La caída de Maduro: ¿El inicio de una nueva era expansionista para Estados Unidos?
El operativo militar que capturó al presidente venezolano desata inquietudes sobre la política exterior de Trump y remece el tablero geopolítico del Hemisferio Occidental
Una operación sin precedentes: la captura de un jefe de Estado
Durante la madrugada del pasado sábado, Estados Unidos ejecutó una operación militar en Caracas, Venezuela, con el objetivo de capturar al presidente Nicolás Maduro. El resultado fue un éxito militar controversial pero con un altísimo costo: al menos 24 oficiales de seguridad venezolanos y 32 agentes cubanos murieron durante el enfrentamiento, según informaron autoridades tanto venezolanas como cubanas.
Maduro, ahora en suelo estadounidense, se enfrenta a múltiples cargos federales por narcotráfico, en lo que el fiscal general de EE. UU. calificó como "una conspiración internacional de narco-terrorismo que se extendió por décadas". Esta captura marca un antes y un después en las relaciones hemisféricas, la política exterior estadounidense y el futuro de Venezuela.
“Crimen de guerra”: la narrativa del gobierno venezolano
Tarek William Saab, fiscal general de Venezuela, acusó a Estados Unidos de haber cometido un "crimen de guerra" al realizar un operativo sin el consentimiento del Estado venezolano. En un video publicado por las Fuerzas Armadas venezolanas, se presentaron homenajes a los oficiales muertos junto con imágenes de aeronaves estadounidenses y vehículos militares venezolanos destruidos.
“Su sangre derramada no clama venganza, sino justicia y fortaleza”, expresaron en un comunicado oficial en redes sociales, reiterando su lealtad a Maduro y prometiendo vengar la intervención extranjera.
Reacciones desde Washington: elogios y preocupaciones
Mientras tanto, en Washington, el presidente Donald Trump celebró la operación como una victoria. “Han estado tras este tipo por años… yo lo logré”, declaró durante una reunión del Partido Republicano, acusando a los demócratas de no reconocer sus méritos. También subrayó que la administración Biden, al término de su mandato, mantuvo la misma postura contra Maduro, incluso incrementando la recompensa por su captura a $50 millones.
No obstante, dentro del Congreso, la operación ha generado divisiones. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, aseguró que “no se trata de un cambio de régimen”, aclarando que no se planea una ocupación militar del país sudamericano. A pesar de ello, algunos legisladores demócratas cuestionaron la falta de claridad y consulta previa al Congreso.
Una América Latina en pie de alerta
Las reacciones no se limitaron a Estados Unidos y Venezuela. La captura de Maduro provocó preocupaciones en toda América Latina, temiendo que este acto represente una nueva doctrina expansionista de EE. UU. Particularmente, Colombia reaccionó enérgicamente luego de que Trump acusara a su presidente de “amar la cocaína” y advertir sobre potenciales ataques militares contra el país vecino.
La canciller colombiana Rosa Villavicencio declaró que presentará una queja formal ante la embajada de EE. UU. en Bogotá y reafirmó el compromiso de Colombia con la cooperación antidrogas, aunque pidió “respeto mutuo” y claridad diplomática en las relaciones bilaterales.
Greenland, Cuba y otros frentes estadounidenses
La intervención militar en Venezuela fue seguida por otros gestos de política exterior agresiva. Trump renovó su interés por adquirir Groenlandia, despertando críticas de varios líderes europeos. Una declaración conjunta de los primeros ministros de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Reino Unido dejó claro: “Groenlandia pertenece a su pueblo”.
El Departamento de Estado también aumentó las presiones sobre Cuba, calificando al régimen como “en serios problemas”. Es revelador que más de treinta cubanos fallecieron defendiendo a Maduro en Venezuela, reflejando una cooperación militar profunda entre La Habana y Caracas.
El respaldo popular a la intervención: una nación dividida
Una encuesta del Washington Post y SSRS muestra una nación estadounidense dividida frente al operativo. Cerca del 40% apoyó el uso de fuerzas militares para capturar a Maduro, otro 40% se opuso, y un 20% no tenía una opinión clara. Pero el dato más representativo: el 90% de los encuestados considera que “el futuro de Venezuela debe decidirlo su pueblo”.
Vacío de poder en Caracas: ¿y ahora qué?
Con Maduro en una prisión federal estadounidense y su lugarteniente Delcy Rodríguez jurando como presidenta interina, el futuro político de Venezuela es incierto. Las tensiones internas podrían avivar un nuevo conflicto civil o generar una reconfiguración de fuerzas dentro del chavismo que, hasta ahora, ha mostrado cohesión bajo presión internacional.
Otros analistas temen una profundización del autoritarismo, con represión contra opositores acusados de facilitar la operación estadounidense.
¿Una nueva política exterior estadounidense?
Más allá de Venezuela, las señales del presidente Trump han inquietado a sus aliados y adversarios por igual. Su intento previo de comprar Groenlandia, su enfoque unilateral con Colombia, su desprecio por la diplomacia multilateral, y su intención explícita de liberar el petróleo venezolano para compañías estadounidenses, son vistos como claras muestras de una política exterior basada en beneficios estratégicos y económicos más que en valores democráticos.
“Ahora vamos a manejar la política venezolana”, dijo Trump en su última declaración a la prensa. Este tono recuerda los tiempos de la bautizada Doctrina Monroe en el siglo XIX, usada para justificar intervenciones políticas y económicas en América Latina bajo el lema de “América para los americanos”.
¿Justicia o dominio imperial?
El caso de Maduro está en manos del sistema judicial estadounidense, y aunque el presidente venezolano se declaró inocente, los cargos por narcotráfico son profundos. La corte tendrá que sopesar las pruebas, pero la pregunta va más allá de su culpabilidad o inocencia: ¿justifica eso una acción armada sobre territorio soberano?
Se abre un importante debate sobre el respeto al derecho internacional. Los críticos sostienen que, lejos de promover la justicia, la operación podría sentar un precedente peligroso que otros países podrían replicar en el futuro.
¿Qué sigue para los venezolanos?
La población venezolana enfrenta ahora un nuevo tablero político: un gobierno interino con poca legitimidad, la ausencia de su figura central y el vacío que deja una intervención extranjera. Muchos esperan que este quiebre abra espacio para elecciones genuinas, diálogos entre sectores enfrentados y una recuperación institucional que el país necesita con urgencia.
No obstante, si la transición es vista como impuesta desde Washington, la desconfianza puede aumentar y alentar una nueva ola de resistencia política o incluso insurgente.
Estados Unidos: ¿libertador o invasor?
El dilema que deja esta operación no es sencillo. Si bien era evidente para muchos que el régimen de Maduro actuaba fuera del marco democrático y estaba relacionado con el narcotráfico, la forma en la que fue derrocado genera dudas: ¿Puede un país democráticamente intervenir militarmente en otro sin aprobación internacional?
La historia juzgará. Pero por ahora, el mundo observa con atención los próximos pasos del gobierno estadounidense y el destino de una Venezuela fracturada.