La Doctrina Monroe Renace: El ‘Corolario Trump’ y la Nueva Era de Intervención en América Latina
Cómo la histórica doctrina estadounidense fue reactivada para justificar la captura de Maduro y reconfigurar el poder en el hemisferio
Una vieja doctrina con nuevo rostro
En enero de 2026, el expresidente Donald Trump volvió a posicionar el foco de la política exterior estadounidense en América Latina al invocar la Doctrina Monroe en el contexto de una operación militar que culminó con la detención del líder venezolano Nicolás Maduro. Pero lo más llamativo no fue la acción en sí, sino su justificación: un renacimiento modernizado de una norma de casi 200 años de antigüedad, ahora denominada por algunos analistas como la “Doctrina Don-roe”.
Pero, ¿qué significa realmente esto? ¿Qué representa para la soberanía de los países latinoamericanos? ¿Se trata de un regreso claro al intervencionismo imperial o de una estrategia geopolítica legítima ante amenazas regionales? En este análisis contextualizamos el origen y uso de la Doctrina Monroe, su evolución histórica y el polémico “Corolario Trump”.
¿Qué es la Doctrina Monroe?
Proclamada en 1823 por el presidente James Monroe, esta política exterior establecía que cualquier intervención europea en América Latina sería vista como un acto hostil. A cambio, Estados Unidos se comprometía a mantenerse al margen de conflictos europeos internos. En plena efervescencia independentista del continente latinoamericano, el objetivo era claro: prevenir la recolonización europea y, al mismo tiempo, establecer la hegemonía de Estados Unidos en la región.
“Históricamente, Venezuela ha sido el escenario recurrente de los corolarios o reinterpretaciones de la Doctrina Monroe,” explica el historiador Jay Sexton, autor de The Monroe Doctrine: Empire and Nation in Nineteenth-Century America.
El Corolario Roosevelt y la diplomacia del ‘gran garrote’
Uno de los giros más notorios de esta doctrina fue el Corolario Roosevelt, anunciado en 1904. El presidente Theodore Roosevelt argumentó que EE.UU. tenía el derecho de intervenir en países latinoamericanos inestables para “mantener el orden” y proteger intereses estadounidenses en la región.
- Con este fundamento, EE.UU. apoyó la separación de Panamá de Colombia para construir el Canal de Panamá.
- También fue utilizado para justificar intervenciones en Rep. Dominicana, Haití y Nicaragua durante las primeras décadas del siglo XX.
Este enfoque, conocido como “big stick diplomacy”, mostraba claramente las intenciones imperiales de EE.UU. con un disfraz de orden y progreso regional.
Durante la Guerra Fría: anti-comunismo como excusa
En la segunda mitad del siglo XX, la Doctrina Monroe fue usada como medio para contener la expansión del comunismo:
- Crisis de los misiles en Cuba (1962): EE.UU. obligó a la URSS a retirar sus misiles, apelando a su esfera de influencia hemisférica.
- Intervención en Nicaragua: Durante los 80s, EE.UU. financió y armó a los contras contra el gobierno sandinista.
“Los presidentes estadounidenses han distorsionado la Doctrina Monroe para justificar injerencias que, lejos de defender a Latinoamérica, la subordinan a intereses estratégicos y comerciales,” observa Gretchen Murphy, de la Universidad de Texas, autora de Hemispheric Imaginings.
El ‘Corolario Trump’ y la operación contra Maduro
En 2026, Donald Trump volvió a invocar la Doctrina Monroe para justificar una nueva intervención: la captura militar de Nicolás Maduro para enfrentar cargos criminales en EE.UU. Para Trump, el régimen venezolano era una amenaza directa.
“Venezuela ha estado albergando adversarios extranjeros y adquiriendo armas ofensivas que amenazan nuestros intereses. Eso viola los principios fundamentales de la política exterior americana”, afirmó Trump en una rueda de prensa.
El expresidente también declaró que, hasta encontrar un “reemplazo legítimo”, Washington dirigiría temporalmente los asuntos del país sudamericano. En otras palabras, una ocupación política transitoria para restaurar el orden.
¿Qué implica la doctrina renovada en la práctica?
La estrategia fue elaborada formalmente en un documento de seguridad nacional publicado en diciembre de 2025, donde se presentaba el llamado “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”. Este incluía una serie de iniciativas agresivas:
- Operativos militares en el Caribe y el Pacífico para interceptar cargamentos de drogas y frenar migraciones.
- Fortalecimiento de bases militares en Centroamérica y el Caribe.
- Presencia diplomática reforzada en países considerados aliados políticos, como Colombia y Brasil.
- Bloqueo casi total al régimen cubano.
“Estamos restaurando la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental,” dijo Trump. “Ya no toleraremos amenazas cerca de casa.”
Una ruptura dentro del trumpismo
Esta política no fue bien recibida por todos los sectores del llamado movimiento “Make America Great Again” (MAGA). Muchos de sus seguidores, especialmente los más aislacionistas, criticaron la intervención prolongada como una traición a la promesa de retirar tropas extranjeras y evitar las “guerras eternas”.
“A diferencia de ataques breves como el de Irán en 2025, esto parece una ocupación prolongada, con consecuencias impredecibles,” advirtió el historiador Jay Sexton. “Podría dividir a sus propios votantes.”
¿Qué dice América Latina?
Las reacciones en la región han sido de extrema preocupación:
- Argentina y México condenaron “la violación del principio de no intervención”.
- Colombia y Brasil, bajo gobiernos conservadores, respaldaron la acción estadounidense.
- Cuba y Bolivia la calificaron de “acto neocolonial al estilo siglo XXI”.
Organizaciones como la CELAC y la UNASUR denunciaron ante la ONU a Estados Unidos por acciones unilaterales, mientras intensifican diálogos para elaborar una respuesta regional coordinada.
Colonialismo moderno vs. geopolítica justificable
El “Corolario Trump” reabre el eterno debate sobre la soberanía de América Latina ante las ambiciones imperiales del norte. Aunque envuelto en lenguaje moderno de seguridad y estabilidad energética, el fondo sigue siendo el mismo: la reafirmación de un hemisferio bajo la influencia dominante de Washington.
“El uso de doctrinas de hace 200 años para justificar invasiones actuales nos dice mucho más sobre EE.UU. que sobre Venezuela,” concluye Murphy. “Se trata de mantener un orden hemisférico donde lo que molesta no es la falta de democracia, sino de alineamiento con intereses estadounidenses.”
El futuro dirá si esta nueva doctrina se consolidará como un nuevo estándar estratégico, o si terminará siendo otro capítulo más en el largo y complejo historial de la relación norte-sur en América.