El laberinto venezolano: entre la caída de Maduro, el poder de Delcy y la encrucijada de la oposición

La captura de Nicolás Maduro por EE.UU. no ha traído democracia a Venezuela: ¿quién manda ahora y qué futuro espera a la nación petrolera?

La jugada imprevista: la caída de Nicolás Maduro

Durante más de una década, Venezuela ha vivido bajo el mando autoritario de Nicolás Maduro, heredero político del fallecido Hugo Chávez. Pero el reciente operativo de fuerzas estadounidenses, que terminó con la captura de Maduro y la primera dama Cilia Flores en Caracas, ha desatado una tormenta política que está lejos de significar una transición democrática inmediata.

Maduro enfrenta ahora cargos por narcotráfico en una corte de Nueva York. Y aunque fue apartado del poder, su sombra sigue presente. En lugar de reconocer a las fuerzas opositoras, la administración de Donald Trump permitió que Delcy Rodríguez —la polémica vicepresidenta de Maduro— asumiera el control político del país.

¿Quién es Delcy Rodríguez y cómo llegó aquí?

Delcy Rodríguez, ex canciller y figura clave del régimen chavista, ha construido pacientemente su camino al poder. En los últimos años, logró convertirse en la aliada principal del ala más dura del oficialismo, dirigiendo campañas de represión, censura y política internacional. Su ascenso fue inesperadamente facilitado por el propio Trump, quien desestimó públicamente las capacidades de la oposición, en particular de María Corina Machado, la líder reconocida por millones como la alternativa democrática.

"Ella es una buena mujer, pero no tiene el respeto de su país", dijo Trump sobre Machado, generando rechazo incluso entre quienes han respaldado al expresidente republicano en el pasado.

La oposición desarticulada y en el exilio

María Corina Machado, recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz, fue vetada por el régimen para participar en las elecciones de 2024. Su lugar fue ocupado por Edmundo González Urrutia, un diplomático retirado que, con el apoyo de la maquinaria opositora, habría ganado las elecciones con el doble de votos que Maduro, según actas verificadas por la campaña.

Sin embargo, el oficialismo proclamó rápidamente la victoria de Maduro, ignorando pruebas, reclamos internacionales y la voz de millones de venezolanos. Mientras tanto, Machado se encuentra fuera del país y González Urrutia en el exilio en España desde septiembre de 2024. Ambos se han convertido en símbolos de una lucha democrática que, para muchos, fue traicionada desde el extranjero.

El argumento legal: ¿habrá elecciones?

La Constitución venezolana establece la necesidad de nuevas elecciones en un plazo de 30 días si el presidente en funciones se vuelve permanentemente indisponible. Bajo esos criterios, tras la captura de Maduro, debía convocarse a comicios. No obstante, el Tribunal Supremo de Justicia —controlado por el chavismo— declaró que la ausencia de Maduro era "temporal" y que Rodríguez podía asumir hasta 90 días, extendibles a seis meses. Una interpretación claramente políticamente conveniente.

La respuesta de la comunidad internacional no ha sido unánime. Si bien muchos países reconocieron a González Urrutia como el legítimo ganador en 2024, pocos han respondido con acciones concretas. Estados Unidos, al parecer comprometido con la estabilidad petrolera antes que con la democracia, ha optado por manejar el poder formal de facto y controlar los ingresos por crudo para imponer cambios desde arriba.

El petróleo en el centro: ¿cambio real o nuevo tutelaje?

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, un hecho que sigue siendo central en cualquier análisis geopolítico. El senador estadounidense Marco Rubio fue enfático al decir que EE.UU. utilizará su posición en la industria petrolera venezolana para influir en la política local. Esto, aunque suene pragmático, ha sido etiquetado por muchos como una muestra de neocolonialismo disfrazado.

"Vamos a reconstruir el país a nivel de infraestructura, culminando con una elección que será libre", aseguró el senador Lindsey Graham, llevando un sombrero al estilo de campaña con la frase: "Make Venezuela Free Again". Pero mientras se habla de reconstrucción, la realidad en Venezuela sigue siendo una de incertidumbre y frustración.

Irán observa con desconfianza

El caso de Venezuela ha activado alarmas más allá de América Latina. En Irán, una Nación aliada del chavismo, los eventos recientes han suscitado temores de una posible acción similar contra su liderazgo. En palabras del maestro Saeed Seyyedi: "Dios bendiga a nuestro líder, también debemos tener cuidado".

El recuerdo de la Operación Eagle Claw en 1980 —un fallido intento de rescate de rehenes estadounidenses tras la revolución islámica— sigue presente en la mente colectiva iraní. Pero la realidad actual es aún más compleja, dada la existencia de material nuclear, la influencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y una estructura de poder mucho más sólida que la venezolana.

Incluso líderes israelíes y sauditas —enemigos históricos de Irán— han interpretado la captura de Maduro como un mensaje claro para Teherán. “¿Qué tan devastador debe ser para el líder supremo iraní enterarse del secuestro de Maduro a manos de los estadounidenses?”, se preguntó retóricamente Ghassan Charbel, editor de Asharq Al-Awsat.

¿Traición desde el norte?

Muchos en América Latina están ahora planteando una pregunta incómoda: ¿se ha convertido la estrategia estadounidense en un instrumento para consolidar regímenes autoritarios si son funcionales para sus intereses económicos? María Corina Machado, en su primera entrevista tras la captura de Maduro, elogió a Trump sin cuestionar que él haya reconocido públicamente a Delcy Rodríguez como la nueva cara del poder.

“Lo que ha hecho es histórico, un gran paso hacia la transición democrática”, dijo Machado, omitiendo por completo el daño causado a su movimiento.

El futuro que Venezuela merece (pero aún no tiene)

La actual situación de Venezuela puede describirse como una paradoja trágica: el dictador ha caído, pero la dictadura continúa. El país atraviesa un vacío de poder democrático que ni Machado, ni González, pueden llenar desde fuera del país.

El investigador Ronal Rodríguez fue contundente: “Ignorar lo que hizo la oposición en la elección de 2024 es humillar a los venezolanos”. Y aunque EE.UU. insiste en que lo que vendrá será una reconstrucción democrática, todo indica que, por ahora, el legado autoritario del chavismo sigue intacto. Sólo cambió de rostro.

Muchos venezolanos, mientras tanto, siguen huyendo de la crisis humanitaria, migrando por millones a Colombia, Brasil, Perú, México, España o Estados Unidos. Esta diáspora forzada es uno de los legados más visibles del régimen y representa una de las oposiciones más activas y dispuestas a cambiar el destino de su país.

Lo cierto es que Venezuela está, nuevamente, atrapada en una historia escrita desde fuera, con sus protagonistas destituidos, en el exilio o encarcelados, y con un futuro que, aunque sigue en disputa, difícilmente podrá construirse sin elecciones libres, justicia transicional y el retorno de sus líderes más legítimos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press