Caen las muertes de policías en servicio en EE.UU.: ¿una tendencia esperanzadora o una falsa señal?

Un análisis profundo de la baja histórica de fallecimientos policiales en 2025 y los factores que han influido en esta disminución

Un año con menos luto en las fuerzas del orden

Las muertes de agentes policiales en servicio en Estados Unidos han disminuido drásticamente en 2025, marcando una caída del 25% respecto al año anterior, según el informe anual de la organización National Law Enforcement Officers Memorial Fund. Esta reducción, que abarca todos los tipos de fatalidades en el cumplimiento del deber, ha generado un rayo de esperanza en una profesión marcada por los peligros constantes.

De 148 muertes en 2024 se pasó a 111 en 2025, de acuerdo al informe. Las fatalidades por arma de fuego, que son las más llamativas y trágicas por su naturaleza violenta, también descendieron un 15%, registrando 44 casos, el número más bajo de la última década.

"Siempre me alegra ver que las muertes por armas de fuego disminuyen. Son la punta de lanza de los actos más atroces", dijo Bill Alexander, director ejecutivo del National Law Enforcement Officers Memorial Fund.

Los accidentes de tránsito también a la baja

Otra buena noticia es que las muertes relacionadas con el tráfico —como colisiones en servicio o agentes atropellados durante controles— también disminuyeron casi un 23%. Esta reducción se atribuye, en parte, a nuevas estrategias y leyes más estrictas en diversas jurisdicciones:

  • Leyes “Move Over”: en más estados se exige que los conductores cambien de carril o reduzcan la velocidad al acercarse a vehículos de emergencia detenidos junto a la carretera.
  • Cambios tácticos: se instruye cada vez más a los oficiales a abordar los vehículos desde el lado del pasajero, lo que los aleja del tráfico en movimiento.

Estos pasos modestos están salvando vidas. "Incluso una sola muerte de un oficial es demasiada, pero nos alienta cualquier disminución de esas cifras", reiteró Alexander.

¿Qué hay detrás de la caída en muertes por armas de fuego?

Las bajas cifras de fatalidades con armas no tienen una explicación única. Hay múltiples factores, desde el entrenamiento hasta la ubicación geográfica o incluso, como señaló Alexander, un elemento de suerte.

“Podría depender de si un agente fue baleado cerca de un hospital, si disponía de un kit de emergencia táctica o de equipo para detener hemorragias”, explicó. En efecto, el uso de torniquetes y chalecos balísticos más avanzados ha aumentado en los últimos años, así como la capacitación para situaciones de alto riesgo.

No obstante, disminuir los fallecidos no significa que haya menos tiroteos. El informe de la Fraternal Order of Police (FOP) reveló que los agentes tiroteados —tanto fatalmente como heridos— aumentaron ligeramente, de 342 en 2024 a 347 en 2025.

Cada número tiene nombre y rostro. Uno de los casos más impactantes fue el de Andrew Duarte, oficial del Departamento de Policía del Borough de West York, asesinado a balazos en febrero de 2025 durante un incidente con rehenes en un hospital de Pensilvania. También se recuerda la muerte de Matthew “Ty” Snook, agente estatal de Delaware, durante un turno extra el 23 de diciembre, mientras protegía a empleados de una oficina del DMV.

Factores ocultos: los fallecimientos por causas médicas y otros riesgos

La categoría de “otras fatalidades”, que incluye problemas médicos derivados del servicio, apuñalamientos, ahogamientos e incluso accidentes aéreos, también sufrió un descenso del 37%, pasando de 52 en 2024 a 33 en 2025.

Una cifra reveladora: 14 de esos 33 agentes fallecieron por enfermedades relacionadas con su participación en la respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001. A más de 20 años del suceso, las secuelas médicas siguen cobrando víctimas.

Y aunque el informe excluyó oficialmente desde hace dos años las muertes por COVID-19, el virus tuvo un impacto grave en los informes de años anteriores. Hoy, esas cifras ya no inflan los conteos anuales.

Un vacío persistente en los informes, sin embargo, es la ausencia de estadísticas de suicidios de agentes policiales. Alexander reconoció que están en conversaciones sobre cómo abordar y honrar también estas pérdidas, ya que el estrés, el trauma acumulado y los problemas de salud mental siguen siendo una amenaza silenciosa en la vida policial.

Distribución geográfica: 17 estados sin muertes en servicio

De los datos más esperanzadores está la revelación de que no hubo muertes de agentes en servicio en 17 estados y el Distrito de Columbia durante 2025. Además, ninguna agencia del gobierno federal ni de tribus indígenas reportó decesos este año.

Esto podría deberse a políticas preventivas adoptadas en ciertos estados, menores niveles de criminalidad en algunas regiones, o simplemente a una confluencia de factores positivos. Pero también plantea preguntas: ¿Qué están haciendo diferente esos estados? ¿Puede replicarse su modelo en otras jurisdicciones?

¿Una tendencia sostenible o coyuntural?

La caída en cifras genera optimismo, pero también cuestionamientos sobre si esta baja se mantendrá en el tiempo o si estamos ante una anomalía estadística. Preocupaciones como el aumento en ataques armados a oficiales, la creciente circulación de armas, y las tensiones sociales siguen latentes.

El trabajo policial continúa siendo de alto riesgo. Según datos del National Law Enforcement Officers Memorial Fund, en promedio más de 150 agentes mueren cada año en cumplimiento del deber desde comienzos del siglo XXI, con picos por encima de los 200 en años como 2020 y 2021, marcados por la pandemia.

Por tanto, si bien hay avances importantes en equipo, legislación, formación y respuesta ante emergencias, se requiere una estrategia integral multinivel que refuerce la seguridad de estos servidores públicos sin comprometer la transparencia y los derechos de los ciudadanos en cualquier actuación policial.

Cambios que hacen la diferencia

Uno de los aprendizajes más claros de este informe es que pequeñas acciones pueden tener un gran impacto. La implementación de protocolos de abordaje desde el lado del pasajero, por ejemplo, ha salvado vidas.

“Hay que proteger a quienes nos protegen”, se repite con frecuencia, pero esta frase debe traducirse en presupuestos, legislación y esfuerzo institucional continuo. Una policía segura puede servir mejor a la comunidad. Una política pública eficaz no solo reduce muertes: fortalece la confianza ciudadana y teje comunidad.

Finalmente, las cifras de este año son alentadoras, pero no deben dar lugar a la complacencia. El objetivo final sigue siendo que ningún agente en servicio pierda la vida. Y para alcanzarlo, deben seguirse evaluando prácticas, invirtiendo recursos, y promoviendo una cultura de seguridad y cuidado emocional dentro de las fuerzas del orden.

“Cada reducción cuenta, pero no podemos levantar el pie del acelerador”, recalca Alexander. Aún queda mucho por hacer.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press