Un año tras el fuego: la realidad invisible de la reconstrucción en los suburbios de Los Ángeles

Miles de familias siguen sin hogar mientras el lento avance en la reconstrucción revela desigualdades, traumas y un sistema de seguros colapsado

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El paisaje después del fuego

Un año después de los devastadores incendios Palisades y Eaton, ocurridos el 7 de enero de 2025 en el condado de Los Ángeles, la reconstrucción de las zonas afectadas sigue siendo una promesa lejana para la mayoría. Las cifras son alarmantes: de las cerca de 13,000 propiedades residenciales dañadas, menos de una docena han sido totalmente reconstruidas, mientras que los vecindarios aún exhiben cicatrices profundas en forma de lotes vacíos, estructuras calcinadas y calles sin luz.

Los incendios provocaron la muerte de 31 personas y dejaron sin hogar a miles más. Pero más allá de la devastación inicial, la tragedia ha continuado en forma de desigualdades económicas, batallas legales, retrasos burocráticos y traumas no atendidos. Un caso que despunta entre tantos es el de Ted Koerner, un residente de Altadena de 67 años que logró reconstruir su hogar en apenas cuatro meses, liquidando el 80% de sus ahorros jubilatorios y adelantándose incluso al pago de su seguro.

Koerner y el privilegio de reconstruir rápido

Koerner supo tomar decisiones rápidas y difíciles: vendió sus inversiones, contrató constructores sin esperar indemnización y priorizó el bienestar de su perra Daisy Mae, de 13 años. Su caso es excepcional. La mayoría de los residentes aún enfrentan contratos de seguros congelados o insuficientes, y afrontar los gastos de reconstrucción que superan fácilmente el millón de dólares es imposible sin apoyo financiero.

“Solo pensaba en que Daisy no tenía mucho tiempo. Yo necesitaba regresarla a su jardín lo antes posible. Esa era mi motivación y lo logramos”, comenta Koerner, emocionado al verlo hecho realidad.

El callejón sin salida del sistema de seguros

Más del 80% de las víctimas que perdieron sus hogares por completo aún no ha solucionado sus reclamaciones con las aseguradoras, de acuerdo con una encuesta de la organización sin fines de lucro Department of Angels. Uno de los blancos principales de críticas ha sido State Farm, la aseguradora privada más grande de California, hoy bajo investigación civil por prácticas comerciales posiblemente desleales.

Joy Chen, directora ejecutiva del Eaton Fire Survivors Network, alerta sobre la brecha creciente entre las compensaciones ofrecidas y los costos reales de la reconstrucción. “Estamos viendo que el seguro apenas cubre la mitad, si acaso. Muchos están atrapados en un limbo financiero donde no pueden comenzar a reconstruir ni vender su propiedad” explica.

600 propietarios forzados a abandonar sus comunidades

Según datos de Cotality, una firma especializada en análisis del mercado inmobiliario, más de 600 propiedades donde había viviendas unifamiliares destruidas han sido vendidas. Muchas de esas ventas involucran a propietarios que no pudieron esperar más o no contaban con medios financieros para iniciar una reconstrucción.

Jessica Rogers: el otro lado del abismo

Jessica Rogers personifica la desesperación de quien lucha por volver a casa. Madre de dos hijos, perdió su hogar en Pacific Palisades y descubrió después del incendio que su póliza de seguros había sido cancelada sin previo aviso. Tras perder su empleo y ser víctima de robo de identidad, logró recientemente la aprobación de un préstamo de $550,000 con la Small Business Administration (SBA), pero aún está lejos de cubrir el costo total de reconstrucción.

“Me pregunto si debo vaciar mi 401(k) y contar las monedas en cada frasco del apartamento”, dice con resignación. Hoy, lidera el Pacific Palisades Long Term Recovery Group, desde donde lucha por ayudar a otros en su misma situación. “Hay cientos como yo atrapados entre FEMA, la SBA y el trauma emocional de saber que lo perdimos todo.”

Las sombras del trauma no tratado

Más allá de las pérdidas materiales, el daño psicológico es profundo y persistente. “Es un tema del que no se habla mucho, pero está ahí, palpable. El pasado se manifiesta en llanto inesperado, ansiedad, insomnio y una constante sensación de incertidumbre”, afirma Rogers.

Decenas de residentes viven aún fuera de sus casas parcialmente dañadas, debido a la contaminación tóxica dejada por el fuego. Otros, como los Bailey, viven en una casa rodante estacionada donde alguna vez estuvo su hogar.

La desigualdad en la reconstrucción: un lento desastre silencioso

Según Andrew Rumbach, del Urban Institute, la lentitud del proceso de reconstrucción en Los Ángeles recuerda lo ocurrido tras el incendio de 2021 en Boulder, Colorado, donde la mayoría de los avances no se vieron sino hasta 18 meses después del siniestro. “El segundo año es cuando empieza a verse la verdadera desigualdad: quién reconstruye, quién no, y por qué,” señala.

Esta preocupación ya se evidencia en comunidades históricamente vulnerables como Altadena, donde la población afroamericana logró altos índices de propiedad de vivienda como refugio frente al racismo estructural del resto del condado. En 2024, el 81% de los hogares afroamericanos en Altadena eran dueños de su hogar, casi el doble del promedio nacional. Sin embargo, datos recientes del Instituto de Políticas Latinas de UCLA revelan que el 70% de los propietarios de Altadena afectados por el incendio no han comenzado aún la reconstrucción ni vendido sus propiedades. Los afroamericanos, en particular, tienen un 73% más de probabilidades de no haber tomado ninguna acción.

¿Quién decide quién puede regresar?

Detrás del proceso de reconstrucción hay preguntas fundamentales sobre justicia ambiental, discriminación estructural y prioridades estatales. ¿Por qué ciertas aseguradoras son más rápidas que otras? ¿Quién accede más fácilmente al financiamiento estatal o federal? ¿Acaso los vecindarios con mayor valor de mercado obtienen más ayuda?

Lo que debería cambiar

Los expertos y sobrevivientes coinciden en que se necesita una reforma estructural del sistema de seguros frente a desastres naturales. En particular:

  • Transparencia y regulación más estricta de las aseguradoras privadas.
  • Mayor acceso a asistencia independiente para resolver disputas de seguros.
  • Inversión estatal en recuperación equitativa, con programas específicos para comunidades históricamente marginadas.
  • Revisión crítica del plan de seguros FAIR, considerado insuficiente por muchos habitantes.

Una reconstrucción emocional aún pendiente

“Esto no se trata solo de casas, sino de vidas completas que quedaron suspendidas”, afirma Al Bailey, de 77 años, quien perdió su casa justo después de celebrar 41 años de residencia en Altadena. Hoy paga por la reconstrucción con ayuda de su seguro y un préstamo, pero también espera compensación por parte de Southern California Edison, señalada en múltiples demandas como responsable del incendio por fallos en su equipo eléctrico.

“Esta es nuestra comunidad. Vamos a hacer lo necesario para volver, cueste lo que cueste”, dice pese al panorama incierto.

Un año después del incendio, la verdadera reconstrucción no es solo arquitectónica, sino humana. El fuego puede haber sido extinguido, pero las cenizas siguen latiendo bajo cada lote vacío y cada historia por contar.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press