El orden mundial en juego: ¿Nueva doctrina o vieja anarquía?

La captura de Nicolás Maduro desata un debate global sobre la legalidad internacional, el uso de la fuerza y el retorno de la hegemonía unilateral

Por décadas, el mundo se ha aferrado al multilateralismo y al derecho internacional como diques de contención ante conflictos globales. Hoy, esa arquitectura está siendo puesta en duda tras la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro en una operación estadounidense que ha levantado más que polvo: ha sacudido los cimientos mismos del orden internacional.

Una operación sin precedentes

El 5 de enero de 2026, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron extraídos de una base militar en Caracas en una operación llevada a cabo por fuerzas estadounidenses. La misión, defendida por el embajador de EE. UU. ante la ONU, Mike Waltz, como una “operación quirúrgica de aplicación de la ley”, marca un punto de inflexión sin precedentes en las relaciones hemisféricas.

El expresidente Donald Trump justificó la acción enmarcándola en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que plantea el restablecimiento de la “preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”. Según esta narrativa, los cárteles venezolanos son “combatientes ilegales” y el país, un “teatro de conflicto armado”.

El debate legal: ¿restauración o ruptura de las normas?

Desde la creación de la ONU en 1945, el principio de no intervención y la prohibición del uso de la fuerza han sido columnas de la legalidad global. La carta fundacional de la organización establece que ningún Estado puede intervenir militarmente en otro sin mandato del Consejo de Seguridad o en legítima defensa.

Rosemary A. DiCarlo, subsecretaria general de la ONU, advirtió ante el Consejo de Seguridad que la paz mundial depende de la adhesión inquebrantable a estos principios. Francia, México, China y Rusia han condenado firmemente el proceder estadounidense. Jean-Noël Barrot, canciller francés, declaró: “La captura de Maduro contradice el principio de no uso de la fuerza, pilar fundamental del derecho internacional”.

¿Un caso aislado... o una doctrina en marcha?

Tras lo ocurrido en Venezuela, la atención internacional se volcó hacia otras zonas potencialmente sensibles:

  • Colombia: Trump no tardó en acusar al presidente Gustavo Petro de liderar un “narcoestado”. En octubre, impuso sanciones a su familia y funcionarios por presuntos vínculos con el narcotráfico. ¿Constituye esto una antesala para una nueva intervención?
  • Ucrania: La invasión rusa ha puesto en cuestión la eficacia del sistema legal internacional. Ahora, Moscú lanza una contraacusación: para el embajador ruso Vasily Nebenzya, lo de Maduro “es un regreso a la era de la anarquía, protagonizada por Estados Unidos”.
  • Taiwán: La operación reaviva temores sobre un posible avance chino sobre la isla. Aunque Pekín ha optado por presión gradual, expertos temen que eventos como este puedan precipitar acciones unilaterales más agresivas.

Europa en la encrucijada

La Unión Europea fue clara al declarar que Maduro no tiene legitimidad, pero también subrayó que el respeto a la Carta de la ONU es innegociable. No obstante, la falta de cohesión interna —con líderes como Viktor Orbán respaldando la línea dura de Trump— complica una respuesta unificada.

“Las reglas internacionales ya no rigen las decisiones de las grandes potencias. Eso es una realidad evidente”, dijo el primer ministro húngaro, en lo que parece una aceptación resignada del nuevo paradigma.

¿Nuevas reglas no escritas?

El contexto actual recuerda peligrosamente al ambiente global previo a la Segunda Guerra Mundial, cuando el uso de la fuerza dictaba el rumbo de la historia. Más allá del caso Maduro, el mensaje enviado es que los Estados poderosos pueden —y quizás deban, según algunos— actuar unilateralmente si así lo creen necesario.

El precedente de Irán y la sombra del Medio Oriente

La ofensiva israelí en Gaza y la postura estadounidense al vetar propuestas de alto al fuego en la ONU evidencian que no solo Maduro está en la mira. Irán, por ejemplo, ha sido advertido por Trump: “Si matan a manifestantes pacíficos, los atacaremos”. En junio de 2025, EE. UU. ya había bombardeado instalaciones nucleares iraníes.

La lógica tras esas acciones es clara: Washington se arroga el papel de juez y ejecutor sobre el cumplimiento de valores democráticos y libertades, lo que para muchos es una versión 2.0 del Destino Manifiesto.

China, Groenlandia y el tablero global

En medio de este torbellino, China no ha permanecido callada. Calificó la captura de Maduro como una “flagrante violación al principio de soberanía”. Mientras tanto, comentarios de Trump sobre Groenlandia (“es estratégica y debe ser controlada por EE. UU.”) encendieron alarmas en Dinamarca, que recordó que ya existen acuerdos con Washington a través de la OTAN.

Los riesgos de un mundo postlegal

Volodymyr Fesenko, del grupo Penta en Ucrania, lo resume así: “Putin comenzó a socavar el orden legal internacional. Trump ahora lo continúa desde el otro extremo ideológico”.

Si bien la legalidad internacional nunca fue perfecta, la creación de normas colectivas ayudó a evitar conflictos globales durante más de siete décadas. Pero si estas se abandonan en nombre de la eficacia o la autojustificación moral, el riesgo es que otros países sigan el ejemplo.

El propio Trump dejó claro que su visión del mundo es una de fuerzas de choque, no de consensos institucionales. Su estrategia busca mantener —o recuperar— una hegemonía estadounidense que ya no es necesariamente aceptada sin reservas.

¿Es este el inicio de una “Doctrina Trump”?

Existen precedentes. En 1989, EEUU invadió Panamá para capturar a Manuel Noriega, también acusado de narcotráfico. La acción desató controversia internacional, pero no se tradujo en consecuencias duraderas. ¿Será el caso Maduro similar?

Hoy, la diferencia es que el mundo está más conectado, más vigilante y con potencias emergentes listas para desafiar cualquier acción unilateral no autorizada por organismos multilaterales.

¿Hacia dónde se mueve el sistema internacional?

En palabras de DiCarlo: “Necesitamos más que nunca el compromiso pleno de los Estados para mantener la paz según la Carta de la ONU”. La captura de Maduro no solo es un hecho puntual. Marca un viraje potencial hacia una era donde los acuerdos colectivos podrían ceder ante decisiones unilaterales revestidas de pragmatismo moral.

La historia nos ha enseñado una y otra vez que el abandono de las reglas compartidas es el primer paso hacia la anarquía. Si las grandes potencias deciden jugar sin árbitros, los pequeños jugadores solo pueden esperar lo peor.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press