Uvalde: El juicio que busca justicia para las víctimas de una tragedia evitable
A dos años del tiroteo en la escuela primaria Robb, un solo oficial enfrenta cargos. ¿Habrá justicia o será otro capítulo de impunidad?
Por primera vez desde la trágica masacre en la escuela primaria Robb de Uvalde, Texas, un jurado tendrá la oportunidad de juzgar a un oficial de policía por su inacción durante el ataque. La comunidad, marcada por el dolor y la frustración, observa con esperanza y escepticismo un juicio que podría convertirse en un precedente legal en Estados Unidos.
Una herida abierta: lo que ocurrió en Uvalde
El 24 de mayo de 2022, Salvador Ramos, de apenas 18 años, ingresó armado a la escuela primaria Robb y asesinó a 19 niños y 2 maestras. Fue uno de los tiroteos escolares más mortales en la historia de Estados Unidos.
Lo que agravó la tragedia no solo fue el acto en sí, sino la respuesta de las autoridades. Se tardaron 77 minutos desde que llegaron los primeros policías hasta que un equipo táctico ingresó al aula y abatió al tirador.
Durante ese tiempo, decenas de oficiales de agencias locales, estatales y federales permanecieron en el lugar sin actuar. Algunos padres clamaban, otros escuchaban los disparos mientras las llamadas de los niños al 911 suplicando ayuda eran ignoradas.
El juicio a Adrian Gonzales: ¿chivo expiatorio o responsable directo?
Adrian Gonzales, exoficial de la policía escolar de Uvalde, fue uno de los primeros en acudir a la escena. Ahora enfrenta múltiples cargos por abandono y puesta en peligro de menores. Según la acusación, Gonzales no avanzó hacia la zona de disparos, a pesar de que escuchó los balazos y sabía dónde estaba el atacante.
Gonzales, según su defensa, se centró en ayudar a evacuar a los niños de otras aulas. Su abogado, Nico LaHood —exfiscal del distrito de San Antonio— afirma que Gonzales actuó con el corazón y que su objetivo principal fue salvar vidas.
El juicio fue trasladado a Corpus Christi, a más de 300 km de Uvalde, bajo el argumento de garantizar un jurado imparcial en una ciudad dividida por el dolor.
¿Por qué solo Gonzales y Arredondo?
De los 376 oficiales presentes durante el tiroteo, solo dos han sido acusados penalmente: Gonzales y Pete Arredondo, exjefe de policía del distrito escolar, cuyo juicio aún no tiene fecha.
Para familias como la de Irma García, una de las maestras asesinadas, la frustración es evidente. “¿Y los otros 374?”, pregunta entre lágrimas su hermana, Velma Lisa Duran. “Todos esperaron y permitieron que murieran niños y maestros”.
El dolor se intensifica al saber que las acusaciones no contemplan la muerte de las dos docentes. “¿Dónde está la justicia? ¿Acaso mi hermana no existió?”, cuestiona Duran con indignación.
Precedentes en el sistema judicial: el caso de Parkland
La posibilidad de una condena no es segura. En 2023, un jurado absolvió a Scot Peterson, un oficial escolar acusado de no intervenir en el tiroteo de Parkland, Florida, en 2018, donde murieron 17 personas.
Estas decisiones reflejan una tendencia preocupante: es muy difícil condenar a un agente policial por inacción. El mito del “héroe con placa” sigue pesando más que la evidencia, incluso cuando hay vidas de niños de por medio.
Los 77 minutos decisivos
En los reportes posteriores al tiroteo, en los que colaboraron tanto agencias estatales como federales, quedó constatado que hubo fallos en la comunicación, liderazgo, tecnología y entrenamiento.
Uno de los datos más devastadores fue que Jackie Cazares, de 9 años, todavía tenía pulso cuando finalmente entraron los rescatistas. “Nos atormenta pensar que quizá, solo quizá, ella pudo haber sobrevivido”, señaló Jesse Rizo, su tío.
Vidas rotas más allá de las víctimas directas
El impacto del tiroteo no terminó con las 21 muertes. Días después del ataque, Joe García, esposo de Irma García, cayó muerto de un ataque al corazón tras ver en las noticias que la policía pudo haber actuado a tiempo.
La hermana de Irma no duda: “El corazón de Joe se rompió por la impotencia. Murió por el dolor”.
Las familias no se rinden: activismo político y demandas
Ante la lentitud del sistema judicial, muchas familias optaron por el activismo político. Javier Cazares, padre de Jackie, se postuló sin éxito para el gobierno del condado. Kimberly Mata-Rubio, madre de Lexi, se lanzó a la alcaldía en 2023. Ninguno ganó.
Otros optaron por demandar. Actualmente, hay múltiples demandas contra fuerzas de seguridad, fabricantes de armas, plataformas como Meta y desarrolladoras de videojuegos.
En mayo de 2024, las familias alcanzaron un acuerdo con la ciudad por 2 millones de dólares y la promesa de mejorar la capacitación policial. Pero para muchos padres, ese monto no representa justicia.
¿Fue suficiente la “Ley Uvalde Strong”?
En respuesta a la tragedia, el Congreso de Texas aprobó este año la Uvalde Strong Act, que obliga a las escuelas y policías a actualizar y practicar planes de respuesta a tiradores activos.
No obstante, los familiares insisten en que se necesita mucho más que simulacros. “No queremos memoriales bonitos ni ceremonias; queremos consecuencias reales para quienes fallaron”, reclamó un padre durante una marcha local.
Una comunidad dividida entre el olvido y la memoria
Uvalde, ciudad de apenas 15,000 habitantes, vive dividida. Murales con los rostros de las víctimas adornan las paredes. El edificio de Robb Elementary sigue en pie, vacío, como un monumento silencioso al dolor.
Para algunos, es tiempo de avanzar. Para otros, eso es inaceptable. “Escucho gente decir ‘hicieron lo mejor que pudieron’. Pero, ¿de verdad? ¿Dejaron morir a nuestros hijos?”, dijo Rizo, ahora miembro del consejo escolar.
Dos de las víctimas provenían de familias policiales. El esposo de la maestra Eva Mireles, también asesinada, fue uno de los primeros oficiales en llegar al lugar. Eso ha hecho que incluso dentro de las familias haya posturas encontradas.
¿Qué representa este juicio?
El juicio contra Gonzales es simbólicamente poderoso, pero insuficiente para aquietar la desesperación de las familias.
“Tal vez lo condenen, pero la justicia real solo va a llegar cuando Dios los juzgue”, dijo Duran.
Lo que está en juego no es solo una condena penal. Es una oportunidad histórica para demostrar que el uniforme no puede ser escudo de impunidad y que la vida de un niño debe valer más que la pasividad uniformada.
