El delicado equilibrio de poder en Siria: ¿Fracaso del acuerdo entre el régimen y las fuerzas kurdas?

Ataques cruzados, desacuerdos tácticos y la sombra de potencias extranjeras complican la integración de las Fuerzas Democráticas Sirias al ejército nacional

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Alepo vuelve a ser protagonista de tensiones mortales. Esta semana se reanudaron los enfrentamientos entre las fuerzas del gobierno sirio y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), en el contexto de un acuerdo que parecía allanar el camino hacia una transición militar ordenada. Sin embargo, la realidad demuestra otra historia: la desconfianza, los intereses divergentes y las alianzas internacionales están saboteando los planes de unificación de la estructura militar siria.

Choque de versiones: ¿quién bombardeó a quién?

La reciente escalada comenzó con un ataque que acabó con la vida de un soldado sirio y dejó a otros tres heridos. La agencia estatal SANA señaló a las FDS como responsables del atentado, mientras que la televisión siria apuntó además que dos mujeres civiles murieron y un niño resultó herido en un bombardeo atribuido a los mismos combatientes kurdos.

Sin embargo, las FDS rechazaron la autoría del ataque e incluso devolvieron la acusación. Según su comunicado, el proyectil que impactó en el barrio residencial de al-Midan fue disparado desde zonas controladas por "facciones afiliadas al gobierno de Damasco", y tenía como objetivo el barrio kurdo vecino de Sheikh Maqsoud.

Este bombardeo indiscriminado constituye un ataque directo contra zonas residenciales y expone la vida de los civiles a un grave peligro”, denunciaron desde las FDS.

Víctimas del fuego cruzado

Además de la confusión generada por las versiones contradictorias, la violencia dejó más víctimas según las FDS: un ataque con dron del ejército sirio mató a un residente de Sheikh Maqsoud y dejó heridos a dos niños. Asimismo, otro bombardeo en el barrio cercano de Bani Zaid cobró la vida de una mujer e hirió a decenas. Por el momento, los medios estatales no han informado sobre estos incidentes.

Las secuelas del conflicto afectan principalmente a los barrios kurdos de Sheikh Maqsoud y Achrafieh en Alepo, donde los enfrentamientos esporádicos no han cesado en meses.

Un acuerdo que se tambalea

En marzo, el gobierno sirio —bajo la conducción del presidente interino Ahmad al-Sharaa, tras la destitución de Bashar al-Ásad en 2024— firmó un acuerdo con las FDS para integrarlas al nuevo ejército nacional antes de finalizar 2025. Pero esa integración ha estado plagada de desacuerdos.

Las tensiones comenzaron a hacerse visibles en abril, cuando cientos de combatientes de las FDS abandonaron los distritos de Sheikh Maqsoud y Achrafieh como parte del proceso de reconciliación. Aunque las negociaciones continuaron, la última reunión sostenida el domingo pasado en Damasco terminó sin avances concretos.

Una fuente oficial del gobierno declaró que no se había logrado "ningún progreso tangible".

FDS: entre la espada de Damasco y la pared turca

Las FDS, principal actor en el noreste del país, tienen un rol determinante. Se estima que cuentan con más de 50.000 efectivos y han sido los principales aliados de Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico. Su fuerza militar y autonomía territorial representan tanto una ventaja como una amenaza dependiendo del interlocutor.

Mientras Washington ha construido una relación estratégica con las FDS, Ankara las considera un grupo terrorista por sus vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), responsable de una insurgencia de décadas en Turquía. Por eso, el contexto internacional complica aún más la ejecución del acuerdo entre las FDS y el régimen sirio.

¿Turquía dentro del nuevo ejército sirio?

Una fuente adicional de tensión es que algunas de las facciones que integran el nuevo ejército sirio, surgido tras la caída de Al-Ásad, son antiguos insurgentes apoyados por Turquía. Esto incluye grupos que históricamente han combatido a las fuerzas kurdas y con quienes existe un rencor mutuo profundamente arraigado.

Este hecho evidencia la paradoja de intentar construir una unidad militar nacional a partir de piezas que durante años se han enfrentado en una guerra fratricida.

La batalla de Alepo: herida sin cerrar

La ciudad de Alepo ha sido uno de los epicentros más devastados del conflicto sirio desde su inicio en 2011. A pesar de que el ejército logró retomar la ciudad en su totalidad en 2016, la presencia de fuerzas kurdas en ciertos enclaves urbanos mantuvo una tensa coexistencia que ha desembocado en frecuentes roces armados.

La situación es tan complicada que algunos expertos consideran que Alepo se ha dividido en zonas de influencia más allá del control estatal nominal. Sheikh Maqsoud, por ejemplo, es efectivamente administrado por las FDS, aunque geográficamente esté dentro del perímetro de la ciudad controlada por el régimen.

Los civiles: los grandes perdedores

El costo humano de estas disputas militares y políticas recae sobre los civiles. La población desplazada, los muertos y heridos, y las condiciones sanitarias precarias generan una tragedia humanitaria constante. Organizaciones como Human Rights Watch y Médicos Sin Fronteras han documentado múltiples ataques aéreos y de artillería que afectan zonas residenciales sin considerar la presencia de no combatientes.

En Alepo, los servicios de emergencia están sobrepasados, y los hospitales de las zonas kurdas trabajan en condiciones deplorables. La ayuda humanitaria internacional sigue estando limitada por los bloqueos logísticos y políticos.

¿Una nueva Siria o un nuevo ciclo de violencia?

La pregunta inevitable es: ¿puede construirse un nuevo ejército unificado en Siria sin resolver primero las profundas diferencias étnicas, religiosas y geopolíticas que separan a sus principales actores armados?

Históricamente, Siria ha sido un mosaico complejo. Desde su independencia en 1946, el país ha vivido golpes militares, revueltas, dictaduras y guerras. Durante décadas, el régimen baazista controló las disidencias internas con puño de hierro, inhibiendo cualquier intento de autonomía kurda. Hoy, la raíz de esos problemas sigue sin resolverse.

El intento de absorción de las FDS por el ejército sirio no es solo una cuestión estratégica, sino simbólica. Representa un intento de redefinir la identidad militar y política de un país que busca reconstruirse tras más de una década de guerra civil.

Pero los datos duros arrojan desánimo: más de 350.000 muertos desde 2011, 6.8 millones de desplazados internos y otros 6.6 millones que han huido del país (según ACNUR, 2023). Ante estas cifras, cualquier intento de estabilidad parece efímero si no se acompaña de un verdadero proceso de reconciliación nacional.

El reloj corre contra la paz

De acuerdo con el acuerdo firmado en marzo, la integración de las FDS debería completarse para finales de 2025. Pero a menos de dos años para esa fecha, los desacuerdos tácticos, la falta de confianza mutua y los choques ideológicos siguen obstaculizando una unificación realista.

Si algo ha dejado claro la reciente escalada en Alepo, es que la construcción de un nuevo orden en Siria no será posible únicamente mediante pactos políticos. Se requiere una reconfiguración del tejido social, nuevas garantías de seguridad y voluntad política para superar heridas históricas.

Mientras tanto, los tiroteos no cesan, los civiles continúan muriendo y el acuerdo de paz queda cada vez más cerca del fracaso.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press