Monjes budistas caminan por Estados Unidos para sembrar paz en tiempos turbulentos
Desde Texas hasta Washington D.C., una travesía de más de 3,500 km une meditación, activismo y resiliencia tras un accidente que casi trunca la misión
Una caminata por la paz que cruza estados y fronteras del alma. Así puede describirse la travesía de un grupo de alrededor de 20 monjes budistas que inició en Fort Worth, Texas, a finales de octubre de 2023 y que se aproxima a su meta en Washington D.C. Más que kilómetros, estos viajeros recorren conciencias: con sus túnicas naranjas, espiritualidad y un perro símbolo de su travesía—Aloka, el “Peace Dog”—, siembran no solo pasos, sino esperanza.
Una tradición milenaria, una urgencia contemporánea
El budismo ha sido históricamente una religión de introspección. Enseñanzas como la no-violencia (ahimsa), la compasión y la meditación forman parte de su núcleo doctrinal. Sin embargo, figuras como el Dalai Lama o Thich Nhat Hanh demostraron que el budismo también puede ser un vehículo activo para el cambio social, desde protestas pacíficas hasta intervenciones en conflictos armados. Esta caminata, llamada “Walk for Peace”, retoma ese legado activista en un momento en que el mundo, y Estados Unidos en particular, vive una marea de polarización política, violencia y alienación personal.
66 días caminando con espíritu inquebrantable
“No caminamos solos. Caminamos junto a cada persona cuyo corazón se ha abierto a la paz”, escribieron los monjes en su página oficial de Facebook, que ya acumula más de 400,000 seguidores. Las publicaciones incluyen poesía espiritual, actualizaciones sobre su recorrido y mensajes de esperanza. Incluso, el entrañable Aloka tiene su propio hashtag: #AlokaThePeaceDog.
Han recorrido a pie más de 3,500 kilómetros, atravesando 10 estados, entre ellos Louisiana, Mississippi, Georgia, Carolina del Norte y Virginia. El destino final es el corazón político de EE.UU.: Washington D.C. Pero, como aseguran ellos mismos, el objetivo está más allá del asfalto.
Un accidente que puso a prueba su misión
El camino no ha estado libre de obstáculos. En noviembre, mientras caminaban en las afueras de Houston, Texas, un camión impactó su vehículo de escolta. El resultado: dos monjes heridos, uno con lesiones graves en la pierna que requirieron intervención quirúrgica y traslado en helicóptero a un hospital. Según Shane Burleigh, jefe de policía interino de Dayton, “el conductor no notó lo lento que avanzaba el vehículo de escolta, intentó esquivarlo y lo embistió por detrás, empujándolo hacia dos monjes”.
A pesar del susto y el dolor físico, la caminata no se detuvo. El grupo redobló su mensaje de paz y resiliencia. “Cada herida es una oportunidad para amar más”, dijo un portavoz del grupo días después.
Activismo interreligioso y paz duradera
Popularmente, se asocia el activismo con protestas, marchas ruidosas o reclamos públicos. Pero los monjes budistas proponen una forma distinta: el activismo silencioso, basado en la presencia, la constancia y la compasión. Cada paso suyo es un acto político, pero también espiritual.
- Han organizado “Peace Gatherings” en distintas ciudades, encuentros comunitarios donde personas de todas las edades meditan, tocan tambores, pintan mandalas y escriben cartas de paz a sus representantes políticos.
- Inspiran con prácticas milenarias como la meditación caminante, popularizada por Thich Nhat Hanh, que enseña a estar presente en cada pisada.
- Evangelizan con actos, no con palabras. Aceptan comida de quienes desean compartir y regalan pequeños amuletos con mantras a los curiosos con los que se cruzan.
En un país donde las diferencias raciales, políticas y religiosas se sienten cada vez más tensas, su mensaje resuena profundamente. “Decimos paz, pero vivimos en guerra interior. Queremos cambio exterior, pero no transformamos nuestro ego”, exclamó uno de los monjes en un evento público en Fayetteville, Georgia.
El rol de las redes sociales: espiritualidad viral
A diferencia de los antiguos sabios que meditaban en cuevas, estos monjes saben que la tecnología puede ser aliada en la lucha por la conciencia colectiva. Publican regularmente historias, pensamientos y videos en vivo. De hecho, parte de su popularidad se debe a transmisiones diarias donde se les ve caminar, compartir té o simplemente guardar silencio mientras suena un cuenco tibetano.
“Las redes pueden desconectar, sí, pero también tienen el poder de unir si se usan con intención”, afirma el coordinador digital del grupo. El mensaje ha calado entre jóvenes estadounidenses cansados del ruido mediático y de los tóxicos discursos políticos. En los comentarios abundan frases como “ustedes son lo que este país necesita” o “gracias por recordarnos que hay otra forma de vivir”.
La historia detrás de Aloka, el perro de la paz
Entre las figuras más queridas en esta travesía se encuentra Aloka, un perro callejero que, según cuentan los monjes, los “adoptó” desde el estado de Louisiana y no se ha separado desde entonces. Su nombre significa “luz” en pali, y se ha convertido en un símbolo del viaje.
Vestido con un chaleco donde se lee “Peace Dog”, Aloka camina junto al grupo en silencio. En redes sociales es toda una celebridad. Su presencia ha provocado lágrimas, abrazos y hasta donaciones a refugios animales por parte de seguidores motivados por su historia.
Un legado más allá de la caminata
No es la primera vez que monjes budistas realizan caminatas de paz a larga distancia. En 2010, un grupo liderado por Claude AnShin Thomas, veterano de guerra convertido en monje, caminó desde ciudades de California hasta Nueva York para visibilizar la violencia espiritual del conflicto bélico. En Asia, durante la década de los 90, las caminatas de paz fueron una forma de protesta contra las minas terrestres y la dictadura militar en Birmania.
Lo que hace especial esta caminata en 2023-2024 es su enfoque panorámico: incluye comunidades multirraciales, utiliza redes sociales, convoca tanto a cristianos como ateos, involucra arte y poesía, y surge en un contexto donde la salud mental es crisis nacional.
En palabras de un habitante de Decatur que se sumó a la caminata por unas horas: “Verlos me hizo llorar. No dijeron nada, pero lo dijeron todo con su mirada”.
Estados Unidos, un país en busca de sentido
Más allá de ideologías o credos, lo que los monjes proponen es un acto de humanidad. Promueven reconectar con lo básico: respirar, caminar, mirar el cielo, estar presentes. Y lo hacen en un país donde, según la American Psychological Association, 1 de cada 4 estadounidenses padece trastornos de ansiedad y más de 45,000 personas se suicidan cada año.
Su respuesta es simple, radical y silenciosa: estar en paz primero con uno mismo. “No puedes transformar un país si no transformas tu corazón”, repiten constantemente. Su meta no es llegar al Congreso ni lograr leyes, aunque esperan ser recibidos por legisladores al llegar a D.C. Su verdadera meta parece ser cada ser humano que se detiene a saludarlos en la carretera.
¿Y después de Washington?
Por el momento, no tienen planes de regresar a sus respectivos países asiáticos (algunos vienen de Tailandia, Birmania e India). Su intención es continuar compartiendo enseñanzas en templos budistas de la región noroeste. Incluso se comenta que podrían organizar una caminata similar en 2025 hacia el oeste, con rumbo a California.
Más que una peregrinación, esta es una propuesta de vida. En palabras de uno de los monjes, “no caminamos por protesta, sino por empatía. No buscamos convencer, sino contagiar compasión”.
