¿Paz Condicional? Las dudas que persisten tras la cumbre de seguridad para Ucrania en París
Líderes de Occidente discuten garantías de seguridad para Ucrania, pero sin compromisos vinculantes ni tropas desplegadas
Un momento clave, pero ¿es suficiente?
Después de casi cuatro años de guerra incesante y agresiones por parte de Rusia, los aliados occidentales de Ucrania se reunieron en una significativa cumbre en París con el objetivo de definir lo que algunos consideran una "ruta hacia la paz". La reunión congregó a líderes de estados europeos, representantes canadienses, funcionarios senior de EE.UU., la Unión Europea y la OTAN, todo en busca de establecer un marco de garantías de seguridad internacionales que se activarían tras un eventual alto al fuego.
Pero pese al tono optimista de los comunicados oficiales, quedaron en el aire muchas preguntas: ¿qué tan reales son estas garantías? ¿Podrán los compromisos no vinculantes frenar nueva agresión rusa? ¿Es este un paso hacia la paz o un espejismo diplomático?
Una promesa sin soldados
Uno de los puntos clave fue la promesa general de mantener el apoyo militar a Ucrania incluso tras un cese al fuego. Sin embargo, ningún país confirmó en París el despliegue inmediato de tropas en suelo ucraniano. En su lugar, se habló de establecer centros militares y almacenes protegidos de armamento que operarían tras la guerra, como anunciaron el primer ministro británico Keir Starmer y el presidente francés Emmanuel Macron.
Tal como señaló Starmer: “Estamos progresando, pero los pasos más difíciles aún están por delante”.
En términos reales, eso significa que las garantías están sujetas a procedimientos legislativos nacionales, negociación de detalles técnicos y, lo más importante, a que Rusia acepte alguna forma de alto al fuego, algo que hasta ahora ha rechazado a menos que incluya concesiones territoriales, cosa impensable para Kyiv.
La postura de Ucrania: agradecida pero alerta
El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy participó virtualmente en la reunión y agradeció los avances, pero dejó claro que aún no hay una sólida estructura de defensa que sustituya las armas y tropas activas que su país necesita cada semana para resistir a Rusia. Según explicó:
“Determinamos qué países están listos para liderar elementos de las garantías de seguridad en tierra, aire, mar y en la reconstrucción. Ahora debemos llevar estos compromisos a la implementación real”.
Una advertencia recurrente por parte de funcionarios ucranianos es que un alto al fuego débil, sin garantías reales, le daría a Moscú tiempo para reagruparse y volver a atacar, como ocurrió tras los Acuerdos de Minsk de 2014 y 2015.
¿Un nuevo modelo de seguridad europea?
Francia, organizadora de la cumbre, ha buscado proyectar esta iniciativa como un nuevo paradigma de seguridad europea, uno que no se limite a la disuasión pasiva sino que contemple respuestas rápidas, apoyo continuado y cooperación directa con Ucrania.
Emmanuel Macron describió la declaración conjunta como "un paso significativo hacia el fin de la invasión rusa", aunque no aclaró si Francia estaría dispuesta a enviar tropas.
El marco incluye:
- Apoyo militar multidimensional (tierra, aire y mar).
- Entrenamiento y suministro continuo de equipos al ejército ucraniano.
- Creación de centros logísticos y militares dentro de Ucrania postguerra.
- Supervisión del alto al fuego liderada por EE.UU.
¿Y Estados Unidos?
La delegación estadounidense estuvo representada por los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner, este último presenciando la significativa firma de la declaración de seguridad. Witkoff afirmó que Estados Unidos “apoya firmemente estas garantías”, pero no ofreció detalles sobre qué tipo de ayuda concreta podría brindar Washington en una fase posconflicto.
La realidad legislativa estadounidense, cada vez más polarizada en cuanto al gasto militar internacional, podría obstaculizar cualquier plan que requiera presencia directa o aumento significativo de asistencia.
Los silencios de Moscú
El Kremlin no emitió comentarios sobre la cumbre en París, aunque ha reiterado en otras ocasiones su rechazo a todo acercamiento que suponga una extensión de la OTAN en Ucrania. Según Moscú, la seguridad en Europa debe ser “indivisible” y cualquier ampliación occidental en el flanco oriental es vista como una provocación directa.
Esta postura ha sido consistente desde la anexión ilegal de Crimea en 2014 y refleja la doctrina geoestratégica de Putin, que aspira a restaurar esferas de influencia similares a las de la Guerra Fría.
Un recordatorio incómodo: Venezuela y la Doctrina Monroe
Entre los temas discutidos en redes luego de la cumbre resurgió una controversial revelación de Fiona Hill, asesora de seguridad nacional de EE.UU. durante la administración Trump. En 2019, Hill testificó en el Congreso que Rusia había tanteado con la idea de negociar un "intercambio geopolítico": permitir la acción de EE.UU. en Venezuela, a cambio de que Washington le "dejara Ucrania" a Moscú.
Aunque EE.UU. no accedió, Hill afirmó que los rusos hablaban en términos que recordaban a la Doctrina Monroe, buscaban revivir el concepto de “esferas de influencia” e incluso se mostraban encantados con la idea de que fuerzas hegemónicas definieran zonas exclusivas de poder.
El problema, explicó Hill en una entrevista reciente, es que “cuando toman el control forzoso de un país, EE.UU. pierde autoridad moral en condenar acciones similares de Rusia en Ucrania”.
El dilema geopolítico de las potencias
Este tipo de analogías expone el doble rasero que mina la credibilidad de las democracias occidentales frente al resto del mundo. Para muchos países del Sur Global, las acciones de EE.UU. en Venezuela, Irak o Afganistán no son muy distintas —al menos en percepción— a las agresiones rusas en Georgia o Ucrania.
Por eso mismo, el marco de garantías definido en París debe superar no solo los obstáculos logísticos y legislativos, sino también llenar un vacío de legitimidad frente a la opinión internacional. Si este nuevo paraguas de seguridad termina siendo percibido como otra demostración de poder entre grandes potencias, su función disuasoria podría desvanecerse rápidamente.
¿Una disuasión teórica?
En resumen, el acuerdo es todavía un documento político, no una realidad operativa. No existen compromisos obligatorios, se desconocen los recursos disponibles y las reglas de intervención en caso de una nueva ofensiva rusa no están claras.
Como advirtió Zelenskyy, sin respaldo concreto “la disuasión sigue siendo teórica”. Para Ucrania, que todavía enfrenta ataques diarios y combates en el Donbás, la mejor garantía es la ayuda presente y permanente... no promesas futuras condicionadas al fin de una guerra que aún está muy lejos de terminar.
