¿Por qué EE.UU. ha querido comprar Groenlandia durante más de 150 años?

De planes secretos a ofertas millonarias: el largo historial de Washington con la isla más grande del mundo

Groenlandia ha sido a lo largo de la historia un objeto de deseo para distintas potencias mundiales, pero pocos conocen cuán persistente ha sido Estados Unidos en su interés por adquirir esta estratégica isla del Ártico. Aunque muchos recuerdan el revuelo causado cuando el expresidente Donald Trump propuso comprar Groenlandia en 2019, esta idea en realidad tiene raíces profundas que se remontan al siglo XIX.

En este análisis, exploramos el trasfondo histórico de la fascinación estadounidense por Groenlandia: las razones geopolíticas, las fallidas propuestas de compra, los movimientos diplomáticos encubiertos y el papel clave que ha jugado en la seguridad nacional. Todo ello nos muestra que el interés en Groenlandia es más que una ocurrencia excéntrica: es una constante en la política exterior estadounidense.

Un continente helado con recursos y geoestrategia

Groenlandia es la isla más grande del mundo, con una superficie de más de 2 millones de kilómetros cuadrados, aunque el 80% de su territorio está cubierto por hielo. Técnicamente parte del Reino de Dinamarca, la isla posee autonomía y su propio gobierno, pero en los temas de defensa y relaciones exteriores sigue bajo tutela danesa.

Lo que muchos no saben es que posicionada entre América del Norte y Europa, y entre el Océano Ártico y el Atlántico Norte, Groenlandia ha sido vista por los estrategas militares como un punto crucial de vigilancia, defensa y control geopolítico.

1867–1868: El primer interés tras la compra de Alaska

La historia comienza justo después de que Estados Unidos comprara Alaska a Rusia en 1867 por 7,2 millones de dólares. El entonces Secretario de Estado, William Seward, pretendía expandir la presencia estadounidense en el Ártico y puso la mirada en Groenlandia.

Seward estaba convencido de su potencial económico: carbón, minerales y una ubicación privilegiada. Sin embargo, el Congreso estaba agotado por la compra de Alaska y el entusiasmo por continuar con adquisiciones en zonas frías y remotas era escaso. Así, las discusiones sobre Groenlandia nunca avanzaron a una propuesta formal.

1910: El intento de intercambio territorial bajo Taft

Ya bajo la presidencia de William Howard Taft, los diplomáticos estadounidenses idearon un plan aún más ambicioso: un intercambio de tierras con Dinamarca que incluiría otorgarle algunas concesiones (probablemente en el Caribe) a cambio de Groenlandia.

La idea fue rápidamente descartada por los daneses, quienes consideraron innegociable entregar Groenlandia, aún cuando en esa época la isla tenía muy poca infraestructura y población (menos de 15.000 habitantes).

1946: La oferta de compra más seria e inesperada

Después de la Segunda Guerra Mundial, Groenlandia demostró por primera vez su importancia militar concreta. Estados Unidos construyó una base aérea clave como parte del puente aéreo entre América y Europa, y la isla sirvió como escala para misiones transatlánticas durante el conflicto.

En 1946, el presidente Harry S. Truman ofreció 100 millones de dólares en oro para comprar Groenlandia, en un intento por afianzar el dominio estadounidense en el Ártico y proteger las rutas aéreas de la Guerra Fría.

Dinamarca nuevamente rechazó la oferta, aunque accedió a permitir la presencia militar estadounidense en la isla. Desde entonces, Estados Unidos mantiene una instalación militar permanente en la base de Pituffik (antes Thule), hoy conocida como Base Espacial de Pituffik, la más septentrional operada por el Departamento de Defensa.

Groenlandia como aliado clave de la OTAN y el escudo antimisiles

Con la Guerra Fría en pleno apogeo, Groenlandia se convirtió en un punto vital para la defensa de América del Norte. **Bajo el sistema BMEWS (Ballistic Missile Early Warning System)**, la base de Thule servía (y aún sirve) como centro de monitoreo para detectar lanzamientos de misiles procedentes de Rusia.

A lo largo del tiempo, se han firmado acuerdos secretos, autorizaciones directas y compromisos de inversión que aseguran la cooperación danesa y el uso estratégico de Groenlandia como parte del sistema defensivo estadounidense en el Ártico. Lo que parecía inicialmente una simple isla helada se transformó en una pieza de ajedrez crucial en la seguridad global.

El renovado interés bajo la administración Trump

Cuando en 2019 el entonces presidente Donald Trump manifestó públicamente su interés en comprar Groenlandia, la noticia causó revuelo internacional y fue tomada como una broma por muchos. Incluso el gobierno de Dinamarca calificó la idea de "absurda".

Pero siguiendo el hilo histórico, la propuesta encajaba perfectamente en la lógica estratégica sostenida por Estados Unidos durante más de un siglo y medio. “Es algo en lo que estamos interesados estratégicamente”, dijo Trump entonces. Lo que pocos entendieron es que, para las autoridades militares y diplomáticas estadounidenses, Groenlandia nunca fue un chiste.

¿Groenlandia como estado asociado de EE.UU.?

Desde aquel episodio, algunos expertos han comenzado a sugerir fórmulas intermedias: establecer un acuerdo de tipo “estado libre asociado” con EE.UU., como Puerto Rico; ampliar los tratados de defensa; o aumentar las inversiones norteamericanas en la infraestructura social y económica de la isla.

De hecho, en los últimos años Washington ha tímidamente invertido en proyectos locales para reforzar la presencia cultural y diplomática. En 2020, EE.UU. reabrió su consulado en Nuuk, la capital de Groenlandia, tras casi 70 años de ausencia.

El interés chino y ruso por el Ártico: presiones que aumentan

Una parte clave del renovado entusiasmo por Groenlandia radica en el auge de la competencia ártica. Tanto Rusia como China han mostrado interés en las rutas marítimas y recursos mineros de la región, debilitando el dominio occidental en estos territorios.

  • Rusia ha aumentado su presencia militar en el círculo polar.
  • China promueve iniciativas mineras y portuarias en Groenlandia y el archipiélago ártico canadiense.

El deshielo ártico, causado por el cambio climático, ha abierto nuevos corredores marítimos, estimulando una carrera geoestratégica por el control del norte global. En este contexto, Groenlandia se presenta como un bastión crítico.

Perspectivas futuras: autonomía y tensiones

En 2009, Groenlandia logró un nuevo estatuto de autogobierno, aprobando su propio sistema legal, judicial y de recursos naturales. Aunque sigue formando parte del Reino de Dinamarca, se encamina a una independencia progresiva, promovida por sectores nacionalistas y apoyada por el creciente interés geopolítico y económico.

¿Será EE.UU. capaz de comprar Groenlandia alguna vez? La respuesta es incierta. Si alguna vez se da una separación total de Dinamarca, es probable que la nación más poderosa del mundo busque asegurarse un papel dominante en Groenlandia, aunque no mediante compra, sino a través de alianzas, inversión estratégica y acuerdos multilaterales.

Como resume el historiador Ronald E. Doel, experto en historia ártica: "Washington nunca ha dejado de mirar hacia Groenlandia. Sólo está esperando el momento adecuado".

Citas destacadas

  • “Es un territorio con una posición geográfica única. Podría decirse que es el portaviones natural del norte.” — Michael Pompeo, exsecretario de Estado
  • “No está a la venta.” — Mette Frederiksen, Primera Ministra de Dinamarca en respuesta a Trump (2019)

Dato curioso

En 2021, el Parlamento groenlandés aprobó una ley para suspender definitivamente la extracción de uranio y tierras raras, mostrando un viraje hacia una explotación ambientalmente más sostenible, pese al interés internacional en estos recursos.

Con tensiones globales crecientes, cambio climático y una nueva guerra fría entre potencias, Groenlandia está de vuelta en el centro del tablero mundial. Su adquisición, aunque poco probable, sigue siendo un deseo antiguo de Washington que podría redefinirse bajo nuevas estrategias de influencia.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press