El 6 de enero y el olvido deliberado: ¿Estados Unidos entierra su propia historia?

A cinco años del asalto al Capitolio, el Congreso incumple conmemorar oficialmente a los defensores de la democracia. ¿Memoria o amnesia intencionada?

En un rincón del Capitolio de Estados Unidos, debería haber una placa conmemorativa en honor a los agentes de policía que defendieron la democracia durante el ataque del 6 de enero de 2021. Sin embargo, esa placa no está. Nunca fue instalada. Nadie sabe exactamente dónde está. Se sospecha que yace olvidada en algún almacén del gobierno. Este hecho, que parece menor a primera vista, encierra un gran riesgo: el olvido colectivo de uno de los episodios más trascendentales —y dolorosos— del siglo XXI en la democracia estadounidense.

Una promesa legal que nunca se cumplió

En marzo de 2022, el Congreso aprobó una resolución que exigía la instalación de una placa honorífica oficial en el Capitolio. El mandato era claro: debía estar situada cerca del frente oeste del edificio, exactamente donde ocurrió gran parte de la violencia durante el asalto del 6 de enero.

La placa debió ser develada un año después. El plazo legal está más que vencido. Hoy, en la víspera del quinto aniversario del intento de insurrección, no hay rastro público de ese monumento.

Un Capitolio sin memoria oficial

En contraste con esa ausencia institucional, unos 100 legisladores, en su mayoría demócratas, han montado réplicas en forma de carteles afuera de sus oficinas. Simulan ser imitación de la placa oficial propuesta, con una inscripción conmovedora: “En nombre de un Congreso agradecido, esta placa honra a los individuos extraordinarios que protegieron y defendieron este símbolo de la democracia el 6 de enero de 2021. Su heroísmo nunca será olvidado”.

El mensaje es claro: si el liderazgo del Congreso no se decide a cumplir la ley y honrar a quienes impidieron un golpe de Estado, ellos lo harán, aunque sea con carteles improvisados.

¿Por qué no está la placa?

Oficialmente, la respuesta es que existe una demanda en curso que impide al Architect of the Capitol —la entidad encargada de gestionar el edificio— publicar o comentar cualquier aspecto sobre la exhibición de la placa. Dos agentes que estuvieron en las líneas de defensa ese día, Harry Dunn y Daniel Hodges, han demandado al gobierno por el incumplimiento.

En su demanda, argumentan que la omisión deliberada promueve una narrativa distorsionada de la historia, marginando a quienes arriesgaron sus vidas en defensa del orden institucional. “Al negarse a cumplir la ley y honrar a los oficiales como se requiere, el Congreso alienta esta reescritura de la historia”, reza su denuncia.

Un ataque histórico y sus consecuencias

El 6 de enero de 2021, una multitud de seguidores del entonces presidente Donald Trump atacó el Capitolio de Estados Unidos con la intención de evitar la certificación del resultado electoral que daba la victoria a Joe Biden. El intento de reversión del resultado democrático dejó al menos cinco muertos y más de 140 oficiales heridos. Algunos sufrieron heridas de gravedad; otros murieron por suicidio en los días posteriores.

La reacción del gobierno federal fue masiva. Alrededor de 1,500 personas fueron imputadas en una de las investigaciones penales más grandes en la historia del país.

Y sin embargo, la saga no terminó ahí: cuando Donald Trump retomó la presidencia en enero de 2025, indultó a todos los procesados involucrados en el ataque. Un acto sin precedentes que muchos ven como una validación de un intento de golpe de Estado.

“Un día de amor”: el lavado histórico trumpista

Donald Trump ha calificado repetidamente el 6 de enero como “un día de amor”. Sus aliados, como el actual presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, han evitado realizar actos de conmemoración oficiales. De hecho, Johnson fue uno de los legisladores que se opusieron a certificar el resultado de la elección de 2020.

Para la historiadora y congresista demócrata Zoe Lofgren, esa ausencia de reconocimiento es inquietante. “Nos salvamos... ellos salvaron mi vida y salvaron la democracia. Merecen ser agradecidos por ello”, declaró.

Una herida sin cicatrizar

¿Qué tan relevante será el 6 de enero en 50 años? El historiador Douglas Brinkley lo planteó así: “La pregunta es si el 6 de enero se verá como el momento seminal en el que la democracia estuvo en peligro, o si se recordará como una rareza sin mayor trascendencia.”

El riesgo del olvido institucional es claro. A diferencia de otros eventos históricos traumáticos, como el atentado del 11 de Septiembre o el atentado en Oklahoma City, no existe hoy un memorial físico o simbólico de lo ocurrido ese día en el Capitolio.

Por eso se instala una placa”, explicó la congresista Mary Gay Scanlon, “para respetar la memoria y el servicio de quienes estuvieron involucrados”.

El símbolo silencioso de la resistencia

Las más de 100 placas improvisadas colocadas por legisladores demócratas se han transformado en un símbolo poderoso de resistencia y memoria. Para Joe Morelle, uno de los impulsores de la iniciativa, se trata de una forma de documentar y recordar: “En vez de una placa, ahora tenemos 100.”

¿Una narrativa adversa?

Mientras el lado demócrata conmemora el evento como un día de defensa heroica de la democracia, los republicanos —particularmente los cercanos a Trump— parecen decididos a apagar esa narrativa.

Desde la mayoría republicana en la Cámara se ha creado un comité especial, presidido por Barry Loudermilk, con el objetivo de “descubrir la verdad” sobre lo que ocurrió realmente el 6 de enero. Bajo esta iniciativa, diez testimonios han intentado culpar al FBI y otras instituciones, mientras ignoran el rol central del propio Trump y sus seguidores.

Una placa más grande: la memoria colectiva de los ciudadanos

Más allá de las legalidades y el simbolismo político, existe un actor que no puede ser ignorado: el pueblo estadounidense. Si los espacios oficiales fallan en recordar, ¿acaso la memoria popular podrá sostener el testimonio de lo ocurrido?

El desafío de la sociedad civil es enorme. Es necesario convertir el 6 de enero en un hito educativo, institucional y cultural. Como apunta el congresista Jamie Raskin, “hay generaciones que están creciendo ahora sin entender qué tan cerca estuvimos de perder nuestra democracia ese día”.

Puede que los monumentos de mármol y las placas de bronce descansen en almacenes oscuros, pero si la ciudadanía recuerda —en aulas, en bibliotecas, en películas, en actos cívicos— tal vez el olvido sistematizado no logre su objetivo.

El Capitolio puede callar. La historia no tiene por qué hacerlo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press