Intervención en Venezuela: ¿Trump regresa al imperialismo estadounidense del siglo XX?

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de EE.UU. reabre el debate sobre la doctrina Monroe, el poderío militar y los intereses energéticos norteamericanos en América Latina

Una operación relámpago que sacudió el hemisferio

El 3 de enero de 2026 quedará marcado como el día en que Estados Unidos capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro en una operación militar sin precedentes desde hace décadas en América Latina. Con el despliegue de fuerzas especiales en pleno corazón de Caracas, la administración Trump ejecutó una acción con reminiscencias históricas que ha despertado elogios y alarma en todo el mundo.

Maduro fue trasladado a Manhattan para enfrentar cargos de narcotráfico y terrorismo, mientras la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, denunció su desaparición, exigiendo pruebas de vida. Pero esto no es solo una historia de un arresto espectacular. Es el reflejo de un viraje geopolítico que hunde sus raíces en una doctrina con más de 200 años de antigüedad: la Doctrina Monroe.

“Dominio estadounidense en el hemisferio occidental”

Las palabras del presidente Donald Trump fueron claras: “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca será cuestionado de nuevo.” Este mensaje, trasmitido en su red social Truth Social después de la operación, marcó un punto de quiebre en la política exterior estadounidense. Trump comenzaba a hablar como lo hacían presidentes del pasado colonialista, desde Theodore Roosevelt hasta Woodrow Wilson.

El mensaje de fuerza, acompañado por amenazas dirigidas a países como Cuba, México y Colombia, ha generado preocupación entre gobiernos latinoamericanos y aliados europeos que ven en este accionar un retorno a la diplomacia de las cañoneras.

El espectro del imperialismo revive: Monroe y Roosevelt como referentes

Para entender el contexto, basta mirar al pasado. La Doctrina Monroe, promulgada en 1823, declaraba que cualquier intervención de potencias extranjeras en el continente americano sería vista como una agresión hacia EE.UU. Esta política se convirtió más tarde en la justificación de múltiples intervenciones: la ocupación de Haití, la separación de Panamá de Colombia o la invasión a República Dominicana.

Historiadores como Edward Frantz afirman que Trump está retomando esa retórica sin filtros y sin atenuantes democráticos. “Vietnam e Irak generaron debate sobre si EE.UU. retornaba al imperialismo, pero sus líderes envolvían sus decisiones en discursos sobre libertad. Trump está siendo brutalmente directo”, dijo en declaraciones a medios estadounidenses.

Más allá del antinarcóticos: ¿un conflicto por petróleo?

Thomas Massie, congresista republicano de Kentucky, fue uno de los primeros en criticar la intervención: “Venezuela no es sobre drogas; es sobre petróleo y cambio de régimen”. Su postura libertaria lo enfrenta a Ed Gallrein, un candidato respaldado por Trump, quien considera la operación como parte de una política para “restaurar el orden y proteger a las familias estadounidenses”.

Trump no escondió sus intenciones energéticas. “Nuestras compañías petroleras invadirán y arreglarán la infraestructura rota de Venezuela para hacer dinero para ellos y para el país”, prometió. Estas declaraciones volvieron a encender alarmas sobre la explotación de recursos en países con gobiernos debilitados o dependientes.

Latinoamérica dividida: apoyo desde la derecha, rechazo desde el sur

Mientras mandatarios del cono sur rechazaron las acciones por atentar contra la soberanía, líderes alineados a Trump como Jair Bolsonaro (Brasil), Nayib Bukele (El Salvador) y Santiago Peña (Paraguay) celebraron el “fin de la dictadura narcochavista” como una oportunidad para “recuperar la democracia en el continente”.

La OEA, debilitada políticamente, se mantiene dividida. El canciller colombiano llevó la denuncia al Consejo de Seguridad de la ONU, tildando la acción como “una interferencia intolerable” y alertando sobre un precedente riesgoso para la región.

¿Dónde queda la legalidad internacional?

Las acciones estadounidenses fueron criticadas por Rusia, China e incluso por gobiernos europeos. Para Vassily Nebenzia, embajador ruso ante la ONU, “no se puede permitir que EE.UU. se proclame juez supremo del mundo.” En tanto, líderes demócratas estadounidenses advirtieron que el accionar podría dar luz verde a que Vladimir Putin o Xi Jinping justifiquen anexiones territoriales similares.

Del otro lado, Mike Pompeo —exsecretario de Estado— argumentó que “la seguridad hemisférica no puede depender de un narcoestado dirigido por un dictador”. Para el ala trumpista del Partido Republicano, se trata de un regreso necesario al liderazgo global de EE.UU.

Greenland y las ambiciones expansionistas

Como si Venezuela no fuera suficiente, Trump volvió a manifestar su deseo de adquirir Groenlandia “por razones de seguridad nacional”. Esto provocó una dura reacción de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, quien advirtió que cualquier intento de acción militar en un país miembro de la OTAN “acabaría con la alianza transatlántica”.

Ya en su primer mandato, Trump había expresado públicamente su interés por la isla rica en recursos naturales. Pero ahora, sus intenciones parecen tener una hoja de ruta más concreta y respaldada por un aparato militar que vuelve a levantar tensiones globales.

Una nueva era de política hemisférica unipolar

La intervención en Venezuela marca no solo un punto de inflexión para el país caribeño, sino para toda la región. Si en las últimas décadas Estados Unidos aplicaba sanciones, aislamiento diplomático o presión económica, ahora ha vuelto al uso directo de la fuerza como instrumento de poder.

¿Estamos ante una reedición del siglo XX en versión siglo XXI? ¿Podrán los países latinoamericanos resistirse a una posible nueva ola de intervenciones? ¿Sobrevivirá la legalidad internacional a este nuevo paradigma unilateral?

Mientras tanto, Maduro, acusado de múltiples crímenes y sostenido durante años por alianzas con Rusia, Irán y Turquía, enfrenta la justicia estadounidense. Y Venezuela, dividida entre quienes celebran su captura y quienes la consideran un atropello a la soberanía, entra en un capítulo político aún incierto.

¿Qué sigue ahora?

  • EE.UU. anunció el apoyo a una transición encabezada por Delcy Rodríguez, exvicepresidenta, hoy autoproclamada presidenta interina.
  • Empresas petroleras como ExxonMobil y Chevron preparan remisiones para instalarse nuevamente en el país sudamericano.
  • La oposición venezolana, excluida del proceso, demanda elecciones supervisadas por organismos multilaterales.
  • En la ONU y La Haya, se evalúan posibles consecuencias legales por la intervención.

Desde un prisma histórico, la movida de Trump representa el renacimiento de un estilo imperialista que parecía superado. Pero en un mundo multipolar, esa lógica genera reacciones que pueden reconfigurar no solo el continente, sino el orden global.

La pregunta abierta es: ¿vivimos una primavera democrática para América Latina o el regreso del águila imperial?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press