¿Una guerra por Groenlandia? El resurgir de las tensiones geopolíticas en el Ártico
De los comentarios incendiarios de Trump a la respuesta danesa: cómo la isla más grande del mundo se convirtió en el nuevo foco estratégico del siglo XXI
Por décadas, Groenlandia ha sido una región olvidada en los titulares internacionales. Pero ahora, con tensiones geopolíticas en ascenso y renovadas ambiciones territoriales, esta vasta isla cubierta de hielo se ha convertido en el epicentro de una disputa entre Dinamarca, Estados Unidos y, a la distancia, otras potencias globales.
El despertar geopolítico del Ártico
Groenlandia no es sólo un territorio remoto, salpicado de icebergs y osos polares; es un punto clave en la estrategia de seguridad global. Sus ricos recursos minerales —incluyendo tierras raras, uranio, petróleo y gas natural—, y su ubicación estratégica entre América del Norte y Europa lo convierten en una joya geopolítica. Además, el deshielo acelerado del Ártico, producto del cambio climático, está reconfigurando rutas marítimas y abriendo nuevas posibilidades comerciales y militares.
Según datos del United States Geological Survey, en Groenlandia podría haber hasta el 13% de las reservas mundiales de petróleo sin explotar en el Ártico, y un 30% del gas natural.
La oferta que parece chiste, pero no lo es
En 2019, el entonces presidente de los Estados Unidos Donald Trump sorprendió al mundo al expresar su interés por comprar Groenlandia. Dinamarca, que tiene soberanía sobre la isla (aunque con amplio autogobierno local), lo calificó de absurda. La respuesta de la primera ministra danesa Mette Frederiksen fue tajante: “Groenlandia no está en venta”. Trump, molesto, canceló una visita oficial a Dinamarca.
Para muchos, parecía un episodio más de la extravagante política exterior de Trump. Sin embargo, con su reciente reelección y el aumento del tono sobre el tema —a raíz de una polémica operación militar en Venezuela—, el interés estadounidense en Groenlandia ha tomado un cariz mucho más serio.
¿Una posible intervención militar?
El 20 de abril de 2025, fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación en Caracas con el objetivo de capturar al presidente Nicolás Maduro. Este hecho escaló las alarmas en Europa, particularmente en Dinamarca y Groenlandia. En los días posteriores, Trump declaró: “Hablemos de Groenlandia en 20 días”, insinuando de nuevo su deseo de obtener control estadounidense directo sobre dicho territorio.
La respuesta del gobierno danés no se hizo esperar. “Si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene, incluso nuestra pertenencia a la OTAN”, advirtió Frederiksen.
Por su parte, el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen afirmó: “No somos Venezuela. Aquí no va a haber una toma del país de un día para otro”. Nielsen hizo un llamado a mantener la calma y destacó que el cooperativismo debe prevalecer.
Trump y la burla al modelo de seguridad danés
Lejos de moderar el discurso, Trump se burló del sistema de defensa de Dinamarca en el Ártico, al declarar que los daneses “habían agregado sólo un trineo más” como refuerzo militar. “Greenland is covered with Russian and Chinese ships all over the place”, afirmó Trump, aunque analistas del Danish Institute for International Studies como Ulrik Pram Gad aseguran que esa afirmación es falsa: “Los barcos rusos y chinos están lejos, no se pueden ver desde Groenlandia ni con binoculares”.
Base espacial y presencia norteamericana
Pero Estados Unidos no es un extraño en la isla. Desde 1951, gracias a un acuerdo con Dinamarca, opera la base espacial Pituffik (antes Thule) en el noroeste de Groenlandia. Esta base juega un rol crucial en sistemas de defensa antimisiles y vigilancia satelital.
Además, Dinamarca ha estrechado lazos militares con EE.UU. Recientemente aprobó una ley que permite la instalación de nuevas bases estadounidenses en su territorio. Aunque para muchos analistas este puede ser un paso hacia la pérdida de soberanía, otros lo ven como una forma de mantener relaciones equilibradas con Washington.
Las redes sociales y el fuego simbólico
Lo simbólico también cuenta. Katrina Miller, exfuncionaria de la administración Trump y esposa del asesor Stephen Miller, publicó una imagen de Groenlandia pintada con la bandera estadounidense con la leyenda “SOON”. La respuesta del embajador danés en Washington, Jesper Sørensen, fue clara: “Esperamos respeto total por la integridad territorial del Reino de Dinamarca”.
Estas acciones no solo encienden la opinión pública, sino que colocan a Groenlandia en el foco de una lucha que es tanto militar como cultural y simbólica.
La OTAN en peligro
Quizá la declaración más fuerte vino de la propia Frederiksen, al decir que una acción unilateral de EE.UU. en Groenlandia equivaldría al colapso de la OTAN. “La seguridad que hemos mantenido desde la Segunda Guerra Mundial está en riesgo”, recalcó.
Varios países europeos, incluyendo Alemania, Francia y Noruega, han expresado su apoyo a Dinamarca en la defensa de su soberanía sobre Groenlandia.
¿De verdad quiere EE.UU. Groenlandia?
Las razones que motivan el renovado interés estadounidense por Groenlandia son múltiples:
- Seguridad nacional: Su cercanía al Ártico y a rutas de lanzamiento de misiles lo convierten en un punto estratégico clave.
- Minería: Es probable que la isla posea valiosos recursos bajo su suelo, incluyendo tierras raras, fundamentales para tecnologías como los autos eléctricos y paneles solares.
- Control geopolítico: En un contexto donde China y Rusia han intensificado su presencia en el Ártico, controlar Groenlandia sería un contrapeso poderoso.
Como señaló Lars Emersom, experto en política ártica de la Universidad de Oslo: “Quien controle Groenlandia, controla la puerta del Ártico.”
¿Y los groenlandeses?
Aunque Dinamarca conserva la soberanía, Groenlandia tiene un amplio grado de autogobierno desde 2009. Su población ha mostrado un creciente espíritu nacionalista y aspiraciones a una mayor independencia. Sin embargo, un salto hacia la independencia total requeriría una administración financiera que la isla aún no puede sostener sin el apoyo danés.
Jens-Frederik Nielsen ha insistido en que cualquier cambio de estatus debe pasar por el voto y consentimiento del pueblo groenlandés, y no por imposiciones externas.
Una pieza más en la guerra fría del siglo XXI
El caso Groenlandia encaja dentro de un patrón más amplio: el resurgir de la rivalidad entre potencias globales en el Ártico. Este nuevo tablero geoestratégico incluye bases, submarinos, perforaciones petroleras y disputas territoriales.
En este contexto, las declaraciones de Trump no son meras ocurrencias. Representan una visión imperialista, y para algunos, un intento de reconfigurar el tablero global con métodos de los siglos XIX y XX.
¿Un conflicto inevitable?
Por ahora, una operación militar en Groenlandia sigue pareciendo remota. Pero en un contexto global donde lo imposible rápidamente se convierte en real (como fue la invasión rusa a Ucrania o el intento de golpe en Venezuela), no conviene descartar nada.
Como dijo el analista político danés Ask Rostrup en un blog en TV2: “Hace dos años, era impensable siquiera considerar que EE.UU. intentaría tomar Groenlandia militarmente. Hoy, es una posibilidad que no podemos ignorar”.
El futuro de Groenlandia dependerá de la firmeza de Dinamarca, de la unidad europea, de la racionalidad (o falta de ella) en Washington y, sobre todo, de la voluntad de los propios groenlandeses.
