¿Por qué Trump ahora habla bien de Gustavo Petro?: Entre virajes diplomáticos y contradicciones explosivas
De acusaciones sobre narcotráfico a una invitación a la Casa Blanca: analizamos el errático vuelco en la actitud de Trump hacia el presidente colombiano
Una relación en constante turbulencia
En un giro inesperado pero no inédito, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, pasó de acusar a Gustavo Petro de "fabricar y vender cocaína" a abrirle las puertas de la Casa Blanca con halagos sobre su reciente conversación telefónica. ¿Cómo se entienden cambios tan abruptos en la geopolítica?, ¿qué factores están detrás de esta dinámica?, ¿y por qué Colombia, un aliado clave en la región, se ve constantemente arrastrada por las tensiones políticas estadounidenses?
De insultos a invitaciones
Hace apenas unos días, Trump realizó fuertes comentarios contra el mandatario colombiano, afirmando que “tiene fábricas de cocaína” y que “no va a durar mucho”. Estas palabras, dichas tras una operación militar estadounidense para deponer a Nicolás Maduro en Venezuela, causaron un enorme revuelo diplomático. Petro, por su parte, calificó la acción como una “violación atroz de la soberanía latinoamericana”, comparándola con el infame bombardeo nazi de Guernica en 1937.
Sin embargo, ese clima de confrontación dura parece haberse disipado en cuestión de horas. Trump sorprendió al publicar en su red social que conversó con Petro, consideró el tono de la llamada "respetuoso" y anunció una futura reunión entre ambos en la Casa Blanca.
Un patrón repetido en la diplomacia de Trump
Este tipo de cambios de postura no es nuevo en la política exterior del expresidente. En su gestión se especializó en crear fricciones con aliados para luego usar la distensión como herramienta de negociación: Corea del Norte y Kim Jong Un; Rusia y Vladimir Putin; e incluso la Unión Europea fueron sujetos de críticas mordaces seguidas de intenciones diplomáticas.
En el caso de Colombia, la situación es particularmente compleja. Como el mayor exportador de cocaína del mundo y principal destinatario de ayuda estadounidense en América Latina, el país se sitúa en el centro de la estrategia antidrogas de Washington. La relación binacional ha tenido momentos de altibajos desde hace más de tres décadas.
Gustavo Petro, un desafío para Washington
La figura de Petro incomoda a ciertos sectores del poder estadounidense. El primer presidente de izquierda en Colombia ha promovido una ruptura con el enfoque militarizado del combate al narcotráfico y ha propuesto en cambio una mirada más integral, que incluye legalización controlada, inversión social y participación de los excombatientes en tareas productivas.
Estas posturas han chocado directamente con el enfoque endurecido de la administración Trump, que incluso sancionó a Petro, a miembros de su familia y su gabinete, acusándolos de nexos con el narcotráfico internacional. Fue también en este periodo donde el Departamento de Estado incluyó a Colombia en la lista de países que no cooperan adecuadamente en la lucha antidrogas—a pesar de que su colaboración ha sido histórica, especialmente desde el Plan Colombia en el año 2000.
Colombia: del Plan Colombia al Plan Washington
Desde finales del siglo XX, la relación entre Estados Unidos y Colombia ha estado determinada por el narcotráfico. El Plan Colombia, diseñado e implementado desde el año 2000, supuso una inversión de más de $10 mil millones de dólares por parte de EE.UU. para combatir insurgencias armadas y redes del narcotráfico.
Aunque logró disminuir los indicadores de violencia e incrementar la capacidad estatal, los cultivos de coca han alcanzado cifras históricas en los últimos años: según datos de la UNODC, en 2022 Colombia registró 230.000 hectáreas sembradas de coca, un 13% más que el año anterior.
Frente a esta realidad, Petro ha defendido una alternativa menos represiva. En un discurso ante la ONU en 2022, afirmó que “la guerra contra las drogas ha fracasado” y que es hora de abandonar el paradigma de criminalización.
Trump, drogas y política interna
La dureza de Trump respecto a Colombia también puede leerse como parte de su retórica electoral. En su narrativa, la frontera sur y el narcotráfico son símbolos del “peligro externo” que amenaza a Estados Unidos. Mencionar a Petro en su discurso e incluso atribuirle una capacidad decisoria en el mercado de drogas refuerza su imagen ante ciertos votantes como el líder que “no se tiembla” al hablar de crimen y castigo.
Lo paradójico es que ese mismo líder, días después, invita a ese “narcotraficante” a conversar en la Casa Blanca. Una señal más de su estilo imprevisible, que prioriza conveniencia política sobre coherencia diplomática.
La estrategia de Petro: ¿resistencia o pragmatismo?
Pese a tener serias diferencias con las políticas de Estados Unidos, especialmente bajo gobiernos republicanos, Gustavo Petro ha optado por mantener canales de comunicación abiertos. Sabe que Colombia no puede prescindir del vínculo económico, tecnológico y geopolítico con EE.UU., principal destino de sus exportaciones y fuente crucial de ayuda contra el narcotráfico y el cambio climático.
Al aceptar la llamada de Trump y coordinar una reunión, Petro demuestra un enfoque pragmático, capaz de anteponer la diplomacia a las injurias. En declaraciones previas, ya había expresado que "con Estados Unidos siempre debemos mantener una relación de Estado a Estado, por encima de ideologías personales".
Qué puede estar buscando Trump con el viraje
Trump ha mostrado interés en redefinir los enfoques diplomáticos tradicionales, centrándose en lo bilateral y reduciendo el peso de los organismos multilaterales. Con Petro, podría estar tanteando un nuevo espacio de negociación que le permita desmarcarse de los viejos pactos de la era Biden o incluso presionar por concesiones estratégicas sin filtros institucionales.
Además, el conflicto en Venezuela sigue presente: si bien Nicolás Maduro logró reposicionarse internacionalmente tras acuerdos con EE.UU. por temas energéticos, un giro inesperado en ese tablero geopolítico podría reactivar los intereses de Trump en la región como parte de su carrera presidencial para 2024.
Una relación que vive entre extremos
La dinámica entre Trump y Petro refleja un fenómeno mayor: cómo la política antidrogas y la geopolítica regional están dominadas por líderes que privilegian la confrontación y el espectáculo sobre el consenso y la estrategia.
Mientras Trump utiliza agresiones verbales seguidas de invitaciones diplomáticas como si estuviera en un reality show, Petro trata de caminar sobre una delgada línea entre la autodeterminación soberana y la necesidad de alianzas internacionales. El resultado es una relación bilateral que parece más una montaña rusa emocional que una alianza basada en intereses comunes duraderos.
¿Qué puede pasar ahora?
- Si la reunión en la Casa Blanca finalmente ocurre, podríamos ver una nueva narrativa construyéndose entre ambos países, aunque su duración dependerá de las elecciones en Estados Unidos.
- Si Trump regresa a la presidencia en 2025, Colombia deberá prepararse para un enfoque menos multilateral y más transaccional, donde temas como drogas, migración y Venezuela serán moneda de cambio.
- Por ahora, Petro gana tiempo y margen de maniobra internacional, mientras Trump refuerza su figura de “negociador imprevisible”.
Lo que es claro es que la política exterior de ambos no conoce tregua ni medias tintas, y en esa batalla de declaraciones, los pueblos de ambos países son los que más tienen que ganar... o perder.
