La heroína enmascarada: cómo Zhang Wanting revive la Ópera de Pekín en la era digital

Una mirada íntima al arte, disciplina y pasión detrás de una de las tradiciones culturales más antiguas de China

Un arte milenario en medio de pantallas

En un mundo dominado por el entretenimiento digital y la inmediatez, hay quienes aún apuestan por la belleza de las tradiciones milenarias. La Ópera de Pekín, ese arte escénico profundamente enraizado en la historia cultural china, lucha por mantenerse relevante en tiempos modernos. Entre sus nuevas voces destaca la actriz Zhang Wanting, una joven que ha dedicado su vida a revivir y perfeccionar las técnicas que definen este complejo arte.

Una pasión que comenzó en la infancia

Zhang Wanting nació y creció en la provincia de Hebei, al norte de China. Su fascinación por la Ópera de Pekín se encendió cuando tenía siete años, al ver a jóvenes practicando en un centro cultural. Pronto se unió a ellos, iniciando un camino lleno de esfuerzo, lágrimas y pasión.

Después de terminar la educación primaria, ingresó a una escuela de teatro en la provincia de Jiangsu, donde el entrenamiento comenzaba todos los días a las 5 de la mañana. “Después de cada sesión, me tiraba al suelo y lloraba”, recuerda Zhang.

Un riguroso entrenamiento físico y mental

La destreza requerida para interpretar un papel en la Ópera de Pekín es casi sobrehumana. Uno de los ejemplos más notables es el truco de tanhai —literalmente, “mirando sobre el mar”— que Zhang ejecuta magistralmente: una pose que requiere mantener el equilibrio con una pierna sobre el estrecho mango de una silla mientras se arquea el cuerpo hacia atrás en una actitud serena pero poderosa.

No cualquiera puede sostener esta técnica. Zhang pasó un semestre entero solo para dominar el equilibrio y perder el miedo de estar parada sobre un mango de apenas 8.5 cm de ancho y a más de 70 cm del suelo. “Llevaba la silla conmigo a todas partes para practicar. Tenía que saltar 50 veces por día a través del respaldo de la silla. Mis músculos temblaban al final de cada jornada, y mis muslos estaban llenos de moretones”, comenta.

Legado e innovación: la Escuela Song

En la universidad, Zhang tuvo su primer contacto más profundo con la Escuela Song, una rama de la Ópera de Pekín fundada a principios del siglo XX. Bajo la mentoría de Song Danju, hija del fundador de esta escuela, Zhang aprendió una serie de acrobacias marciales y movimientos coreografiados innovadores que devolvieron el protagonismo a la mujer guerrera sobre el escenario.

Entre ellos se encuentra la especialidad de la familia Song: el “truco de la silla”. Este incluye una secuencia acrobática que va desde atravesar el respaldo de una silla de un solo salto hasta girar la silla con la palma de la mano, o caminar con ella enganchada al pie. Una mezcla fascinante entre kung fu y danzas tradicionales.

Zhang Wanting en ‘La heroína enmascarada’

En septiembre, Zhang se presentó en Beijing con el papel principal de Wan Xiangyou en La heroína enmascarada, uno de los dramas clave de la Escuela Song. La obra narra la historia de una justiciera que abandona a su familia para liderar una milicia y luchar por los oprimidos en la antigua China.

Durante una escena crítica, Zhang ejecuta el truco de tanhai mientras interroga a un personaje masculino, uniendo la poesía del movimiento con la intensidad dramática de la escena. “Tenemos un dicho clásico: ‘Una obra sin técnica no impresiona; una obra sin emoción no conmueve’. Esta obra tiene ambas”, explica.

Una carrera dedicada al perfeccionamiento

Hoy, Zhang es una artista destacada en la Compañía de Teatro Jingju de Beijing, una de las principales del país, donde ha ofrecido más de 150 representaciones en nueve años. Cada montaje exige nuevas acrobacias o el perfeccionamiento de gestos ya dominados.

“Mi objetivo es seguir mejorando paso a paso y dar lo mejor en cada actuación”, dice con humildad. “El momento más gratificante es cuando cae el telón y el público aplaude”.

¿Un arte en riesgo de desaparecer?

La Ópera de Pekín enfrentó décadas de gloria en el siglo XIX y principios del XX, llegando a ser el entretenimiento más popular en las ciudades chinas y hasta del agrado de los emperadores en la Ciudad Prohibida. Pero hoy, tiene que competir con el cine, los videojuegos y las redes sociales, lo que pone en duda su supervivencia.

A pesar de esta amenaza, algunas señales son alentadoras. Cada vez más jóvenes como Zhang están retomando la tradición con enfoques modernos y pasión renovada. Academias de teatro en ciudades como Beijing, Hangzhou y Nanjing han incrementado su matrícula de estudiantes dedicados a la Ópera de Pekín.

Impacto en los espectadores

Según Yang Hecheng, profesor de la Academia de Cine de Beijing, que asistió a una de las funciones de Zhang, el resultado es impactante: “Es mi primera vez viendo la producción completa y la secuencia de la silla. Lo que más me atrae es la belleza y el espíritu que se reflejan en cada técnica'."

La reacción del público, incluso en generaciones jóvenes acostumbradas al ritmo vertiginoso de TikTok y videojuegos, ha sido positiva en los espectáculos de Zhang. Esto demuestra que la combinación de técnica refinada, pasión escénica y narrativas originales puede reconectar a las audiencias con su herencia cultural.

Mirando hacia el futuro

Zhang representa una generación de artistas comprometidos no solo con mantener viva la Ópera de Pekín, sino con llevarla a nuevas alturas. Tal vez no veremos jamás un musical de Broadway con el truco de la silla, pero el romanticismo, la disciplina y el heroísmo detrás de una artista como Zhang Wanting jamás deberían desaparecer. Y mientras los aplausos sigan resonando en los teatros de China, hay esperanza para este arte ancestral.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press