De Caracas a Copenhague: la ambición hemisférica de Trump sacude el tablero geopolítico

La captura de Maduro, el ascenso de Delcy Rodríguez y los ojos puestos en Groenlandia: ¿hacia una nueva era de intervencionismo estadounidense?

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Por años, Washington ha proclamado su interés en preservar la estabilidad en el hemisferio occidental. Sin embargo, bajo el liderazgo de Donald Trump, esta intención parece haberse transformado en un guion mucho más audaz, apuntando no solo a gobiernos incómodos en América Latina, sino incluso a territorios aliados como Groenlandia.

Una operación sin precedentes en Caracas

El sorprendente operativo militar estadounidense en Caracas, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, ha marcado un nuevo capítulo en la política hemisférica de EE.UU. El golpe estratégico se ejecutó durante la madrugada y dejó claro que el gobierno de Trump no está dispuesto a jugar con sutilezas. La operación recuerda, inevitablemente, el arresto del panameño Manuel Noriega en 1989, también liderado por fuerzas estadounidenses.

El ascenso de Delcy Rodríguez y su juego de poder

Con Maduro fuera del escenario —al menos temporalmente—, la figura que protagoniza el presente de Venezuela es Delcy Rodríguez. Abogada de formación, ex ministra de Economía, de Relaciones Exteriores y hasta de Petróleo, Delcy ha estado en el corazón del poder chavista por más de una década. Su asunción como presidenta interina vino avalada por el Tribunal Supremo de Justicia, aunque en medio de una incertidumbre legal que levanta sospechas sobre su real intención de convocar elecciones en los próximos 180 días, como dicta la Constitución.

Rodríguez, quien fue sancionada por EE.UU. durante la primera presidencia de Trump, ahora enfrenta un dilema: ¿mantiene la postura de resistencia frente a Washington o abre camino a una negociación que pueda garantizar su permanencia en el poder?

Trump y el renacer de la «Doctrina Don-roe»

Trump no ha escondido su admiración por la Doctrina Monroe, ni su aspiración de restaurar la «preeminencia americana» en el hemisferio occidental, un principio que ha hecho resurgir bajo un nuevo apodo: la Doctrina Don-roe. Este marco ideológico le ha servido como justificación para lo que muchos analistas consideran una política exterior cada vez más agresiva y ambiciosa.

Según la Estrategia de Seguridad Nacional publicada recientemente por su gobierno, la región occidental ya no puede ser refugio para potencias rivales como China y Rusia. De hecho, Trump ha asegurado que Groenlandia —la enorme isla autónoma bajo dominio danés— está “rodeada por barcos chinos y rusos”, apuntando a su valor estratégico en el Ártico ante el recalentamiento de la carrera geopolítica global.

Groenlandia: el próximo objetivo geopolítico

No es la primera vez que Trump menciona su interés por Groenlandia. De hecho, en 2019 propuso abiertamente comprarla, generando risas... y alarmas. Desde entonces, el asunto había perdido protagonismo hasta que, tras la operación en Venezuela, volvió a surgir con fuerza. La designación del gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como supuesto «enviado especial para Groenlandia» reforzó esas intenciones.

La respuesta de Dinamarca no se hizo esperar. Su primera ministra, Mette Frederiksen, declaró que “Groenlandia no está en venta” y advirtió que Estados Unidos ya dispone de acuerdos de defensa suficientes en el Ártico a través de la OTAN. No obstante, la tensión escaló ante comentarios ambiguos de Trump y publicaciones provocadoras de exfuncionarios estadounidenses como Katie Miller, quien compartió en redes una imagen de Groenlandia pintada con la bandera estadounidense y el mensaje: “SOON”.

La otra pieza del rompecabezas: Cuba

Si Venezuela ya era un hervidero geopolítico, la referencia directa de Trump y su secretario de Estado Marco Rubio hacia Cuba como un “estado fallido” reavivó aún más el fuego.

“Era Cuba quien custodiaba a Maduro”, afirmó Rubio en NBC, señalando que los guardaespaldas del exmandatario eran cubanos, al igual que quienes manejaban la inteligencia del régimen. La relación entre La Habana y Caracas no es nueva: después de la Revolución cubana de 1959, ambos gobiernos han compartido lazos ideológicos, económicos y de defensa que se han mantenido incluso en medio de sanciones y bloqueos.

Trump ya dejó claro que “algo va a pasar con Cuba”, y aunque no es específico, las señales son tan poderosas como inquietantes. La preocupación entre líderes latinoamericanos no tardó en aflorar: una declaración del gobierno cubano advirtió que “la amenaza se extiende a todos”.

¿Golpe silencioso a la oposición venezolana?

En una vuelta de tuerca inesperada, Marco Rubio —quien durante años ha apoyado abiertamente a la oposición venezolana— sugirió que Delcy Rodríguez podría ser “alguien con quien EE.UU. puede trabajar”. Esta declaración fue interpretada por muchos como un viraje estratégico de la política estadounidense que abandona temporalmente a los sectores opositores que recientemente habían declarado victoria en las elecciones venezolanas.

Para figuras como Geoff Ramsey del Atlantic Council, esto podría ser una táctica de presión más compleja de lo que aparenta: “Rodríguez quiere mantener cierta imagen de firmeza frente a Trump, no se puede permitir parecer una marioneta estadounidense ante sus pares revolucionarios”, explicó.

Un tablero en reconfiguración

En menos de una semana, la política de fuerza empleada por Trump ha impactado en tres frentes distintos:

  • Venezuela: La captura de Maduro rompe años de estancamiento diplomático, y plantea ahora un posible reorganización interna del chavismo bajo una figura como Delcy Rodríguez.
  • Cuba: La amenaza abierta de una intervención, quizá menos militar y más económica, eleva la tensión en la isla que ya sufre una crisis profunda.
  • Groenlandia: Washington avanza con aspiraciones territoriales sobre una región que, aunque bajo dominio danés, representa recursos aún por explotar y una ubicación estratégica para operaciones militares en el Ártico.

La sombra del 2024 y la política interna

La expansión estadounidense en el hemisferio parece tener otra motivación: las elecciones presidenciales. Trump ha hecho del intervencionismo hemisférico una carta electoral clave. Con una base conservadora que aplaude el desafío abierto a gobiernos “autoritarios”, sus acciones también obligan a sus opositores a definir sus posiciones sobre política exterior en un año clave.

La pregunta que recorre cancillerías de América Latina y Europa es inevitable: ¿quién sigue? Si Trump considera que su nuevo “Don-roe” le permite actuar con libertad contra quien desafíe la hegemonía estadounidense, Groenlandia y Cuba no serían más que las primeras piezas de un plan más extenso.

¿Un nuevo orden hemisférico?

La Administración Trump parece decidida a redibujar los bordes del tablero geopolítico americano. La captura de Maduro pasó de ser una teoría a una realidad. El ascenso de Delcy Rodríguez altera la narrativa preestablecida. La amenaza sobre Cuba reaviva viejas rivalidades y, aún más excéntrico, el interés por Groenlandia pone a prueba alianzas históricas dentro de la OTAN.

Si se cumple la idea trumpiana del hemisferio como “patio trasero” de Estados Unidos, entonces estamos ante una nueva era de intervencionismo que mezcla nostalgia imperial, realismo geopolítico y cálculo electoral. Todo bajo una bandera: América primero. Pero, ¿a qué costo?

Lo único que parece claro es que, bajo la Doctrina Don-roe, los próximos meses podrían redefinir por completo las dinámicas políticas del continente.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press