El fracaso del Congreso pone en jaque la salud de millones de estadounidenses

El fin de los subsidios del Obamacare en 2026 causa aumentos estratosféricos en las primas: ¿Qué está en juego y por qué nadie en Washington logra encontrar una solución?

Una crisis anunciada: adiós a los subsidios del Obamacare

Desde su aprobación en 2010, la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (Affordable Care Act, también conocida como Obamacare) ha enfrentado múltiples ataques políticos, debates intensos y reformas parciales. Sin embargo, el 1 de enero de 2026 marcó un giro particularmente sombrío para millones de estadounidenses: expiraron los subsidios fiscales que ayudaron a mitigar los costos del seguro médico durante los últimos cinco años.

Estos subsidios, reforzados por los demócratas en el contexto de la pandemia de COVID-19, permitieron que individuos de bajos recursos e incluso familias de clase media accedieran a seguros médicos con primas manejables. Su desaparición está provocando un efecto dominó que pone en riesgo el acceso a servicios de salud de al menos 24 millones de personas.

¿Cómo funcionaban los subsidios?

Establecidos en 2021, los subsidios ampliaron la elegibilidad para ayuda financiera, permitiendo que personas que previamente no calificaban, accedieran a planes subsidiados. Muchos pagaban menos del 8.5% de sus ingresos en seguros, y una porción significativa accedía incluso a planes sin primas mensuales.

Con la expiración de estas ayudas, una familia promedio enfrenta incrementos superiores al 100% en sus primas. El Kaiser Family Foundation (KFF) estimó que las primas podrían aumentar en promedio 114% en 2026, lo cual representa un duro golpe especialmente para trabajadores independientes, pequeños empresarios y madres solteras.

Historias reales del impacto: De $85 a $750 en menos de un mes

Katelin Provost, trabajadora social y madre soltera de 37 años, ilustra el drama de miles. “Me molesta mucho que la clase media haya pasado de estar exprimida a totalmente asfixiada, y nos dejen solos cargando con esto”, comenta. En 2025, pagaba $85 al mes por su seguro. Este año, la cifra roza los $750. ¿El resultado? Está considerando abandonar su cobertura de salud y solo mantener la de su hija.

Otro caso es el de Stan Clawson, cineasta independiente de 49 años en Salt Lake City. Padece una parálisis por lesión medular y ha pasado de pagar $350 a casi $500 mensuales. Aunque es un gasto duro de asumir, él no puede prescindir del seguro: “Necesito tenerlo, no es una opción”.

El costo político del estancamiento

¿Cómo llegamos a este punto? En parte, por el bloqueo legislativo de ambos partidos. Mientras algunos republicanos moderados advirtieron que los aumentos en la salud podrían afectar sus posibilidades electorales en las elecciones de medio término de 2026, otros sectores conservadores se opusieron firmemente a extender los subsidios por considerar que distorsionan el mercado. El presidente Donald Trump llegó a esbozar una solución, pero se retractó ante la presión de su base más radical.

Los demócratas, por su parte, intentaron extender los subsidios con proyectos de ley que fueron rechazados en el Senado. En la Cámara de Representantes, cuatro republicanos centristas se aliaron con los demócratas para forzar una votación que podría ocurrir en enero, aunque su aprobación final sigue siendo muy incierta.

La asfixia del sistema: amenazas para el futuro de Obamacare

La desaparición de los subsidios tiene un peligro adicional: el efecto sobre la composición del grupo asegurado. Si los jóvenes y sanos abandonan sus pólizas por el costo, el mercado queda con una mayoría de personas mayores o enfermas, lo que aumentará aún más los precios y podría hacer insostenible el sistema

Un análisis del Urban Institute estima que unos 4.8 millones de estadounidenses abandonarán su plan médico en 2026 solo por los aumentos. Se teme que este “éxodo silencioso” empeore progresivamente si no se restablecen medidas de alivio.

No solo primas: la otra cara de la crisis de salud

Además del encarecimiento directo de los seguros, Estados Unidos sigue enfrentando los costos sanitarios generales más altos del mundo. En 2024, el gasto per cápita en salud fue de alrededor de $12,500, más del doble que el promedio de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).

Las primas no son el único gasto: se suman deducibles altos, copagos crecientes y limitaciones de cobertura. Muchos seguranças están considerando planes catastróficos o directamente quedarse sin seguro, arriesgando su salud y estabilidad financiera.

El ciclo interminable de promesas y postergaciones

“Llevan años diciéndonos que lo van a arreglar. ¡Entonces háganlo!”, reclama Chad Bruns, de 58 años, residente en Wisconsin y usuario del Obamacare. Su frustración refleja un sentimiento extendido en el electorado medio americano: tanto demócratas como republicanos prometen corregir las deficiencias del sistema, pero rara vez alcanzan acuerdos que se materialicen en soluciones sostenibles.

Durante 2025, los recortes impulsados por los republicanos en programas sociales y de salud superaron el billón de dólares. Este ajuste, junto con las trabas en la extensión de subsidios, ha creado un clima de ansiedad donde familias enteras ven tambalear algo tan básico como su derecho a estar cuidados.

¿Qué puede pasar ahora?

  • Una votación en la Cámara podría extender los subsidios tres años más, aunque aún debería pasar por el Senado.
  • En muchos estados, la inscripción a nuevos seguros sigue abierta hasta el 15 de enero, por lo cual aún no se sabe el impacto total sobre las cifras de inscritos.
  • Una ola de abandonos en masa de seguros puede obligar al Congreso a actuar por presión social y electoral antes de noviembre de 2026.

Mientras tanto, millones enfrentan una elección trágica: priorizar la salud de sus hijos y renunciar a su propia cobertura médica. Y el país más rico del mundo confirma, una vez más, que su sistema de salud sigue sin estar al alcance de todos.

Una solución sistémica ausente

Los subsidios fiscales eran solo una medida paliativa. La verdadera discusión pendiente es sobre la raíz del problema: un sistema de salud anclado a intereses privados, farmacéuticas, aseguradoras y proveedores de atención médica que operan bajo lógica de lucro.

Quizás sea hora de que EE.UU. retome el debate sobre un sistema de salud universal, como lo han planteado repetidamente figuras progresistas. Pero en un Congreso dividido y una clase política marcada por el cortoplacismo electoral, las grandes transformaciones parecen tan lejanas como necesarias.

Mientras tanto, ciudadanos como Katelin Provost y Stan Clawson deben enfrentar, solos, la realidad de pagar cientos de dólares más por el simple hecho de querer estar sanos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press