Crisis hídrica en Grecia: el lago Marathon como símbolo de un futuro seco

La histórica ceremonia de la Epifanía pone en evidencia el alarmante descenso del agua y la urgente necesidad de una nueva gestión hídrica en Atenas

MARATHON, Grecia – Cada 6 de enero, los fieles ortodoxos se reúnen para conmemorar el bautismo de Cristo en las aguas del Jordán. En Grecia, esta tradición añade un elemento simbólico poderoso cuando el ritual se realiza sobre las aguas del embalse de Marathon, una de las principales fuentes de agua potable para Atenas. Pero en 2026, la ceremonia hizo más que evocar recuerdos bíblicos: se convirtió en una advertencia urgente sobre el cambio climático y la creciente escasez de agua que amenaza la región.

Una ceremonia bajo la sombra de la crisis

Durante el acto litúrgico del pasado martes, un sacerdote lanzó una cruz de madera a las aguas del lago Marathon, como dicta la tradición. Lo que solía ser una escena serena se tornó inquietante para muchos. Las aguas del embalse han retrocedido visiblemente, dejando al descubierto un lecho reseco y agrietado.

“Esta es el tercer año consecutivo con una caída significativa del nivel de los embalses. El problema está justo frente a nosotros”, declaró Yorgos Stergiou, presidente de la empresa de agua EYDAP (Compañía de Aguas de Atenas), durante el evento.

Números alarmantes: ¿cuánta agua queda?

El sistema hídrico de Atenas depende principalmente de cuatro embalses: Marathon, Yliki, Mornos y Evinos. En 2022, el volumen total de almacenamiento superaba los 1.000 millones de metros cúbicos. A finales de 2025, esa cifra se había reducido drásticamente a aproximadamente 390 millones de metros cúbicos. Es decir, una caída del 61% en menos de tres años.

  • Reservorio de Marathon: apenas retiene un 24% de su capacidad máxima.
  • EYDAP: atiende a más de 4 millones de personas en el área metropolitana de Atenas.
  • El consumo medio en Grecia es de 157 litros por persona al día, más alto que la media europea.

¿Qué está causando esta emergencia?

La sequía es el factor principal detrás del descenso en los niveles de agua. Los patrones de lluvia que alguna vez fueron predecibles han cambiado radicalmente. Los científicos han identificado que el Mediterráneo oriental, incluyendo Grecia, es una de las áreas más vulnerables al cambio climático.

La tendencia es clara: menos precipitación, y cuando ocurre, llega en forma de lluvias torrenciales que el suelo y los sistemas de recolección no pueden absorber eficazmente. Esto provoca inundaciones pero no recarga significativa para los embalses.

“En el pasado, llovía mucho más, a veces a diario. Ya no ocurre así”, comentó Antonis Stamou, un jubilado de 78 años que desde niño asiste a la ceremonia de la Epifanía en Marathon.

Un plan a 10 años y 2.900 millones de euros

EYDAP ha anunciado un programa de inversión de 2.500 millones de euros (aproximadamente 2.900 millones de dólares) a diez años para mejorar la seguridad hídrica. La iniciativa incluye:

  • Reemplazo de cañerías envejecidas para reducir fugas.
  • Instalación de medidores inteligentes para detectar usos indebidos y fugas en tiempo real.
  • Reutilización de aguas residuales tratadas y su uso en agricultura, limpieza urbana e industrias no alimentarias.
  • Campañas de concienciación pública para promover la conservación del agua.

“Nuestro primer paso es sustituir todos los usos que hoy se satisfacen con agua potable por agua reciclada cada vez que sea posible”, afirmó Stergiou.

¿Por qué Marathon importa tanto?

El embalse de Marathon no es solo una fuente de agua. Es un emblema nacional. Construido entre 1926 y 1929, fue la primera gran infraestructura hidráulica del país moderno y un símbolo del renacimiento griego posterior a la guerra.

Su arquitectura es única: la presa está revestida en mármol del Pentélico, el mismo material usado para construir el Partenón. Por eso, el hecho de que sus aguas hayan retrocedido tanto tiene un poder simbólico añadido: el futuro de Grecia está cada vez más seco.

¿Qué tan extendido es el problema?

Grecia no está sola. El sur de Europa enfrenta crecientes desafíos relacionados con la sequía:

  • España ha declarado emergencias hídricas en regiones como Cataluña y Andalucía.
  • Italia registró sus niveles más bajos del río Po en más de 70 años en 2022.
  • Francia impuso restricciones al uso del agua en más de 90 distritos durante el verano 2023.

Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la región mediterránea experimentará más sequías prolongadas y olas de calor intensas durante este siglo.

Desafíos humanitarios y sociales

La escasez de agua no es solo un problema ambiental o técnico; también es una amenaza urgente para la vida urbana, la agricultura y la cohesión social:

  • Agricultura: más del 85% del agua dulce en Grecia se emplea para riego. Con menos recursos, se reduce la producción de alimentos.
  • Turismo: vital para la economía del país. Los hoteles y resorts consumen grandes cantidades de agua.
  • Zonas rurales: muchos pueblos pequeños ya enfrentan cortes periódicos en su suministro.

Y aún así, Grecia arroja cerca del 25% del agua potable en fugas debidas a infraestructuras obsoletas, una de las tasas más altas de la Unión Europea.

Educación y cultura del agua: el nuevo reto

El problema también radica en la percepción cultural del agua. Stergiou insiste en que sin una transformación en la manera en que los ciudadanos perciben y usan el agua, ningún plan técnico será suficiente:

“Necesitamos que la gente entienda que el agua no es infinita. No podemos seguir desperdiciando un recurso tan vital sólo porque aún fluye al abrir el grifo.”

Desde ya, algunas escuelas han empezado a incluir módulos de educación ambiental centrados en el agua. Además, se producen campañas sociales que promueven un uso responsable desde los hogares hasta los sectores industriales.

El mensaje tras la cruz sumergida

La ceremonia de la Epifanía de este año, lejos de ser sólo un acto de fe, se convirtió en una llamada a la acción. Mientras la cruz flotaba en las aguas menguadas del lago Marathon, simbolizaba no solo la bendición de las aguas, sino el clamor por su conservación.

La hidrocrisis no es una predicción futura. Está sucediendo aquí y ahora. Y si el hogar de los dioses y filósofos no actúa con urgencia, los próximos veranos podrían ser no solo calurosos, sino también sedientos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press