El precio del hierro y el polvo: lo que está dejando la operación ‘Muro de Hierro’ en Cisjordania

Una mirada crítica a los desalojos, demoliciones y desplazamientos masivos en los campamentos de refugiados palestinos bajo dominio israelí

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Un año de ocupación: la feroz incursión en el norte de Cisjordania

Desde comienzos de 2025, Israel ha lanzado una operación militar denominada “Muro de Hierro” en la región norte de Cisjordania, una zona dominada por campamentos de refugiados palestinos como Nur Shams, Tulkarem y Yenín. Lo que inicialmente fue señalado como un esfuerzo por “eliminar infraestructura de militantes”, hoy representa uno de los episodios más devastadores de desplazamiento interno en Palestina desde 1967.

De acuerdo con un análisis de imágenes satelitales realizado por Human Rights Watch, al menos 850 estructuras han sido destruidas o gravemente dañadas en estos campamentos en los primeros once meses de la operación. Lo que comenzó como una intervención militar se ha convertido en una estrategia prolongada de ocupación y demolición.

Sólo se oyen bulldozers: el eco del desarraigo

Motaz Mohor, un residente de Nur Shams, observaba impotente cómo las topadoras derrumbaban su casa. “Nuestro hogar es querido para nosotros: los recuerdos, la familia, los vecinos, todo es valioso”, dijo. Sus abuelos se establecieron en Nur Shams luego de ser expulsados de Jaffa y Haifa en 1948 durante la Nakba —evento que representó la expulsión de más de 700,000 palestinos con la creación del Estado de Israel.

Hoy Mohor y 25 familiares comparten un apartamento de apenas 100 metros cuadrados, uno de los tantos improvisados refugios tras el desplazamiento forzoso del campamento.

Israel: seguridad primero

Las autoridades israelíes han reiterado que la operación tiene como fin principal desmantelar infraestructuras utilizadas por grupos armados palestinos. Según el ejército israelí, sólo se han demolido estructuras donde existía una “clara y necesaria necesidad operativa” y luego de explorar “opciones alternativas”. Además, las tropas afirman haber encontrado explosivos en el campamento durante el último mes.

Israel también ha indicado que sus tropas se quedarán en ciertos campamentos por un año, aunque no hay garantía ni claridad sobre si los desplazados podrán regresar alguna vez.

Una tragedia repetida

Ahmed al Sayyes, de 60 años, fue sorprendido al ver las máquinas comenzar a trabajar sobre su casa. “Muy difícil y doloroso”, expresó. Ahora vive en una vivienda que está en venta y que pronto también deberá abandonar. “Es una tragedia tras otra. Muy difícil. Solo Dios sabe dónde terminaremos”.

La mayor ola de desplazamiento desde 1967

Uno de los aspectos más alarmantes de la operación ‘Muro de Hierro’ es que ha provocado el mayor desplazamiento forzoso en Cisjordania en casi seis décadas. Las Naciones Unidas han reportado que decenas de miles de personas hoy se encuentran sin hogar, viviendo en condiciones precarias con parientes, en edificios públicos o en viviendas alquiladas a precios cada vez más altos, lo que dificulta aún más su estabilidad económica.

Las consecuencias no solo afectan a quienes han perdido sus casas, sino que desencadenan una crisis humanitaria de amplio espectro, donde la educación infantil, la atención médica y el trabajo diario se ven truncados por el desplazamiento.

¿Militancia o castigo colectivo?

Organizaciones de derechos humanos han levantado la voz ante lo que marcan como posibles violaciones del derecho internacional humanitario. Estas organizaciones sostienen que destruir sistemáticamente hogares en zonas densamente pobladas incurre en castigo colectivo, lo cual está prohibido por la Cuarta Convención de Ginebra.

“No se trata sólo de militantes”, advirtió Omar Shakir, director de HRW para Israel y Palestina. “Estamos viendo un patrón claro de desplazamiento intencional de civiles, con evidencia insuficiente de que cada demolición haya tenido un objetivo legítimo militar”.

Un ciclo sin fin: de la Nakba a hoy

La historia parece repetirse una y otra vez para el pueblo palestino. Tras el despojo masivo en 1948, décadas de ocupación, conflictos armados, y movimientos de asentamientos han llevado a que más del 70% de la población palestina en los territorios ocupados dependa de la ayuda humanitaria, según datos de la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos.

Hoy, el término Nakba (catástrofe) se resignifica no solo como un recuerdo histórico sino como una realidad cíclica que se renueva con cada operación militar.

La comunidad internacional: espectadora pasiva

Hasta ahora la respuesta de la comunidad internacional ha sido tibia. A pesar de la visibilidad de la violencia, y del desgarrador testimonio de los desplazados, los pronunciamientos de países como Estados Unidos y potencias europeas han ido desde el silencio absoluto hasta declaraciones que repiten el mantra del “derecho a la seguridad de Israel”.

Mientras tanto, organismos como la ONU no logran imponer presión efectiva por falta de consenso en el Consejo de Seguridad, bloqueado usualmente por el veto estadounidense a resoluciones críticas hacia Israel.

¿Y el futuro?

Con una ocupación cada vez más prolongada, menos opciones para el regreso y asistencia humanitaria ausente o limitada, el panorama para los desplazados de Cisjordania es desolador. No se trata de una guerra convencional, sino de una ocupación sistemática con consecuencias humanitarias a largo plazo.

Y ahí subyace la tragedia más profunda: la pérdida no solo de hogares, sino de futuro, de pertenencia y de identidad para una generación entera.

Como dijo Motaz Mohor frente a la ruina de lo que era su casa: “Nuestros recuerdos están aquí. No hay paredes ahora, pero el alma se queda”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press