El precio de la impunidad: El perdón presidencial a los insurrectos del 6 de enero y su impacto en los defensores del Capitolio
Oficiales como Aquilino Gonell siguen luchando con las secuelas físicas y emocionales mientras Trump indulta a los responsables del asalto al Capitolio
“Me arrastraron por el suelo. Casi me asfixio. Luché para defender el Capitolio... y ahora, los mismos que me atacaron, caminan libres porque un presidente así lo decidió.” Estas palabras del exsargento de la Policía del Capitolio, Aquilino Gonell, resumen la frustración y el dolor que muchos oficiales estadounidenses llevan a cuestas desde la violenta insurrección del 6 de enero de 2021.
Un perdón controvertido y miles de heridas reabiertas
El 20 de enero de 2025, mientras Donald Trump asumía su segundo mandato como presidente de EE. UU., Gonell intentaba desconectarse de las noticias. Sin embargo, una avalancha de llamadas de fiscales federales, agentes del FBI y del Buró de Prisiones le hicieron saber algo devastador: Trump había indultado a más de 1.500 personas condenadas por su participación en el ataque al Capitolio. Entre ellas, estaban varios de los individuos que hirieron a Gonell.
“Me dijeron que fuera cuidadoso, que personas contra las que testifiqué estaban siendo liberadas,” comentó Gonell. “Siento que intentan borrar lo que hice para defender esta democracia.”
El asalto que cambió todo
Ese fatídico 6 de enero, más de 140 oficiales resultaron heridos al resistir la turba que irrumpió en el Capitolio. Frente a una masa enfurecida alimentada por las teorías del fraude electoral impulsadas por Trump, los oficiales lucharon por contener la violencia. Entre ellos estaban Gonell y el oficial Daniel Hodges, quien fue aplastado contra una puerta y golpeado salvajemente mientras gritaba ayuda.
El ahora expresidente republicano ha descrito a los condenados como “patriotas” y “rehenes”, y ha calificado sus condenas como una “injusticia nacional”.
Las heridas físicas y emocionales de los oficiales
Gonell sufre lesiones permanentes en el hombro y el pie, además de síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT). Debido a sus heridas, se vio obligado a retirarse del servicio activo.
“Perdí mi carrera, mi salud, y llevo años intentando reconstruir mi vida,” lamentó el exsargento.
Hodges, quien aún sigue en servicio, señala que ha sido un año particularmente difícil. A pesar del apoyo inicial, muchos políticos e incluso ciudadanos buscan minimizar lo ocurrido. “Muchos dicen que no fue tan grave,” comenta Hodges, “pero hay videos, testimonios, pruebas... ¿Cómo no pueden verlo?”
Narrativas enfrentadas: ¿Violencia patriótica o intento de golpe?
Las imágenes del 6 de enero muestran una violencia desatada: oficiales siendo golpeados, empujados, rociados con químicos; puertas y ventanas rotas; oficinas saqueadas y congresistas evacuados bajo amenaza.
Para el exoficial Adam Eveland, “los indultos borraron la poca justicia que habíamos conseguido.” Él mismo fue parte del operativo para sacar a los insurgentes del Capitolio y relató la incomprensión de amigos y hasta colegas que aún insisten en que “no fue para tanto”. “Es difícil aceptar que algo tan traumático no sea reconocido por quienes me rodean,” confiesa Eveland.
La política como arma de doble filo
Desde la comisión del Congreso que investigó el ataque hasta audiencias como la del Senado en octubre de 2024 sobre violencia política, los comentarios de los legisladores han reflejado la profunda polarización del país. Cuando en dicha audiencia se preguntó si los testigos, convocados por republicanos, apoyaban los indultos, tres levantaron la mano afirmativamente. Esto, frente a la mirada atónita de Hodges.
La iniciativa de Trump ha tenido tanto celebraciones como condenas. Mientras algunos afirman que el expresidente “restauró la justicia”, otros consideran el acto una bofetada para las fuerzas del orden.
Repercusiones en la vida de los oficiales
Algunos, como Winston Pingeon, decidieron dejar la fuerza. Él fue derribado mientras intentaba contener a la muchedumbre. Ahora vive en Massachusetts, donde dedica su tiempo a la pintura y la defensa de la no violencia.
“Fue una llamada de atención sobre lo vulnerable que es nuestra democracia,” explica. Pingeon ha optado por sanar, incluso dice estar preparado para perdonar, aunque no necesariamente olvidar.
¿Qué ha cambiado desde el ataque?
El exjefe de Policía del Capitolio, Thomas Manger, asumió el cargo poco después de los disturbios. Desde su llegada se implementaron mejoras urgentes:
- Programas de apoyo psicológico y bienestar.
- Revisión y fortalecimiento del entrenamiento y equipamiento.
- Estrategias de inteligencia y planificación operativa más robustas.
“Si lo que ocurrió volviera a pasar hoy, jamás habrían entrado al Capitolio,” afirmó Manger antes de retirarse en mayo de 2025.
La memoria y la esperanza
Aunque muchos prefieren el silencio, otros como Hodges, Pingeon, Eveland y Gonell han alzado la voz. Para ellos, recordar es resistencia.
Gonell ha plasmado su experiencia en un libro, mientras sigue lidiando con el TEPT. Eveland, por su parte, dice que hablar públicamente es un ejercicio de sanación y una forma de contrarrestar la desinformación.
“Solo puedo contar mi historia e intentar que quienes me respetan escuchen,” concluye. Porque en una nación que aún debate qué significó realmente el 6 de enero, las voces de quienes defendieron la democracia no deben quedar en el olvido.
