¿Democracia a puerta cerrada? La preocupante falta de voz ciudadana en la legislatura de Mississippi

Mientras otros estados abren espacios de participación, Mississippi mantiene a su ciudadanía fuera de las decisiones legislativas clave

En un momento en el que la transparencia y la participación ciudadana son más valoradas que nunca en las democracias modernas, Mississippi parece ir contra esta tendencia. Mientras legislaturas de otros estados como Colorado, Alaska y Arizona han modernizado y abierto sus procesos a la ciudadanía, en el Capitolio de Jackson los ecos de la voz pública rara vez se escuchan.

Un proceso legislativo sin voz ciudadana

Cuando la Legislatura de Mississippi retomó sus sesiones este año, quedó clara una dolorosa verdad: para los ciudadanos comunes es extremadamente difícil —casi imposible— participar en las decisiones que afectan sus vidas. A diferencia de otros congresos estatales en EE.UU., la legislatura de Mississippi no ofrece mecanismos formales para recibir comentarios públicos, ya sea de manera remota o presencial.

Sarah Moreland-Russell, profesora asociada en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Washington en St. Louis, expresó su sorpresa ante esta realidad: “Lo más importante al crear políticas eficaces es escuchar a quienes serán afectados por ellas. No hacerlo es legislar a ciegas”.

Contrastes con otros estados

La brecha entre Mississippi y otros estados es notable. En Colorado, cada proyecto de ley recibe una audiencia con comentarios públicos garantizados. En Alaska, 22 oficinas ofrecen acceso remoto a las sesiones y permiten enviar comentarios escritos. En Arizona, existe incluso un sistema en línea que permite a los ciudadanos opinar y solicitar hablar desde sus hogares.

Louisiana también tiene reglas estrictas que garantizan a los opositores y defensores de un proyecto de ley la posibilidad de ser escuchados. Todo esto hace que Mississippi destaque, pero por las razones equivocadas.

Impacto de la falta de participación

La investigación de Moreland-Russell reveló que la testificación ciudadana tiene efectos reales sobre los legisladores: crea conciencia sobre temas desconocidos, motiva a indagar más a fondo e incluso ocasiona cambios de voto. Sin embargo, en Mississippi, muchas leyes se aprueban con escasa o nula discusión y sin escuchar a los ciudadanos o expertos en los temas.

El caso más reciente de esto fue el proyecto de ley del Senado para eliminar progresivamente el impuesto sobre la renta estatal —una medida que se aprobó rápidamente con errores tipográficos incluidos y sin discusión pública profunda.

¿Qué tan permisiva es la Legislatura de Mississippi?

El panorama es preocupante: la Cámara de Representantes no transmite en vivo sus reuniones de comité ni las graba, lo que significa que muchas decisiones ocurrieron literalmente a puerta cerrada. Por su parte, el Senado sí muestra la mayoría de sus reuniones de comité y todas sus deliberaciones plenarias, lo que representa un leve compromiso con la transparencia, según la portavoz del vicegobernador Delbert Hosemann.

Jason White, presidente de la Cámara de Representantes, dijo no oponerse a la transmisión de los comités, pero hasta el momento no se ha implementado ningún cambio al respecto.

Una opacidad deliberada

Safia Malin, directora de política de One Voice, una organización de participación ciudadana con sede en Jackson, remarca que incluso cambios mínimos harían una gran diferencia: “Publicar agendas y avisos con 24 horas de antelación permitiría una mayor planificación y seguimiento por parte de la ciudadanía”.

El Senado tiene una página donde publica algunas agendas, pero no siempre lo hace. La Cámara ni siquiera cuenta con ese sistema. Las reuniones de comité pueden programarse a última hora, lo que impide cualquier forma de participación organizada.

El representante Jeramey Anderson ha propuesto durante siete años consecutivos una regla para que los comités publiquen sus agendas con al menos 24 horas de antelación. Ninguna de esas propuestas avanzó. “La negativa a proporcionar un aviso básico no es accidental”, dijo Anderson. “Es una elección deliberada para impedir la participación pública y evitar la rendición de cuentas”.

Una cultura legislativa cerrada

Un problema estructural en Mississippi es que su legislatura puede reunirse legalmente a puertas cerradas. La Comisión de Ética del estado ha reafirmado que esta no está sujeta a la ley de reuniones abiertas. En febrero pasado, el juez Dewayne Thomas confirmó esa interpretación.

Además, la mayoría republicana de la Cámara de Representantes se reúne de forma privada antes de los comités, lo que significa que muchas decisiones importantes ya fueron consensuadas sin que el público tenga acceso a ese debate.

“No me lo han pedido” — ¿Excusa o justificación?

Fred Shanks, presidente de reglas de la Cámara, afirmó en noviembre que ningún ciudadano le ha solicitado intervenir en audiencia pública. Esto, pese a que sus reuniones de comité son breves y no tienen canales abiertos al público. “Recibo llamadas, mi número es público”, dijo. “Pero es difícil hacer comentarios públicos cuando las reuniones son rápidas o se convocan tras las sesiones principales”.

Este argumento, sin embargo, no resuelve la raíz del problema: no puede haber demandas de participación si la misma estructura del proceso legislativo impide el acceso y la información.

¿Por qué sí es posible en otros estados?

Los avances tecnológicos han facilitado como nunca antes la participación ciudadana remota. Durante la pandemia, muchos órganos legislativos implementaron Zoom hearings, foros digitales y plataformas de comentarios.

Según una investigación de National Conference of State Legislatures, más de la mitad de los congresos estatales modernizaron sus plataformas de participación pública entre 2020 y 2023. Mississippi, en cambio, se ha quedado en el pasado.

Lo que está en juego

Cuando los ciudadanos no tienen acceso al proceso legislativo, las leyes reflejan las prioridades e intereses de unos pocos. Los errores, como los encontrados en el texto del proyecto de ley sobre el impuesto a la renta, son más probables en ausencia de revisión pública. Más aún, la legitimidad de la legislación se ve socavada si quienes serán regulados no pueden expresar su posición.

“Los relatos personales tienen el poder de cambiar votos”, insiste Moreland-Russell. “Cuando se combinan con datos y análisis, impactan más que cualquier otra herramienta que tengan los ciudadanos”.

Un llamado urgente a democratizar la democracia

El caso de Mississippi es un ejemplo claro de cómo se puede blindar el poder ante el escrutinio público mediante procedimientos antiguos, falta de voluntad política y resistencia al cambio.

La democracia no es solo ir a votar cada cuatro años. También es tener derecho a ser escuchado, a participar, a vigilar y corregir a quienes legislan. Negar esa participación es colocar un cerrojo a la puerta de la plaza pública.

Mississippi aún tiene tiempo para cambiar de rumbo, pero cada sesión legislativa en silencio es una oportunidad perdida para construir una democracia más fuerte y justa.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press