La captura de Maduro: ¿misión internacional o ambición imperial?

La operación nocturna liderada por EE. UU. para detener al presidente venezolano desata un torbellino de preguntas legales, geopolíticas y morales

La madrugada del 4 de enero de 2026 marcó un giro histórico en la política latinoamericana: una operación militar liderada por Estados Unidos extrajo al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, desde una base militar en Caracas para llevarlos ante la justicia estadounidense bajo cargos de narcoterrorismo.

Donald Trump, presidente en funciones en ese momento, lo celebró como una victoria militar y diplomática, afirmando que permitiría a EE. UU. “dirigir el país” y aprovechar sus vastas reservas de petróleo.

Un paralelismo histórico: Noriega y ahora Maduro

La fecha de la operación no fue una coincidencia. Se llevó a cabo exactamente 36 años después de que las fuerzas estadounidenses capturaran a Manuel Antonio Noriega en Panamá en 1990. En ambos casos, se trató de líderes latinoamericanos acusados de estar involucrados en el narcotráfico y cuya permanencia en el poder iba en contra de los intereses geoestratégicos de EE. UU.

“Pensamos, desarrollamos, entrenamos, ensayamos, hacemos informes, y volvemos a ensayar una y otra vez. No para hacerlo bien, sino para asegurarnos de que no pueda salir mal” — General Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de EE. UU.

¿Qué motivó la operación estadounidense?

  • Cargos de narcoterrorismo: Maduro había sido acusado en 2020 de conspiración para narcoterrorismo. El Departamento de Justicia lo identificó como líder de un supuesto “gobierno ilegítimo corrupto” alimentado por el narcotráfico.
  • Intervenciones previas: EE. UU. había intensificado sus operaciones militares en la región, incluyendo ataques navales en el Caribe y una operación de drones en diciembre de 2025.
  • Control energético: Al anunciar la captura, Trump reveló ambiciones de restaurar y administrar la infraestructura petrolera venezolana con fines comerciales.

En rueda de prensa desde Mar-a-Lago, Trump afirmó: “Vamos a dirigir el país hasta que podamos garantizar una transición segura, adecuada y juiciosa.”

Reacciones dentro y fuera de Venezuela

La respuesta fue polarizada. Mientras opositores a Maduro celebraban en ciudades como Doral, Florida —hogar de más de 100.000 venezolanos—, en Caracas se desataron protestas lideradas por afectos al líder depuesto, como la alcaldesa Carmen Meléndez.

Delcy Rodríguez, vicepresidenta de la República y señalada por el Tribunal Supremo como presidenta interina, denunció la operación como una violación imperialista sin precedentes y afirmó: “Hay un solo presidente en Venezuela, y su nombre es Nicolás Maduro Moros.”

Daños colaterales y legales

Rodríguez declaró que algunos civiles y militares venezolanos murieron durante la operación, y Trump admitió que tropas estadounidenses resultaron heridas.

Las críticas no solo vinieron desde Caracas. En EE. UU., congresistas de ambos partidos manifestaron su preocupación:

  • Jim Himes (demócrata): “No vi evidencia que justifique un ataque sin aprobación congresional.”
  • Colombia solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU para debatir la legalidad de la operación.

La narrativa imperialista y el petróleo venezolano

Trump fue explícito sobre una de sus metas estratégicas principales: controlar el petróleo. Citó como objetivo vender “grandes cantidades” a otras naciones. Según datos de la OPEP, Venezuela posee más de 300 mil millones de barriles en reservas probadas, las mayores del mundo, pero su explotación ha sido afectada por sanciones y corrupción.

No es la primera vez que EE. UU. ve Venezuela como un territorio crucial por sus recursos naturales. Ya en 1902, Venezuela enfrentó un bloqueo naval liderado por potencias europeas por deudas pendientes, en lo que fue considerado una amenaza a la Doctrina Monroe.

¿Quién es Nicolás Maduro?

Maduro asumió la presidencia en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez. Su reelección en 2018 fue ampliamente considerada fraudulenta: los principales partidos de oposición fueron inhabilitados y observadores internacionales denunciaron irregularidades. En 2024, la historia se repitió: el Consejo Nacional Electoral lo declaró ganador pese a que la oposición mostró pruebas de una derrota 2 a 1 contra él.

Durante su gestión, más de 7 millones de venezolanos han emigrado del país por la crisis económica, sanitaria y política, según la ONU.

Las implicaciones internacionales

La operación para capturar a Maduro podría sentar un precedente preocupante:

  • Soberanía nacional: Venezuela no dio autorización, lo cual podría considerarse una violación del derecho internacional.
  • Legitimidad del uso de la fuerza: en teoría, EE. UU. necesitaría una resolución del Congreso para una intervención de tal magnitud, que no se otorgó.
  • Reacciones globales: países como Rusia, Irán y China podrían usar este hecho para justificar futuras acciones unilaterales, debilitando aún más las normas del derecho internacional.

Un nuevo capítulo en América Latina

Desde la Doctrina Monroe (1823) hasta la captura de Noriega y ahora Maduro, EE. UU. ha demostrado una estrategia continua de influencia activa en América Latina. Lo que cambia es la narrativa con la que se justifica esa intervención.

El caso Maduro inaugura una nueva era de conflictos híbridos en la región: operaciones de precisión, inteligencia artificial, drones y campañas diplomáticas agresivas. También lo pone en la órbita de otras figuras internacionales buscadas por EE. UU., como el exlíder libio Muamar Gadafi o el jefe guerrillero colombiano Rodrigo Londoño.

El futuro inmediato

Mientras que en Caracas unos lloran y otros celebran, el país se encuentra en un punto muerto institucional. Delcy Rodríguez, pese a haber sido nombrada presidenta interina, declaró que no asumiría el cargo. El Tribunal Supremo, controlado por el oficialismo, insiste en mantener la continuidad chavista. En contraste, líderes opositores como María Corina Machado o Henrique Capriles exigen una elección libre y supervisada internacionalmente.

Reflexión final

¿Fue este acto un paso hacia la democracia venezolana o una muestra más de una política exterior imperialista? La historia aún se está escribiendo, y dependerá tanto de la comunidad internacional como del pueblo venezolano decidir qué rumbo tomará su nación.

Lo que está claro es que este drama geopolítico, como dijo el general Dan Caine, no fue improvisado, y sus consecuencias seguirán sintiéndose por años.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press