¿Estados Unidos gobernará Venezuela? El peligroso déjà vu de la intervención extranjera

La captura de Maduro ha dejado más preguntas que respuestas sobre la estrategia de Washington: una mirada crítica al rol de Trump y su posible plan para Venezuela

Una promesa sin plan claro

La reciente detención y extradición de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses ha sacudido el panorama geopolítico de América Latina. El presidente Donald Trump ha insinuado que Estados Unidos ahora está al mando de Venezuela, lanzando declaraciones grandilocuentes como que "vamos a manejar Venezuela". Sin embargo, al rascar un poco más allá de los titulares, lo que encontramos es una preocupante falta de planificación concreta.

Los comentarios ambiguos tanto de Trump como del Secretario de Estado Marco Rubio han creado incertidumbre. Mientras uno sugiere que EE.UU. tomará las riendas de la nación caribeña, el otro da a entender que se mantendrá a distancia, cediendo el control a los subalternos de Maduro pero con una vigilancia estricta a través de sanciones económicas y presión diplomática.

Rubio, Trump y la disonancia estratégica

Durante una comparecencia reciente, Rubio afirmó que Estados Unidos no instalará un gobierno provisional ni se implicará directamente en la administración del país día a día. En contraste, Trump ha dicho públicamente que "Venezuela ya está bajo control". Esta dualidad no solo ha confundido a la opinión pública, sino también a exfuncionarios y diplomáticos experimentados.

"Parece que no tienen idea de lo que sigue", dijo Dan Fried, ex funcionario del Departamento de Estado y ahora miembro del Atlantic Council. Fried criticó la falta de coherencia y la inexistencia de un plan de post-intervención claro, a diferencia de operaciones como la de Panamá en 1989 o Irak en 2003, que aunque fallidas en algunos casos, fueron precedidas por discusiones interagencias extensas.

Venezuela: ¿otro Irak en ciernes?

Es inevitable trazar paralelismos con intervenciones anteriores como las de Irak, Afganistán o Libia. Todas compartieron un denominador común: promesas de democracia seguidas de caos, insurgencia y enorme gasto humano y financiero.

En Irak, por ejemplo, el gobierno de George W. Bush aseguraba que el país se transformaría en un faro democrático para el Medio Oriente tras el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003. Dos décadas después, Irak sigue enfrentando inestabilidad política, terrorismo y una economía debilitada. Según el Costs of War Project de la Universidad Brown, el conflicto costó a EE.UU. más de 850 mil millones de dólares y más de 4,500 vidas militares estadounidenses.

Panamá: la excepción que confirma la regla

La invasión estadounidense a Panamá en 1989 puede parecer un ejemplo exitoso. Pero ese éxito se debió a factores únicos: una menor población, un territorio mucho más pequeño que Venezuela, lazos históricos de subordinación con EE.UU. e incluso una transición democrática planeada con antelación.

En dicho operativo, que derrocó a Manuel Noriega, la administración de George H. W. Bush tardó casi un año en planear cada paso con minuciosidad. Y aún así, hubo muertes civiles y protestas internacionales.

Venezuela no es Irak… pero tampoco Panamá

“Venezuela no se parece en nada a Irak ni a Afganistán; tiene una tradición cultural profundamente occidental y lazos históricos con Estados Unidos”, dijo Marco Rubio. Pero lo que no menciona es que Venezuela también tiene una arraigada historia de rechazo a las intervenciones extranjeras, un aparato militar poderoso, y alianzas con potencias como Rusia e Irán.

Además, su enorme tamaño geográfico (más de 900,000 km²) y una población de casi 30 millones hacen que cualquier intento de ocupar, gobernar o siquiera influenciar a gran escala sea logísticamente y diplomáticamente complejo.

Sin hoja de ruta: ¿quién liderará Venezuela?

Otra de las grandes incógnitas es: si no es Maduro, ¿quién? Trump ha descartado a la opositora María Corina Machado, a pesar de que su partido presumiblemente ganó las elecciones en 2024, las mismas que Maduro se negó a reconocer. En lugar de ella, Trump indicó que estaría dispuesto a trabajar con la actual vicepresidenta Delcy Rodríguez, siempre que ella coopere con EE.UU.

Esto ha sido interpretado por analistas como una señal de que Washington prioriza la estabilidad y control económico (particularmente del petróleo) sobre la democracia real. Como dijo el asesor Rich Goldberg: “no se trata de instalar a alguien nuevo, sino de asegurarnos que quien esté ahí haga lo que nosotros queremos”.

El factor petróleo y las verdaderas motivaciones

Para muchos legisladores y activistas, el arresto de Maduro no se trata de un acto benevolente ni exclusivamente antidrogas. El congresista republicano Thomas Massie lo dijo claro en la red social X: “Despierten MAGA. Esto no es sobre drogas, es sobre petróleo y cambio de régimen”.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, superando incluso a Arabia Saudita. Golpear a su liderazgo para tener influencia sobre su industria energética es visto, por críticos, como el objetivo real detrás del operativo.

El pueblo venezolano, otra vez relegado

En medio de estas maniobras geopolíticas, el pueblo venezolano sigue siendo el gran ausente en la conversación de los tomadores de decisión estadounidenses. No se habla de sus derechos, de su voz, ni de sus aspiraciones democráticas como protagonistas del futuro político.

Como ha sucedido en otros escenarios postintervención, los vacíos de poder suelen dar lugar a facciones violentas, caos económico y desplazamiento masivo. Según ACNUR, más de 7.7 millones de venezolanos han huido del país desde 2015 por razones políticas, sociales y económicas. Un nuevo conflicto lo agravaría.

La paradoja de Trump y su base 'anti-intervencionista'

Trump construyó una gran parte de su base electoral sobre el rechazo a las guerras extranjeras, enarbolando el lema "America First". Sin embargo, en menos de una década ha liderado ataques en Siria, reactivado tensiones con Irán, y ahora, capta titulares por su intervención en América Latina.

Incluso figuras conservadoras como Rand Paul reaccionaron con escepticismo: “el tiempo dirá si el cambio de régimen en Venezuela será exitoso sin un alto costo monetario o humano". En sus redes sociales advirtió que las victorias militares rápidas rara vez se traducen en estabilidad prolongada.

¿El mismo error en Gaza?

Lo inquietante es que el caso venezolano no es el único que preocupa. Trump también ha anunciado su intención de liderar una Junta de Paz para el Gaza posbélico, repitiendo así el patrón de comprometer a EE.UU. en escenarios que podrían requerir décadas para estabilizarse.

Estas nuevas formas de ocupación sin invasión formal recuerdan la doctrina del control indirecto: usar sanciones, manipulación diplomática, y control financiero de instituciones clave para instalar gobiernos títeres. Un modelo más limpio para el siglo XXI, pero igual de peligroso y con menos transparencia.

¿Camino a otra década perdida?

Ya lo vimos en el pasado: sin una estrategia clara para la transición democrática, sin involucrar a las fuerzas reales de oposición local, sin planificación logística y humanitaria, y sin consenso internacional, los resultados son catastróficos. La historia dirá si Venezuela será un nuevo ejemplo de intervención fallida o si esta vez la geopolítica supo aprender de sus errores pasados.

Lo cierto es que, por ahora, todo lo que rodea a la intervención estadounidense en Venezuela apunta más al caos disfrazado de solución. Y si hay algo que la historia moderna nos ha enseñado, es que los países no se manejan a golpe de improvisación.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press