Operación en Venezuela: ¿Un acto de justicia o una peligrosa redefinición del orden mundial?
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses desata una tormenta diplomática en la ONU, reabre debates sobre soberanía y plantea serias implicaciones geopolíticas
Por Redacción Internacional
Un fin de semana que estremeció a la diplomacia global
El pasado 3 de enero, el mundo presenció uno de los episodios más controversiales en la historia reciente de la política internacional: fuerzas militares estadounidenses irrumpieron en territorio venezolano y capturaron al presidente Nicolás Maduro, quien fue trasladado a una corte en Nueva York acusado por el Departamento de Justicia de conspiración para narcotráfico y terrorismo.
La operación, calificada por la administración estadounidense como un “discreto operativo policial”, despertó la inmediata respuesta del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que convocó una reunión de emergencia para tratar lo que muchos consideraban una violación flagrante del derecho internacional. Casi todas las voces, tanto aliadas como adversarias de EE. UU., coincidieron en algo: el precedente que esto podría sentar es, al menos, alarmante.
¿Un nuevo paradigma para las relaciones internacionales?
La intervención norteamericana en Venezuela es apenas una pieza de un ajedrez geopolítico en constante cambio. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la operación podría minar décadas de principios y normas internacionales establecidos tras la Segunda Guerra Mundial. En su declaración, dejó claro su descontento:
“Me preocupa profundamente que se hayan violado las normas del derecho internacional con respecto a la acción militar del 3 de enero. Una acción tan grave podría establecer un precedente peligroso en las relaciones entre naciones.”
Desde Copenhague, el gobierno de Dinamarca —aliado de EE. UU. en la OTAN y con jurisdicción sobre Groenlandia, otro tema polémico en la estrategia geopolítica de Trump— también fue categórico: “La inviolabilidad de las fronteras no está sujeta a negociación.”
Acusaciones cruzadas en la ONU: ¿Quién tiene la razón?
La sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad evidenció una ruptura profunda entre la concepción estadounidense de “justicia global” y la visión multilateral defendida por la mayoría de los miembros del organismo. La representante de Colombia, Leonor Zalabata, comparó la intervención con los oscuros episodios de intervenciones del siglo XX:
“La democracia no puede promoverse a través de la violencia ni imponerse por intereses económicos.”
Por su parte, el embajador ruso Vasily Nebenzya lanzó una grave acusación que resonó en toda la sala:
“No podemos permitir que los Estados Unidos se autoproclamen jueces supremos del planeta, invadiendo países, juzgando culpables e imponiendo castigos sin tener en cuenta la soberanía ni el derecho internacional.”
Pese a las críticas, el enviado de EE. UU., Mike Waltz, exasesor de seguridad nacional del presidente Trump, se mantuvo firme. Defendió la acción como una operación quirúrgica y necesaria para capturar a un criminal internacional:
"¿Qué clase de organismo es esta ONU si otorga el mismo estatus a un narco-terrorista ilegítimo que al presidente de una democracia real?"
Una intervención más allá de Venezuela: Colombia, México y... ¿Groenlandia?
Pero la operación no fue un hecho aislado. En su discurso, el presidente Trump sugirió públicamente estar evaluando acciones similares contra Colombia y México, argumentando su implicación en el narcotráfico. Además, renovó su viejo anhelo de adquirir Groenlandia por razones de «seguridad estratégica».
Estas declaraciones, consideradas por muchos como temerarias, fueron recibidas con escepticismo y rechazo en distintos foros. Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, reiteró el carácter “no negociable” de la soberanía sobre dicho territorio.
¿Quién realmente es Nicolás Maduro a los ojos del mundo?
Más allá del debate legal, la figura de Maduro es en sí misma polémica. Acusado por años de corrupción, represión de oponentes, crisis humanitaria y una alianza con el narcotráfico, para algunos su captura representa justicia internacional, algo similar a lo ocurrido con Manuel Noriega en Panamá en 1989.
Sin embargo, otros lo consideran un jefe de Estado legítimamente electo, cuestionando así el derecho de EE. UU. a intervenir militarmente en suelo extranjero sin una declaración previa de guerra o sin el aval internacional.
Una bomba geopolítica en medio de conflictos regionales
El operativo ocurre además en un contexto global tenso. En Medio Oriente, Israel ha intensificado sus bombardeos en el sur y el este de Líbano, apuntando a infraestructuras de Hezbollah y Hamas, apenas días antes de una reunión crítica sobre el desarme de milicias en la frontera. Mientras tanto en Pakistán, la policía antiterrorista evitó un ataque masivo tras incautar dos toneladas de explosivos destinados a la insurgencia del Ejército de Liberación Baluchi.
Este panorama subraya una realidad: el mapa de conflictos del siglo XXI está lejos de encontrar equilibrio, y las acciones unilaterales solo añaden inestabilidad a una situación ya volátil.
Maduro, capturado pero desafiante
El lunes, Maduro apareció en un tribunal de Nueva York. Vestido con un uniforme oscuro, declaró que había sido “secuestrado” y se declaró no culpable de los cargos. Fuera del tribunal, seguidores y detractores se aglomeraron con gritos, pancartas y tensión.
En una videollamada desde Caracas, su vicepresidente y exCanciller, Delcy Rodríguez, repudió la captura y pidió apoyo internacional para liberar al líder venezolano: “Esto no es justicia, es colonialismo del siglo XXI.”
¿Vuelta a la política de “Big Stick”?
La política exterior de Trump revive el viejo legado del “Big Stick”, caracterizado por la intervención directa como instrumento para proteger intereses estratégicos. Este enfoque, legitimado por la Doctrina Monroe en 1823 y reforzado en el siglo XX a través de intervenciones en Panamá, Nicaragua, República Dominicana y otros países, renace en pleno 2026 en un mundo que se suponía más multilateral.
Para algunos, se trata de imponer orden frente a fallos institucionales. Para otros, supone un retroceso hacia la era de los imperios y del «derecho del más fuerte».
Reflexión: El riesgo de redefinir el orden global a la fuerza
La detención de Maduro abre un debate urgente. ¿Debe permitirse a una potencia actuar unilateralmente bajo el argumento de justicia internacional? ¿Qué rol le queda entonces a las instituciones como la ONU? ¿Se acerca el fin del multilateralismo como lo conocemos?
Como dijo la danesa Christina Markus Lassen en su intervención ante el Consejo de Seguridad:
“Ningún Estado debe buscar influenciar los acontecimientos políticos en Venezuela (o en cualquier otro país) mediante la amenaza de la fuerza o utilizando medios incompatibles con el derecho internacional.”
Mientras tanto, en Venezuela reina la incertidumbre. ¿Qué vendrá tras la desaparición de su cuestionado líder? ¿Será el principio de una transición democrática real o el inicio de una administración indirecta desde Washington? El tiempo dirá.
Pero una cosa es segura: el mundo está observando.
