A cinco años del asalto al Capitolio: ¿resurgimiento o reescritura de la historia?

Trump, el Partido Republicano y la lucha por controlar la narrativa del 6 de enero en pleno año electoral

Una fecha sin consenso nacional

Han pasado cinco años desde el 6 de enero de 2021, un día que quedará grabado en la historia moderna de Estados Unidos. Pero mientras muchos recuerdan esas horas como un intento de insurrección y un ataque sin precedentes a la democracia del país, una parte del espectro político —liderada por Donald Trump y sus aliados— ha optado por reescribir o minimizar los acontecimientos.

Los eventos conmemorativos son un reflejo de esta fractura: por un lado, los demócratas organizan audiencias con testimonios desgarradores de esa jornada, mientras que los republicanos se congregan con Trump en el Centro Kennedy, rebautizado Trump-Kennedy Center por sus aliados, en un encuentro privado centrado en la estrategia electoral del 2024.

El simbolismo del Centro Kennedy rebautizado

La elección del lugar para este cónclave republicano no fue casual. El Centro Kennedy para las Artes Escénicas se convierte así no sólo en un eje cultural, sino en un tablero más del ajedrez político. El hecho de que la junta directiva del recinto —integrada por varios leales a Trump— haya decidido cambiarle el nombre en honor al expresidente ha generado múltiples críticas, además de un proceso judicial que busca anular esa decisión.

Usar ese espacio un 6 de enero, y mientras no se celebra ningún acto oficial por el aniversario, es tan solo otra muestra del intento del expresidente y sus seguidores de apropiarse de la narrativa nacional.

El regreso de Enrique Tarrio y su polémica marcha

En paralelo, una figura controvertida regresa al escenario: Enrique Tarrio, exlíder de Proud Boys, grupo extremista acusado de conspiración sediciosa. Convocó una marcha "pacífica y patriótica" desde la Casa Blanca hasta el Capitolio para homenajear a Ashli Babbitt y otros simpatizantes fallecidos en el asalto. Tarrio, condenado en su momento a 22 años de prisión, fue liberado tras una amnistía presidencial masiva firmada por Trump tras su regreso a la Casa Blanca.

En redes sociales, promueve la narrativa de que los verdaderos mártires del 6 de enero fueron los manifestantes, mientras las víctimas como el oficial Brian Sicknick y los policías que sufrieron secuelas físicas y psicológicas tras el ataque quedan fuera de su homenaje.

¿Qué posición ocupa el Partido Republicano?

El Partido Republicano se encuentra atrapado entre dos líneas ideológicas: la del tradicionalismo institucional y la del trumpismo radicalizado. Mientras el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, intenta mantener la cohesión del partido frente a una mayoría estrecha de 219-213, existen divisiones claras entre los miembros de base que siguen apoyando sin condiciones al expresidente, y aquellos que, como los exrepresentantes Adam Kinzinger y Liz Cheney, optaron por denunciar la insurrección desde dentro.

La reunión del 6 de enero no estuvo centrada en conmemorar la tragedia, sino en estrategias electorales como una nueva reforma fiscal, medidas antiinmigración, y el control de la narrativa sobre el 6 de enero. El congresista Barry Loudermilk, por ejemplo, calificó las conmemoraciones y audiencias demócratas como un “ejercicio partidista”.

La captura de Maduro: ¿cómplice de la distracción?

La impresionante operación militar que culminó en la captura del ahora exmandatario venezolano Nicolás Maduro ha desviado parte de la atención mediática del aniversario. Esta intervención, calificada por analistas como un nuevo capítulo de expansionismo estadounidense, dio pie a renovadas tensiones entre el poder Ejecutivo y el Legislativo sobre quién autoriza acciones militares de semejante escala.

Pese a que Trump ha aumentado su popularidad con la maniobra, el debate sobre si actuó fuera de sus atribuciones aún resuena en los pasillos del Capitolio. Es importante recordar que esta operación se justificó como parte de una campaña antidroga, con respaldo limitado del Congreso.

El legado sin resolver: justicia para el 6 de enero

Según cifras del Departamento de Justicia de EE.UU., más de 1,200 personas fueron arrestadas en relación a los eventos del 6 de enero, aunque unas 1,500 fueron liberadas tras una amnistía presidencial en 2023. Muchos ven esto como un mensaje inequívoco de impunidad.

El caso más emblemático fue la imputación de Trump por conspiración para defraudar a los votantes con alegatos infundados de fraude electoral. Sin embargo, la causa fue suspendida por el fiscal especial Jack Smith tras el regreso de Trump al poder, citando las políticas legales que restringen procesar a un presidente en funciones.

Este mensaje pone en entredicho la independencia del sistema judicial frente al poder político. Como diría el líder demócrata Hakeem Jeffries: “No se puede predicar democracia en el extranjero mientras se socava el Estado de derecho en casa”.

La guerra por la historia oficial

Lejos de buscar unidad o justicia histórica, EE. UU. se enfrenta hoy a una batalla por quien escribe su historia reciente. El hecho de que aún no se haya instalado una placa oficial en honor a los agentes del Capitolio, o que no haya acuerdo bipartidista sobre lo ocurrido, resalta la gravedad de esta disputa.

Con una elección presidencial en el horizonte, los bandos políticos apuntan no solo a las urnas, sino a la conciencia colectiva nacional. En este nuevo ciclo, el pasado no es simplemente una lección; es una herramienta de poder.

Arizona y el eco del fraude

El caso del exrepresentante de Arizona Austin Smith, condenado por falsificar rúbricas para una elección primaria, ilustra cómo la narrativa del fraude electoral promovida desde 2020 ha calado hondo. Smith incluso firmó el nombre de una persona fallecida en una de sus peticiones.

Su vínculo con Turning Point Action, un brazo de la organización Turning Point USA (fundada por Charlie Kirk), pone de manifiesto cómo se ha sistematizado esta guerra cultural-electoral bajo la bandera de restaurar la “integridad electoral”. Su sentencia, que incluye cinco años fuera de cargos públicos, es poco más que una llamada de atención sin consecuencias mayores.

¿Adónde va la democracia estadounidense?

Los cinco años transcurridos desde el ataque al Capitolio dejaron una imagen de democracia golpeada, pero, sobre todo, de suplantación discursiva. ¿Estado de derecho o ficción política a conveniencia? ¿Capitolio como símbolo o como trinchera?

El futuro del país dependerá no solo de quién gane las siguientes elecciones, sino de quién logre convencer a la mayoría de qué fue verdaderamente el 6 de enero de 2021.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press