¿Burbuja o revolución?: El boom de la inteligencia artificial y los riesgos fiscales de California
El auge de la IA impulsa ingresos récord para California, pero afianza una peligrosa dependencia económica en medio de pérdidas de empleo y advertencias de una posible burbuja tecnológica.
California: en la cuerda floja fiscal
California se encuentra en una encrucijada económica. Por un lado, el boom tecnológico impulsado por la inteligencia artificial (IA) ha generado ingresos fiscales por encima de lo esperado para el estado. Según un reciente análisis de la Legislative Analyst’s Office (LAO), los impuestos recaudados por la retención de opciones sobre acciones —que las grandes empresas tecnológicas pagan como parte de la compensación a sus empleados— representaron alrededor del 10% del total de impuestos sobre la renta personal en 2025. Esta cifra se ha mantenido estable respecto a 2024, pero muestra un preocupante salto desde el 6% registrado hace apenas tres años.
Sin embargo, detrás de esta bonanza fiscal se esconde una gran incertidumbre. ¿Estamos siendo testigos del surgimiento de una nueva era tecnológica transformadora o simplemente de una burbuja especulativa a punto de estallar?
El impacto fiscal de las grandes tecnológicas
El grueso de estos ingresos proviene de grupos gigantes como Apple, Google, Nvidia, Broadcom y Meta, cuyos rendimientos bursátiles han sido notables. En 2025, Nvidia y Broadcom vieron crecer sus acciones en un 59% y 46%, respectivamente. Pero vale la pena aclarar que este tipo de ingresos fiscales se concentra en una cantidad muy reducida de empleados privilegiados que reciben paquetes de acciones, y no refleja el estado general del mercado laboral.
La sobrerrepresentación de este tipo de ingresos en el presupuesto estatal convierte a California en una economía cada vez más dependiente de un pequeño número de compañías tecnológicas, y más aún, de las valoraciones bursátiles de estas empresas, que pueden cambiar repentinamente.
¿Un boom sin empleos?
A pesar del entusiasmo bursátil, las cifras de empleo son cada vez más preocupantes. Entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, los trabajos en el sector tecnológico del Área de la Bahía cayeron un 1.3%, y los del sector servicios profesionales y empresariales descendieron aún más: 1.5%, según el Bay Area Council Economic Institute.
“En este momento, la IA no es una generadora de empleo neto”, señaló Jeff Bellisario, director ejecutivo del instituto de investigación.
De hecho, empresas como Salesforce han mencionado explícitamente a la inteligencia artificial como una de las causas detrás de despidos masivos. El avance de la automatización, impulsada por algoritmos cada vez más sofisticados, parece estar reemplazando tareas humanas sin crear suficientes oportunidades laborales alternativas.
Una economía en desaceleración
La paradoja actual es clara: mientras los ingresos fiscales se disparan gracias a la IA, el mercado laboral de California permanece estancado. El estado registró en septiembre de 2025 una tasa de desempleo del 5.6%, la más alta de todo Estados Unidos.
Esto no solo preocupa a los analistas del LAO, sino también a diversos economistas que ven con alarma una divergencia entre los valores bursátiles y la economía real.
¿Es la IA una burbuja?
Los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos, como Jensen Huang (CEO de Nvidia), ven el futuro con optimismo y afirman que “desde nuestra perspectiva, no se ve como una burbuja”. Otros, como Dan Ives de Wedbush Securities, describen este momento como similar a 1996, en los albores del gran desarrollo de Internet, y no como a 1999 o 2000, justo antes del colapso de las punto-com.
Pero hay quienes lanzan serias advertencias. En un informe publicado en noviembre de 2025, investigadores de Allianz Trade destacan que el entusiasmo del mercado alrededor de la IA contiene “señales clásicas de una burbuja de activos”: consenso generalizado, valoraciones no comprobadas y ganancias a veces desconectadas de los ingresos reales. Además, mencionan que el gasto corporativo masivo está ejerciendo presión sobre las infraestructuras energéticas debido al aumento en la construcción de centros de datos.
El dilema político: ¿regular o incentivar?
California también enfrenta grandes presiones en el ámbito político. Según Kaitlyn Harger del Chamber of Progress —un lobby financiado por empresas tecnológicas—, la salud del sistema de servicios públicos del estado depende directamente de la vitalidad del sector tech.
El estado lidera los esfuerzos en regulación de la IA, pero también se enfrenta a la oposición del gobierno federal para que las leyes estatales no entren en conflicto con futuras normativas nacionales.
“La red de seguridad social de California depende de una industria tecnológica fuerte”, apunta Harger.
Lecciones del pasado: el espejo del año 2000
El inicio acelerado de esta revolución tecnológica recuerda los años previos a la burbuja de las punto-com, cuando compañías como Pets.com, con modelos de negocio poco sólidos, captaron millones en inversiones antes de desaparecer. El paralelismo levanta dudas: ¿podría la IA estar siguiendo el mismo camino?
Análisis de la firma PitchBook identifican demasiadas startups sin diferenciación real, en sectores como la generación automática de notas médicas, drones para defensa aérea, bots para asistentes personales o desarrollo de contenido para videojuegos. Los inversores empiezan a exigir más pruebas de valor real antes de seguir apostando a ciegas.
¿Puede el estado resistir un pinchazo?
Según Chas Alamo, del LAO, cualquier debilitamiento en el mercado de la IA podría producir una caída brusca en la recaudación fiscal, lo cual llegaría en mal momento: se calcula que el estado enfrentará un déficit cercano a los $18,000 millones este año, en parte por los recortes federales impulsados por la administración Trump.
En un contexto de crecimiento laboral estancado, aumento del desempleo y dependencias fiscales peligrosas, muchos expertos coinciden en que California debe diversificar su base económica si quiere evitar una crisis financiera en el futuro cercano.
Una revolución... ¿para quién?
Aunque la IA promete una nueva era de eficiencia, automatización y descubrimientos científicos, también genera una profunda desigualdad: los beneficios, al menos por ahora, se concentran en los accionistas y altos ejecutivos, mientras que los empleados, especialmente del sector medio o bajo, enfrentan despidos, reconversiones forzadas y falta de oportunidades nuevas.
El crecimiento sin generación de empleo no solo plantea dudas éticas, sino también económicas: ¿cómo sostener un sistema fiscal basado en ingresos personales si los trabajos desaparecen o no avanzan al ritmo esperado?
¿Qué sigue para California?
El estado se encuentra en la línea de fuego de una transformación tecnológica que puede brindar frutos a largo plazo, pero cuya volatilidad podría arrastrar consigo empleos, estabilidad económica y el financiamiento de los servicios públicos.
La pregunta ya no es si la inteligencia artificial revolucionará nuestras vidas, sino si los sistemas económicos y políticos que nos rigen están preparados para absorber sus efectos colaterales.
