La caída de Maduro y el caos geopolítico en Yemen: ¿una nueva era de intervencionismo global?
El arresto del presidente venezolano por tropas estadounidenses y el conflicto entre aliados en Yemen exponen grietas en la geopolítica moderna
En apenas 48 horas, el tablero geopolítico internacional ha sufrido un sacudón inesperado: Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, fue capturado en una operación militar coordinada por Estados Unidos, mientras que en Yemen, las tensiones entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (EAU) escalaron tras enfrentamientos entre fuerzas separatistas y tropas aliadas respaldadas por Riad. ¿Estamos ante una nueva etapa de confrontación regional e intervencionismo internacional?
Una caída sin precedentes: Maduro capturado
El sábado 3 de enero de 2026 quedará en la historia política latinoamericana como el día en que Nicolás Maduro fue depuesto por una operación militar de Estados Unidos. La capital venezolana, Caracas, amaneció silente y tensa. Los venezolanos se atrincheraban en sus casas entre el miedo a una represalia y la esperanza de una transición política. Las calles, habitualmente colapsadas, permanecieron casi vacías. Las masas se agolpaban en las tiendas un día antes para abastecerse, como si intuyeran lo que se venía.
Durante la operación que llevó al arresto de Maduro, hubo explosiones en La Guaira, estado vecino a Caracas. Algunas viviendas resultaron severamente afectadas. Unas familias pasaron la noche limpiando escombros mientras el país entero esperaba noticias oficiales sobre el futuro.
La captura fue anunciada por el expresidente Donald Trump, quien declaró que EE.UU. "dirigiría" Venezuela junto a la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Las implicancias de esa frase todavía se debaten. Lo cierto es que, por primera vez en la historia reciente, un mandatario latinoamericano en funciones fue arrestado por fuerzas extranjeras.
El destino de Maduro: de presidente a preso común
Maduro fue trasladado al Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, una cárcel de alta seguridad notoria por sus condiciones deplorables. Comparten ese espacio figuras mediáticas como R. Kelly y Sam Bankman-Fried, y en el pasado fue el lugar de detención de Juan Orlando Hernández, expresidente hondureño, acusado y condenado por narcotráfico.
Según el Bureau of Prisons, el MDC ha mejorado su infraestructura desde la crisis del apagón de 2019, pero no está exento de violencia, tráfico de armas y corrupción interna. La ironía geopolítica es que en sus pasillos, Maduro podría cruzarse con el exjefe de inteligencia venezolano, Hugo Carvajal, y con miembros del Tren de Aragua, la megabanda criminal que fue exportada al exterior durante su mandato.
Celebraciones y miedo en Venezuela
Mientras un grupo de venezolanos ondeaban la bandera nacional y celebraban frente a la prisión en Nueva York, en las calles de Caracas, los sentimientos eran mixtos. Daniel Medalla, un obrero de 66 años, reveló ante sus vecinos en una iglesia que no hubo misa. "La gente no celebra porque aún tiene miedo de lo que pueda pasar", dijo, refiriéndose a la represión sufrida tras las elecciones previas.
La captura de Maduro abre una incógnita: ¿quién gobernará Venezuela? ¿Será Rodríguez una figura de transición o simplemente un títere designado por Washington? ¿Qué apoyos políticos y sociales tendrá un nuevo gobierno encabezado desde el exterior?
Mientras tanto, Yemen arde
En la península arábiga, otro drama se desarrolla. Las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita retomaron el control de Mukalla, en la provincia de Hadramout, tras días de intensos bombardeos. Esta región fue arrebatada previamente por el Consejo de Transición del Sur (STC), un grupo separatista apoyado por Emiratos Árabes Unidos.
El conflicto evidencia fracturas graves dentro de la coalición que dice luchar contra los hutíes, respaldados por Irán. Aunque Arabia Saudita y EAU han trabajado juntos desde 2015, ahora se enfrentan en una guerra proxy dentro de Yemen.
Crónica de una guerra múltiple
Yemen lleva más de una década en guerra civil. Desde que los hutíes tomaron Sanaa en 2014, el conflicto se ha globalizado. Arabia Saudita formó una coalición internacional para intentar restaurar el gobierno reconocido por la ONU, mientras Irán armaba y financiaba a los hutíes. Hasta ahí parecía una guerra típica de alineaciones sectarias: sunníes versus chiitas.
Sin embargo, la aparición de separatistas sureños, armados y financiados por EAU, añadió una tercera capa. El STC ha tomado regiones estratégicas y con petróleo, y ha declarado que busca la independencia del sur, igual que antes de la unificación de 1990. En enero de 2026, incluso propusieron una constitución para una nación sureña independiente.
Arabia Saudita respondió con bombardeos y presiones diplomáticas. Incluso amenazó con expulsar a EAU de la coalición. Finalmente, las tropas emiratíes comenzaron su retirada tras una ofensiva terrestre en Hadramout y Mahra.
¿A dónde va esta alianza?
La rivalidad entre estos dos gigantes del Golfo ha estado creciendo por años, especialmente en África y el Mar Rojo. Compiten por inversión extranjera, rutas de comercio y soft power. El conflicto en Yemen ha sido solo uno de muchos escenarios en los que sus intereses divergen.
Riad ahora planea organizar una conferencia de reconciliación entre las facciones del sur en su capital. El STC aceptó la invitación, pero no está claro si será una negociación real o un intento más de controlar a un socio rebelde.
Intervencionismo del siglo XXI: quirúrgico, digital y propagandístico
La caída de Maduro y la guerra intrincada en Yemen comparten un patrón: ya no hablamos de guerras convencionales entre estados, sino de coaliciones fracturadas, lucha por recursos energéticos, y operaciones militares presentadas como misiones de liberación o justicia.
Donald Trump afirmó que revivirá la industria petrolera venezolana con ayuda de aliados internos. Arabia Saudita dice que busca una solución "justa" para el sur de Yemen mientras bombardea posiciones de sus antiguos aliados. Todo esto demuestra que el nuevo intervencionismo es narrativo antes que militar. Las redes sociales, los contratos millonarios y las alianzas fluidas son las nuevas armas.
Como dato relevante, según ACAPS, Yemen sigue siendo el peor desastre humanitario del mundo, con más de 21 millones de personas necesitadas de ayuda, y Venezuela cuenta con más de 7 millones de emigrantes, la mayor diáspora latinoamericana de la historia reciente (fuente: R4V.info).
Ambos países son hoy ejemplos dolorosos de cómo el intervencionismo sin consenso y el juego de poder entre potencias no solo reconfiguran el mapa político, sino también el destino de millones de personas.
¿Qué nos dice todo esto sobre el futuro del orden global?
Que el multilateralismo atraviesa una crisis profunda. Las potencias regionales intermediarias (como Arabia Saudita y Emiratos) ya no se alinean ciegamente a superpotencias, y las fuerzas internas (como el STC o grupos criminales) tienen más agencia que nunca. Y que las intervenciones, para tener legitimidad, necesitan más que bombardeos o anuncios en Facebook. Necesitan consenso, justicia transicional y, sobre todo, credibilidad internacional.
