeste asiático
Las raíces del problema se remontan a la década de 1980, cuando el gobierno surcoreano, en un intento por reducir la caza clandestina de osos en su hábitat natural, permitió la importación de ejemplares desde Malasia y otros países del sudeste asiático. Estos osos, criados en cautividad, fueron señalados inicialmente como una solución alternativa sostenible. Sin embargo, la medida sentó las bases para una industria cuya reputación se desplomó por escándalos relacionados con crueldad y negligencia.
La falta de regulación efectiva permitió condiciones inhumanas en las granjas: jaulas de hierro diminutas, privación sensorial, alimentación deficiente y procedimientos de extracción altamente dolorosos realizados sin anestesia. La creciente presión social e internacional sirvió de catalizador para iniciar el cambio.
¿Dónde serán protegidos estos animales ahora?
A pesar del entusiasmo por el anuncio, organizaciones defensoras advierten que el trabajo no ha terminado. El santuario existente en Jeolla solo tiene capacidad para albergar con dignidad a unos 30 osos, y actualmente carga con más de 40. El segundo centro prometido, que debía inaugurarse en abril de 2024, no estará listo hasta 2027 debido a daños causados por inundaciones.
“Es estupendo que el gobierno se haya decidido a terminar con esta industria, pero lamentablemente no se han implementado las medidas necesarias para cuidar a los osos sobrevivientes”, comentó Cheon JinKyung, directora de Korea Animal Rights Advocates (KARA).
El ejemplo surcoreano en el contexto internacional
La decisión surcoreana resuena en un contexto global en el que diversos países han enfrentado sus propias controversias sobre la bilis de oso. China, por ejemplo, aún permite la cría de osos para bilis, aunque ha promovido versiones sintéticas de UDCA desde la pandemia. Vietnam ilegalizó formalmente estas granjas en 2005, pero todavía decenas de osos viven en propiedades privadas, sin una fiscalización adecuada.
En la actualidad, solo unos pocos países asiáticos permiten esta práctica, lo cual hace del modelo surcoreano un caso singular de voluntad política transformadora.
¿Qué dice la ciencia sobre la bilis de oso?
El ácido ursodesoxicólico utilizado tradicionalmente para múltiples males ahora es químicamente producido de forma sintética en laboratorios, eliminando por completo la necesidad de extraerlo de animales vivos. Estudios como los publicados en el Journal of Gastroenterology and Hepatology han demostrado que el UDCA sintético es igual de eficaz que su contraparte natural—una solución ética y segura respaldada por la comunidad médica internacional.
A pesar de esta evidencia, la medicina tradicional aún conserva gran influencia cultural, lo que ha hecho difícil erradicar por completo prácticas nocivas como la caza furtiva de especies protegidas o la cría masiva en condiciones precarias.
¿Qué significa esto para el futuro del bienestar animal?
La prohibición marca una victoria significativa para los movimientos animalistas, que han ganado mucha fuerza en las últimas dos décadas en Corea del Sur. Desde el cierre de zoológicos clandestinos hasta la creciente regulación sobre el consumo de carne de perro, la sociedad surcoreana parece estar transitando hacia un paradigma cultural más respetuoso con la fauna.
La decisión reciente incluso podría sentar precedentes legales en el sudeste asiático, un área donde el tratamiento ético de animales aún está en diversas etapas de desarrollo legislativo.
Si Corea del Sur consigue reubicar a todos los osos y poner fin de manera definitiva y ordenada a esta práctica, no solo habrá redimido un capítulo oscuro de su propia historia, sino también enviado un fuerte mensaje al resto del mundo: el respeto por el bienestar animal no es un lujo moral, sino una obligación ética.
