Al volante en Zimbabue: conducir para sobrevivir en las carreteras más letales de África
Con una tasa de siniestralidad alarmante, aprender a manejar en Zimbabue ya no se trata de aprobar un examen, sino de mantenerse con vida
El reto de enseñar a conducir en Zimbabue
Cuando Tafara Muvhevhi comenzó a dar clases de manejo hace 16 años, sus mayores preocupaciones eran explicar el código de tránsito y preparar a sus alumnos para superar el examen de conducir. Hoy, su prioridad ha cambiado de forma dramática: enseñar a sobrevivir en uno de los sistemas viales más caóticos y peligrosos del mundo. En Zimbabue, conducir no es solo una habilidad, es una cuestión de vida o muerte.
Este país del sur de África sufre una de las tasas de mortalidad por accidentes de tránsito más altas del continente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 30 personas mueren cada año por cada 100,000 habitantes en las carreteras zimbabuenses. El Consejo de Seguridad Vial del país va más allá: afirma que cada 15 minutos ocurre un choque vial, con un saldo promedio diario de cinco muertos y 38 heridos.
Una selva de asfalto: los peligros cotidianos
Una mañana cualquiera en Harare, la capital, basta para dejar claro el nivel de anarquía encabezado por minibuses que anuncian “Safety First” mientras zigzaguean en sentido contrario, recolectores de pasaje colgados de las puertas, y automóviles particulares sobrecargados con hasta 12 personas donde solo caben cinco.
Winfrida Chipashu, una universitaria de 19 años que estudia contabilidad, describe aprender a conducir allí como enfrentarse a una “jungla”. “No se puede comparar con la contabilidad. En contabilidad tenemos reglas claras. Pero en la calle, todos hacen lo que quieren”, comenta.
Según el Consejo de Seguridad Vial de Zimbabue, el 94% de los accidentes se deben a errores humanos. El 10% de las muertes son causadas por distracciones con teléfonos móviles. Esta realidad convierte las lecciones de manejo en algo mucho más complejo que una práctica de parqueo en línea o seguimiento de señales de tráfico.
Un problema africano extendido
La crisis vial en Zimbabue no es un caso aislado. Según la Comisión Económica para África de la ONU, el continente africano reporta la mayor tasa de mortalidad vial del planeta, con 26.6 muertes por cada 100,000 personas, frente al promedio mundial de 18. Anualmente, unas 300,000 personas pierden la vida en accidentes de tráfico en África, lo que representa el 25% del total mundial, a pesar de que África solo posee el 3% de los vehículos registrados en el planeta.
Entre 2013 y 2021, las matriculaciones de vehículos casi se triplicaron en África, impulsadas por la importación de autos de segunda mano y el auge de motocicletas y triciclos. Estos últimos, junto con peatones y ciclistas, representan más de la mitad de los fallecidos en las carreteras africanas.
Factores detrás de la tragedia
- Infraestructura deteriorada: La red vial de Zimbabue, alguna vez modelo de orden, colapsó progresivamente desde los años 2000 debido a la crisis económica, falta de mantenimiento y la privatización informal del transporte público.
- Debilidad institucional: La ejecución de las leyes viales es dispersa o inexistente en amplias zonas del país.
- Cultura vial peligrosa: La impaciencia, exceso de velocidad, consumo de alcohol y uso del celular son norma para muchos conductores.
- Entrenamiento deficiente: Muchos aspirantes a conductores aprenden por imitación o de instructores no certificados. Las pruebas prácticas pueden ser fácilmente manipuladas.
Iniciativas para cambiar la situación
En un intento por revertir la tendencia mortal, las autoridades han comenzado a implementar varias medidas, entre ellas:
- Uso de cámaras corporales para oficiales de tránsito que registran interacciones en tiempo real.
- Alcoholímetros en puestos de control obligatorios.
- Revisión del sistema de licencias: Se planea un sistema de “puntos por infracciones” para controlar a los reincidentes.
- Modernización de programas educativos que enfatizan la defensa activa y el comportamiento seguro.
El portavoz de policía Paul Nyathi declara: “Los conductores no son licenciados para ser asesinos. Se les da una licencia para proteger vidas, no para quitarlas.”
Instructores al borde del colapso
Para instructores como Muvhevhi, el desgaste emocional es parte del trabajo. Y también lo es sentirse culpable por enviar estudiantes a las mismas rutas que podrían acabar con sus vidas. “Ahora ya no se trata solamente de conseguir una licencia”, explica. “Se trata de cómo mantenerse vivo ante las malas decisiones de otros.”
Lo que antes era enseñar reglas, ahora es enseñar miedo. El miedo como herramienta para sobrevivir. El miedo como necesidad didáctica.
Comparativa con otros países africanos
Uganda también sufre una plaga de accidentes debido predominantemente al uso irresponsable de motocicletas, que causaron el 44.5% de los accidentes en 2024, según cifras policiales.
En Kenia, las fatalidades también son alarmantes. Allí, una combinación de mala infraestructura vial y malas prácticas de conducción ha generado constantes llamados por parte de la sociedad civil y la OMS para adoptar leyes de seguridad más estrictas y campañas educativas masivas.
¿Hay solución para esta epidemia vial?
Si bien las causas son múltiples —desde fallas estructurales del gobierno hasta cultura ciudadana arraigada—, los expertos coinciden en que revertir las cifras no es imposible. Se necesita voluntad política, inversión sostenida y una transformación cultural profunda.
El Banco Mundial sostiene que cada dólar invertido en medidas de seguridad vial retornaría hasta $8 en productividad, ahorros en salud y prevención de tragedias humanas. Esto incluye semaforización inteligente, pasos peatonales elevados, separación de bicicletas y motos, y campañas educativas focalizadas en zonas críticas.
Por ahora, la carga sigue sobre los hombros de personas como Muvhevhi, que siguen en su empeño diario de formar conductores sobrevivientes. En Zimbabwe, más que nunca, saber manejar significa saber esquivar la muerte.
