Japón abandona su pacifismo: ¿una nueva era de militarismo al mando de Takaichi?
Del artículo 9 a misiles de largo alcance: el giro histórico de Tokio y su creciente tensión con China
Por décadas, Japón fue símbolo del pacifismo moderno. Desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial, y bajo una constitución que renunció explícitamente a la guerra como método para resolver disputas internacionales, el país se presentó al mundo como una nación dedicada al desarrollo económico, la diplomacia y la cooperación. Sin embargo, esto está cambiando radicalmente.
La llegada al poder de Sanae Takaichi, una férrea conservadora y nacionalista, ha impulsado la transformación más ambiciosa del aparato de defensa japonés desde 1945. Tokio avanza con paso firme hacia una nueva doctrina militar, doblando su presupuesto, adquiriendo misiles de largo alcance y cambiando su rol geopolítico, mientras aumenta claramente las fricciones con China y pone en jaque los principios fundacionales de su constitución pacifista.
Artículo 9: El alma pacifista de Japón
Tras la devastación del conflicto bélico, Japón adoptó en 1947 una carta magna redactada bajo la supervisión de la ocupación estadounidense. Su Artículo 9 fue directo y contundente:
“El pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o el uso de la fuerza como medio para resolver disputas internacionales”.
También estableció la prohibición de mantener fuerzas terrestres, navales o aéreas con potencial bélico. No obstante, la Guerra de Corea (1950-1953) cambió la perspectiva de Estados Unidos, que comenzó a ver a Japón más como aliado estratégico que como amenaza. Así nació en 1954 la Fuerza de Autodefensa de Japón (JSDF), marcando el inicio de una larga serie de reinterpretaciones legales para expandir su capacidad militar sin modificar formalmente su constitución.
De la defensa pasiva a la ofensiva estratégica
La inflexión reciente más importante ocurrió en 2014, bajo el entonces primer ministro Shinzo Abe, uno de los arquitectos del “renacimiento” militar japonés. Abe reinterpretó constitucionalmente el Artículo 9 para permitir la defensa colectiva. Es decir, Japón podría emplear la fuerza si un aliado —como Estados Unidos— era atacado, incluso si Japón mismo no sufría una agresión directa.
Pero no ha sido hasta la era de Takaichi cuando esta tendencia ha echado raíces profundas. Bajo su mandato, Japón aprobó un récord de 9 billones de yenes (58 mil millones USD) para el presupuesto de defensa anual, con planes claros para alcanzar el 2% del PIB en ese gasto —una meta que se preveía para 2027, pero que se logrará en 2025. El dato contrasta con décadas anteriores, cuando se mantenía el gasto militar por debajo del 1% del PIB.
Objetivos de rearme bajo Takaichi
- Fortalecer la capacidad de contraataque con misiles de alcance medio y largo.
- Desarrollar tecnologías de armamento no tripulado, incluyendo drones y barcos autónomos.
- Exportar equipamiento militar a países aliados, eliminando prohibiciones de posguerra.
- Construcción de una industria de defensa robusta más independiente del apoyo logístico estadounidense.
Ejemplo de esto es el proyecto de desarrollo conjunto de un caza de sexta generación con Reino Unido e Italia, y la inminente venta de fragatas a Australia. Incluso se discute la posibilidad —altamente polémica— de que Tokio construya un submarino nuclear, lo que claramente cruzaría líneas históricas autoimpuestas desde Hiroshima y Nagasaki.
Resistencia interna: ¿se violan los principios pacifistas?
Muchos japoneses, incluidas las víctimas sobrevivientes de los bombardeos atómicos, sienten que estas reformas traicionan el espíritu de la posguerra.
“Es la muerte del Artículo 9”, afirma Masahiro Sakata, exjefe de la Oficina Legislativa del Gabinete. “El aparato constitucional ya no limita la acción ofensiva de Japón como solía hacerlo”.
Pese a esto, el gobierno insiste en mantener las llamadas Tres Principios No Nucleares: no poseer, no producir, ni permitir la presencia de armas nucleares en el territorio nacional, aunque varios políticos cercanos a Takaichi parecen abiertos a “reevaluar” dicho compromiso.
China, el gran elefante en el salón
El argumento central de esta reestructuración defensiva es la amenaza que representa China. Tokio considera que Pekín ha incrementado de forma alarmante su proyección bélica a lo largo del mar de China Oriental e islas en disputa como las Senkaku (Diaoyu para Pekín).
Uno de los episodios más tensos ocurrió en diciembre de 2025, cuando aviones chinos activaron sus radares de bloqueo —una acción previa habitual al disparo de misiles— contra cazas japoneses en ejercicios cerca del archipiélago suroeste. También se detectaron dos portaviones chinos operando en cercanías de Iwo Jima, algo sin precedentes y altamente simbólico.
En respuesta, Japón elevó su retórica, remarcando que una ofensiva china sobre Taiwán podría considerarse motivo suficiente para actuar militarmente, una declaración formalmente emitida por Takaichi apenas días después de asumir el cargo.
¿Una nueva potencia militar en Asia?
Tanto países vecinos como analistas internacionales observan este rumbo con recelo. China ha acusado abiertamente a Japón de volver al militarismo, al afirmar que “está desviándose del camino del desarrollo pacífico que supuestamente mantenía desde la posguerra”, según el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Lin Jian.
También incomodan los lazos de Takaichi con el Santuario Yasukuni, espacio conmemorativo que honra a los muertos de guerra japoneses, incluyendo a criminales de guerra convictos. Aunque en 2025 no lo visitó, envió una ofrenda religiosa, desatando críticas en Corea del Sur y China, países que aún reclaman gestos de arrepentimiento genuinos por parte de Japón.
El papel de Estados Unidos y el nuevo equilibrio
Este rearme no se da en un vacío. Washington ha presionado constantemente para que sus aliados asiáticos asuman más responsabilidad en la contención de China, especialmente tras el fortalecimiento militar de Pekín y su retórica agresiva hacia Taiwán. Como resultado, el Pentágono respalda las reformas japonesas.
Cabe recordar que en suelo japonés se encuentran estacionados cerca de 50.000 militares estadounidenses, considerados clave en la estrategia del Indo-Pacífico pro-estadounidense.
Asimismo, las recientes medidas adoptadas por la OTAN para elevar su gasto defensivo —a un 5% del PIB en algunos casos— también han dado cobertura intelectual y diplomática a los planes japoneses.
¿Qué viene ahora?
Con un presupuesto reforzado, alianzas tecnológicas en expansión y un liderazgo decidido a romper viejos moldes, Japón está redefiniendo su lugar en el mundo.
La gran incógnita no es solo si este cinturón reforzado logrará disuadir a Pekín o entorpecer su proyección de poder en Asia, sino si los ciudadanos japoneses, profundamente conscientes de las heridas de guerra de su pasado, aceptarán este viraje hacia un nuevo militarismo moderno. Y si el resto del mundo verá esta evolución como una amenaza, un reequilibrio necesario o una peligrosa repetición de los errores del siglo XX.
