Fe y desamparo: así enfrentan las comunidades inmigrantes las políticas de inmigración en EE.UU.

Líderes religiosos alzan la voz contra el discurso deshumanizante y las políticas antiinmigrantes que amenazan a haitianos, afganos y somalíes en Estados Unidos

Por estos días de creciente tensión política en Estados Unidos, hay una lucha que ocurre fuera de los reflectores del Congreso o del relato polarizado de los medios. Es una lucha silenciosa, íntima, espiritual, protagonizada por líderes religiosos que no solo predican la fe, sino que también brindan refugio, contención y dignidad a miles de inmigrantes perseguidos por medidas cada vez más hostiles.

Una amenaza real bajo un nuevo mandato

Desde su regreso al discurso político dominante, el expresidente Donald Trump ha alimentado un ambiente cada vez más hostil hacia los inmigrantes. En discursos, publicaciones en redes sociales y propuestas de campaña, ha culpado a los inmigrantes de delitos, escasez de vivienda y problemas económicos. Incluso llegó a pedir una "migración en reversa", una frase que, más allá de su tono visceral y ambiguo, fue entendida como un deseo de eliminar la presencia migrante en el país.

El impacto de esta retórica no es abstracto. Para comunidades como los haitianos en Ohio, los afganos en Washington D.C. y los somalíes en Minnesota, el 2025 ha estado lleno de temor, angustia y una sensación de vulnerabilidad profunda. Pero también ha provocado una respuesta firme desde sectores de fe que consideran incompatible el odio con sus principios más fundamentales.

Haitianos en Springfield: entre la esperanza y la incertidumbre

En Springfield, Ohio, una ciudad de casi 60.000 habitantes y con más de 15.000 haitianos, la tensión es palpable. En años recientes, muchos haitianos llegaron gracias al programa TPS (Estatus de Protección Temporal), que les permitió establecerse legalmente. Sin embargo, este programa expirará en febrero de 2025, lo que deja a miles en un limbo legal susceptible de deportación.

Las declaraciones de Trump no han sido sólo políticas. Cuando en 2024 afirmó falsamente que los haitianos "se comían a los gatos y perros del vecindario", sembró un nivel de miedo y rechazo sin precedentes. Según el reverendo Carl Ruby, pastor de la iglesia Central Christian Church, "estamos encaminados a un desastre humanitario y económico si estas familias son forzadas a regresar a un Haití dominado por la violencia de las pandillas".

Ruby, junto con líderes comunitarios como Viles Dorsainvil, ha viajado a Washington D.C. para presionar por una acción legislativa. Pero hasta ahora, su esperanza se enfrenta a un muro de inercia y hostilidad. “Cada legislador al que le hemos hablado coincide en que no se hará nada desde el Congreso mientras el discurso de Trump continúe radicalizándose”, lamenta Ruby.

El caso afgano: de aliados a sospechosos

Tras la retirada de EE.UU. de Afganistán en 2021, miles de afganos que ayudaron al ejército estadounidense fueron acogidos como refugiados. Hoy muchos de ellos temen perder esa protección. El suspenso del programa de refugiados decretado por Trump al asumir su nuevo mandato empeoró esta situación. Decenas de organizaciones religiosas, como Lutheran Social Services, vieron su presupuesto reducido hasta en un 68%.

Kristyn Peck, directora ejecutiva de LSS para el área metropolitana de Washington, no oculta su preocupación: “Este programa es vital para nuestros hermanos afganos. Cancelarlo ha sido catastrófico”. La organización tuvo que pasar de casi 300 a solo 100 empleados, afectando directamente sus programas de asistencia, como clases de inglés y capacitación laboral para mujeres.

El odio se incrementó tras un trágico tiroteo en noviembre, protagonizado por un afgano. “Esto activó una narrativa de culpa colectiva”, dice Peck. “Están usando el acto atroz de una persona para justificar la marginación de toda una comunidad”.

Somalíes en Minnesota: blanco de la retórica

Desde mediados de los años 90, Minnesota ha acogido una vibrante comunidad somalí que es hoy la más numerosa del país. Sin embargo, recientes casos de fraude y violencia juvenil aislaron a la comunidad, y Trump los calificó de manera despectiva como "basura" en un mitin político.

Ante este clima, líderes religiosos como el imam Yusuf Abdulle, al frente de la Islamic Association of North America, han creado un grupo de trabajo comunitario con más de 20 líderes religiosos y civiles. “No negamos los errores que se han cometido, pero no podemos permitir que se use eso para estigmatizar a toda una comunidad”, expresó Abdulle.

Las iglesias como última defensa

Frente al endurecimiento de las políticas migratorias y los recortes presupuestarios, han sido principalmente las iglesias y organizaciones religiosas las que han asumido un papel de resistencia. Algunas de las medidas incluyen:

  • Ofrecer santuario a quienes enfrentan el riesgo de deportación.
  • Organizar viajes a Washington para hacer lobby con legisladores.
  • Programas educativos y asistenciales para familias desplazadas.
  • Capacitación laboral y asesoría legal.

El obispo católico Daniel Garcia, de Austin, Texas, dejó en claro en una carta reciente: “Cada hijo de Dios tiene valor y dignidad. Utilizar lenguaje que denigre a una persona por su nacionalidad o etnia es contrario a esta verdad fundamental del Evangelio”.

Asimismo, la conferencia episcopal católica de Estados Unidos emitió en noviembre una declaración especial —su primera en 12 años— condenando la retórica antiinmigrante y apoyando el derecho a la pastoral en centros de detención.

Otras voces de fe se alzan

No sólo son católicos. Desde las sinagogas hasta las iglesias luteranas, diversas denominaciones han salido al paso de las declaraciones de Trump. World Relief, organización humanitaria evangélica, dijo en voz de su director Myal Greene: “Cuando Trump habla de detener toda migración desde países del 'Tercer Mundo', insulta a la mayoría de la Iglesia global”.

Por su parte, HIAS, una histórica organización judía que ayudó a refugiados del Holocausto, afirmó en un comunicado: “Sabemos muy bien lo que es ser atacado como comunidad entera por el acto de uno. Defenderemos a los inmigrantes afganos y somalíes frente a estas políticas nocivas”.

Política, fe y el futuro inmediato

Las elecciones de medio término en 2026 ya se perciben como otro momento de tensión. Como bien dice Abdullahi Farah, líder comunitario somalí: “Cada periodo electoral aumenta la retórica violenta hacia los inmigrantes. Es momento de unir a nuestra comunidad en lugar de permitir que el miedo los divida aún más”.

En este entorno polarizado, donde la política busca chivos expiatorios y la administración impulsa medidas cada vez más restrictivas, muchos inmigrantes encuentran refugio y dignidad en las instituciones religiosas que están dispuestas a enfrentarse al poder en nombre de la compasión.

Porque más allá de cualquier frontera, ley o tratado migratorio, como bien dice la parábola del buen samaritano, a veces es el extranjero el que da y recibe la mayor muestra de humanidad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press