Eva Schloss: La historia de coraje, memoria y resistencia de una superviviente del Holocausto

Pasó años en silencio tras sobrevivir a Auschwitz, pero en sus últimos 40 años de vida, Eva Schloss dedicó su voz a que el mundo no olvide el horror del Holocausto

Una vida marcada por la tragedia, guiada por el valor

Eva Schloss no fue una figura pública inmediata tras la Segunda Guerra Mundial. Tampoco lo buscó. De hecho, vivió en relativo silencio durante décadas. Pero su historia es, sin duda, una de las más potentes formas de mostrar el impacto del Holocausto y lo que significa educar desde la experiencia.

Nacida como Eva Geiringer en Viena en 1929, fue testigo de uno de los periodos más oscuros del siglo XX y dedicó gran parte de su vida adulta a evitar que el mundo lo olvidara. Su muerte a los 96 años en Londres no solo marca el fin de una larga vida, sino también un hito histórico: se apaga una de las últimas voces supervivientes que conocieron a Anne Frank y compartieron con ella una experiencia paralela de horror, pérdida y supervivencia.

Una infancia interrumpida

Eva vivía en Austria junto a su familia judía cuando el régimen nazi anexó el país en 1938. Como muchos otros, la familia Geiringer huyó, buscando refugio en Ámsterdam. Allí, el destino los cruzó con otra familia judía en el exilio: los Frank. Eva entonces tenía la misma edad que Anne Frank, convirtiéndose en su amiga antes de que ambas fueran forzadas a esconderse tras la ocupación nazi de los Países Bajos.

Dos historias paralelas

Las familias Geiringer y Frank permanecieron escondidas durante dos años, intentando evitar la persecución nazi. Sin embargo, ambas fueron traicionadas. Eva, junto a su madre, su padre y su hermano, fueron arrestados por la Gestapo y deportados primero al campo de concentración de Westerbork, y luego a Auschwitz.

Como es bien sabido, Anne Frank murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Pero Eva y su madre sobrevivieron. Su padre y su hermano no tuvieron la misma suerte y murieron en Auschwitz. En 1945, cuando las tropas soviéticas liberaron el campo, Eva comenzó una nueva vida marcada por el trauma, el dolor y el silencio.

Un nuevo comienzo, pero no olvido

Tras la guerra, Eva se trasladó a Londres, donde finalmente se casó con Zvi Schloss, un refugiado judío alemán. En 1953, su madre Fritzi se casó con Otto Frank, el padre de Anne y único miembro sobreviviente de la familia Frank. Así, Eva se convirtió en la hermanastra postiza de la joven autora del diario más célebre del Holocausto.

Del silencio al testimonio

Durante décadas, Eva guardó silencio sobre su experiencia. “No me lo permitían. Luego simplemente lo reprimí. Estaba furiosa con el mundo”, contó en una entrevista de 2004. No fue hasta 1986, en la apertura de una exposición sobre Anne Frank en Londres, que Eva rompió su silencio públicamente. Ese momento marcó el inicio de su vida como activista y educadora del Holocausto.

A partir de entonces, recorrió miles de kilómetros para hablar con jóvenes en escuelas y centros penitenciarios, asistió a conferencias internacionales y escribió libros, como “Eva’s Story: A Survivor's Tale by the Stepsister of Anne Frank”, donde contaba su experiencia con una mezcla de honestidad desgarradora y profunda humanidad.

Una voz contra el antisemitismo y el olvido

En 2019, cuando ya tenía 90 años, llegó a Newport Beach, California para reunirse con adolescentes que habían sido fotografiados haciendo saludos nazis en una fiesta escolar. En lugar de condenarlos de manera categórica, Eva decidió hablar con ellos, entablar un diálogo y explicar en primera persona qué representaba ese gesto y cuál era su peso histórico.

En 2020, se sumó a una campaña junto a otras figuras para exigir a Facebook la eliminación de contenido que negaba el Holocausto. “Nunca debemos olvidar las consecuencias terribles de tratar a las personas como 'otros'. La educación es la única vía para prevenir esto, y cuanto antes empecemos con los jóvenes, mejor”, declaró.

Educación desde la experiencia

La historia de Eva representó una transformación profunda. Pasó de ser una niña temerosa escondida en un ático a una educadora y símbolo de resistencia. Según el Anne Frank Trust UK, del cual era presidenta honoraria, su trabajo fue invaluable para enseñar a las nuevas generaciones sobre prejuicio, tolerancia y respeto.

“Eva dedicó el resto de su vida a superar el odio y el prejuicio, promoviendo la amabilidad, el coraje, la comprensión y la resiliencia”, dijo el rey Carlos III del Reino Unido. Agregó que se sentía “orgulloso y privilegiado” de haberla conocido.

Un legado que perdura

La familia de Eva emitió un comunicado donde la describió como “una mujer extraordinaria: una superviviente de Auschwitz, una educadora incansable del Holocausto, comprometida con la paz, la memoria y el entendimiento”. Añadieron que su legado vivirá a través de sus libros, documentales y entrevistas.

Eva Schloss dejó a tres hijas, nietos y bisnietos. Su vida demuestra que incluso las experiencias más desgarradoras pueden transformarse en una herramienta poderosa de educación y cambio. A través de su voz, miles —si no millones— de personas aprendieron a ver el pasado con los ojos de quienes lo vivieron, a rechazar el odio y abrazar la empatía.

El valor de recordar

Hoy, cuando los discursos negacionistas, racistas y antisemitas resurgen peligrosamente en distintos rincones del mundo, figuras como Eva Schloss se vuelven aún más necesarias. Aunque ya no esté físicamente entre nosotros, sus palabras, acciones y enseñanzas continúan iluminando el camino para combatir la intolerancia a través de la educación.

Como ella misma dijo en su última entrevista pública: “No podemos cambiar el pasado, pero podemos elegir no repetirlo”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press