Irán, Trump y el fuego cruzado: ¿una nueva era de tensiones en Medio Oriente?
Entre protestas económicas, amenazas militares y acusaciones cruzadas, el conflicto entre Irán y Estados Unidos revive viejas tensiones y despierta nuevas preocupaciones globales
Una nueva chispa en el polvorín: Protestas y amenazas
Las tensiones entre Estados Unidos e Irán vuelven a escalar, esta vez en un contexto especialmente volátil marcado por protestas masivas en varias ciudades iraníes. Las primeras manifestaciones comenzaron como expresión del descontento por la crisis económica y la brutal devaluación del rial iraní, que llegó a cotizarse esta semana a 1.4 millones por dólar estadounidense. El colapso de la moneda ha afectado gravemente la vida cotidiana de millones de iraníes, desatando protestas que ya dejan al menos siete muertos.
En medio de esta atmósfera de agitación social, el expresidente estadounidense Donald Trump escribió en su red Truth Social: “Estamos cargados y listos para actuar”, advirtiendo que si el régimen iraní respondía con violencia contra los manifestantes, Estados Unidos intervendría. Esta declaración tensó aún más una situación ya de por sí compleja.
El cruce de acusaciones: intervención extranjera y conspiraciones
Desde Teherán, la respuesta no tardó. Ali Larijani, actual secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y ex presidente del Parlamento, acusó en la red social X a Estados Unidos e Israel de incitar las manifestaciones, una afirmación carente de pruebas tangibles, pero recurrente dentro de la narrativa oficial iraní. Larijani advirtió que cualquier “intervención extranjera” “corresponde al caos regional” y la “destrucción de los intereses estadounidenses”.
Por su parte, Ali Shamkhani, también asesor del Líder Supremo Ayatollah Ali Jamenei, lanzó una ominosa amenaza: “Cualquier mano intervencionista que se acerque demasiado a la seguridad de Irán será cortada”. Sus palabras hacen eco de una política de defensa nacional agresiva que Irán ha defendido durante décadas.
El recuerdo de Mahsa Amini y un régimen en jaque
Es imposible no vincular estas protestas actuales con las que sacudieron Irán en 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años detenida por la policía de la moral por no llevar correctamente el hiyab. Aquel movimiento logró movilizar amplios sectores de la sociedad iraní y se convirtió en símbolo de la lucha por los derechos civiles en el país.
Hoy la situación difiere en forma, pero no totalmente en fondo. La indignación popular apunta tanto al deterioro económico como al sistema teocrático imperante. Aunque el nuevo presidente de línea reformista, Masoud Pezeshkian, ha expresado su voluntad de dialogar con los manifestantes, ha reconocido su escasa capacidad para implementar cambios reales sin el respaldo del sector clerical que domina las estructuras de poder.
Intervención estadounidense: ¿salvadores o villanos?
Históricamente, la intervención de Estados Unidos en la política interna de países de Medio Oriente ha generado más divisiones que consensos. Desde la invasión a Irak en 2003 hasta la retirada catastrófica en 2021 de Afganistán, millones de personas cuestionan seriamente la eficacia de las intervenciones “humanitarias” lideradas por Washington.
El propio Shamkhani lo recordó con sarcasmo: “El pueblo de Irán sabe bien lo que significa ‘ser rescatado’ por los estadounidenses: desde Irak y Afganistán hasta Gaza”. Más allá del cinismo, sus palabras resuenan con quienes consideran que Estados Unidos rara vez actúa sin interés geopolítico propio, y que tales injerencias rara vez promueven una democracia sustentable.
Los nucleares en el centro del tablero
Las tensiones crecieron aún más en junio, cuando Estados Unidos atacó tres instalaciones nucleares iraníes como parte de una ofensiva concertada con Israel durante un conflicto de 12 días. En represalia, Irán atacó la base aérea Al-Udeid en Qatar. La cadena de agresiones fuel pastel preámbulo de la retórica actual.
A pesar de sus amenazas, Teherán ha informado que ya no está enriqueciendo uranio en ninguna de sus instalaciones nucleares, un movimiento que muchos interpretan como un intento de reabrir el diálogo con la comunidad internacional y mitigar las sanciones que sofocan su economía. Sin embargo, ni Estados Unidos ni Israel han mostrado señales claras de estar dispuestos a reanudar las negociaciones.
El precio de la estabilidad en Medio Oriente
Sólo en 2023, Estados Unidos mantuvo cerca de 60,000 soldados desplegados en todo Medio Oriente, incluyendo bases en Kuwait, Catar, Baréin y Arabia Saudita. La presencia militar americana en la región forma parte del paraguas estratégico que busca contener tanto a Irán como a grupos islamistas radicales.
Pero, como lo señala el analista Stephen Walt de Harvard, “la política exterior basada en contención perpetua no permite la paz, sólo pospone la guerra”. La escalada verbal entre Trump y líderes iraníes refleja justamente ese guion ya ensayado durante décadas: hostilidad, tensión, y amenazas de intervención. La diferencia actual radica en los frágiles equilibrios internos de Irán y el impacto global que cualquier golpe regional podría tener en el mercado energético mundial.
Mientras tanto, en Ucrania: el otro frente caliente
En paralelo, los ojos del mundo siguen puestos en Ucrania. La muerte de 27 civiles tras un presunto ataque con dron ucraniano en la aldea ocupada de Khorly ha reavivado la propaganda del Kremlin contra Kyiv. Rusia acusa a Ucrania de «terrorismo», mientras que el ejército ucraniano sostiene que “sólo ataca objetivos militares” y publicó una lista detallada de blancos legítimos en Nochevieja que no incluye dicha localidad.
Ambos países han intercambiado ataques, y Moscú denunció incluso que Kyiv intentó atacar la residencia de Vladimir Putin con un dron de largo alcance. El gobierno ucraniano lo tilda de farsa para sabotear las negociaciones de paz, las cuales, según Zelensky, “están 90% listas”, pero que podrían fracasar si persisten las provocaciones.
¿Estamos ante una era de múltiples guerras frías?
Con amenazas cruzadas entre potencias nucleares, guerras por delegación (proxy wars), sanciones económicas, desinformación cibernética y conflictos internos explotando en cadenas, el escenario geopolítico actual recuerda no a una guerra fría clásica, sino a varias guerras frías superpuestas. Irán y Ucrania, cada uno a su manera, representan eslabones críticos en esa cadena de tensiones globales.
La advertencia de Larijani de que “Trump comenzó el aventurerismo y Estados Unidos debe cuidar de sus soldados” sugiere que Irán no dudará en responder con fuerza militar si percibe que su soberanía está en juego. La efervescencia dentro del país apenas comienza, y el verano de 2026 podría ser testigo de un nuevo punto de inflexión en Medio Oriente.
