Sonar y cetáceos en guerra: ¿puede el ejército de EE. UU. proteger a las ballenas mientras entrena?
El entrenamiento naval frente a las costas hawaianas causa millones de perturbaciones en mamíferos marinos pese a afirmaciones de impacto mínimo. ¿Qué tan real es esa ‘negligencia’?
Un mar de contradicciones: entrenamiento militar y vida marina
En medio del Pacífico, las aguas que rodean a Hawái son escenario de una batalla silenciosa que enfrenta preparación militar y conservación ambiental. La Marina de Estados Unidos ha declarado recientemente que sus ejercicios de entrenamiento en estas aguas, incluyendo el uso de sonar y explosiones submarinas, causarán en los próximos siete años más de 3 millones de alteraciones de comportamiento, daños auditivos o lesiones a mamíferos marinos locales, entre ellos ballenas jorobadas, delfines y focas monje.
Sin embargo, en su informe oficial concluyen que dichos entrenamientos “no causarán un daño significativo” a las poblaciones marinas. Esta afirmación ha encendido las alarmas entre conservacionistas, científicos y organizaciones ambientales locales, quienes consideran que el daño potencial está siendo sistemáticamente minimizado.
¿Cuántos animales afectados son aceptables?
Entre los datos más inquietantes presentados por la propia Marina, se estima que, solo en el caso de los delfines nariz de botella hawaianos:
- Se perturbarán más de 310,000 veces sus comportamientos vitales (alimentación, reproducción, navegación).
- Se verá afectada su capacidad auditiva casi 39,000 veces.
- Podrían producirse hasta tres muertes directamente vinculadas a estas actividades.
La cifra total de alteraciones en las costas de Hawái y California es aún más alarmante: se estima que durante el nuevo programa de entrenamiento 2023-2030 hasta 35 millones de incidentes afecten a mamíferos marinos, según el Center for Biological Diversity.
Sonar: un arma letal para los cetáceos
El elemento más controversial en estos entrenamientos es el uso del sonar activo de alta intensidad, el cual genera ondas acústicas potentes que pueden afectar gravemente la fisiología de los cetáceos. Estos animales dependen del sonido para navegar, comunicarse y detectar presas. Cuando se exponen a sonidos intensos, pueden desorientarse, vararse e incluso morir.
“Si las ballenas están siendo golpeadas por sonar durante su época de reproducción o alimentación, podría afectar su capacidad para alimentar a sus crías o sobrevivir”, advierte Kylie Wager Cruz, abogada de la organización Earthjustice.
Las autoridades militares argumentan que han delimitado “áreas de mitigación” donde se restringe el uso de sonar entre noviembre y abril, época de reproducción de ballenas jorobadas cerca de las islas Maui y Hawái. Pero expertos aseguran que estas medidas son insuficientes, ya que otras 11 zonas de importancia biológica identificadas para especies como delfines moteados, ballenas piloto y falsas orcas no están protegidas por esas mismas restricciones.
Excusas logísticas frente a la urgencia ambiental
Ante las críticas, la Marina ha explicado que ralentizar los buques o expandir las zonas protegidas no es viable por razones operativas. Argumentan que reducir la velocidad de los buques durante los entrenamientos —como recomiendan científicos y ONGs— afectaría negativamente su “capacidad de respuesta y eficacia táctica”.
No obstante, empresas comerciales como Matson Inc., dedicada al transporte marítimo, han decidido voluntariamente ralentizar sus barcos a menos de 10 nudos en ciertas áreas durante la temporada de ballenas para evitar colisiones fatales, una de las principales causas de muerte de ballenas azules y jorobadas en la costa californiana. ¿Por qué no podría aplicar lo mismo una fuerza tan tecnológicamente avanzada como la Marina?
El incumplimiento de la ley ambiental
Las leyes federales estadounidenses obligan a agencias como la Marina a tener en cuenta los efectos acumulativos sobre el medio ambiente en sus procesos de evaluación de impacto. Es decir, no solo deben calcular cuántos animales matarán o perturbarán directa e individualmente, sino analizar cómo sus actividades se suman a amenazas ya existentes, como:
- Colisiones con embarcaciones mercantes
- Contaminación acústica crónica
- Cambios climáticos que alteran rutas migratorias de especies
Pese a ello, el informe más reciente olvida evaluar estos impactos integrales. La Marina, en una declaración, respondió que solo ha considerado “los impactos razonablemente previsibles en extensión y tiempo requeridos por la ley”. Una respuesta que para grupos como Earthjustice y Center for Biological Diversity es insuficiente y opaca en su ejecución.
Momentos críticos para especies en peligro
En el entorno marino del Pacífico viven más de 39 especies de mamíferos marinos, según el estudio ambiental, de las cuales al menos ocho están en peligro de extinción, incluyendo:
- La foca monje hawaiana (Neomonachus schauinslandi)
- La ballena azul (Balaenoptera musculus)
- La ballena franca del Pacífico norte (Eubalaena japonica)
Las consecuencias de perturbar sus comportamientos clave —como alimentación, apareamiento, migración y cuidado parental— no se limitan a momentos puntuales, sino que podrían provocar un colapso reproductivo a largo plazo en poblaciones ya vulnerables.
El Instituto de Biología Marina de la Universidad de Hawái ha advertido sobre cambios visibles en la distribución costera de especies por actividades humanas ruidosas. Su director, el Dr. Robert Toonen, afirmó en un simposio reciente:
“La biología acústica de los cetáceos es tan precisa que un solo estallido sónico puede alterar rutas migratorias que han seguido por generaciones.”
¿Es posible entrenar sin destruir?
Aunque la defensa nacional es una prioridad para cualquier país, crece la presión para que se implementen métodos menos invasivos en los entrenamientos militares marítimos. Opciones propuestas incluyen:
- Más simuladores digitales en tierra firme.
- Tecnología de sonar pasivo menos invasiva.
- Protocolos de retroceso inmediato cuando se detectan cetáceos en la zona.
El propio Centro Nacional de Mamíferos Marinos ha desarrollado tecnologías que permiten detectar en tiempo real a las especies marinas, reduciendo drásticamente los riesgos. Sin embargo, su implementación masiva aún no ha sido mandatada por el Departamento de Defensa.
Una oportunidad para liderar con conciencia
Estados Unidos ha sido pionero en legislación ambiental, incluyendo la Marine Mammal Protection Act de 1972, una de las primeras leyes del mundo en ofrecer protección específica a los mamíferos marinos. Pero los críticos aseguran que los principios de esta ley están siendo violados institucionalmente cada vez que se aprueba un permiso a la Marina sin considerar el impacto ecológico real a largo plazo.
El reclamo colectivo de biólogos marinos, conservacionistas y ciudadanía es claro: la seguridad nacional y la protección del medio ambiente no deben ser mutuamente excluyentes.
“Hay maneras de minimizar el daño y conservar nuestro patrimonio natural sin comprometer la misión militar”, asegura Maxx Phillips, Director del Centro para la Diversidad Biológica en Hawái e Islas del Pacífico.
En un contexto de aumento global de extinciones masivas y pérdida acelerada de biodiversidad, proteger las especies icónicas de los océanos del Pacífico no es cuestión de sentimentalismo ecológico, sino de responsabilidad y justicia intergeneracional.
