El repliegue de EE. UU. del multilateralismo: ¿Protección de soberanía o aislamiento estratégico?

La administración Trump abandona más de 60 organismos internacionales, incluyendo el acuerdo climático de la ONU, en una cruzada por redefinir la cooperación global bajo sus propios términos.

Por décadas, Estados Unidos ha sido actor clave en la arquitectura del sistema de gobernanza internacional. Desde tratados climáticos y agencias humanitarias hasta organismos de cooperación científica y comerciales, el país ha moldeado activamente el multilateralismo. Sin embargo, la administración de Donald Trump ha dado un giro radical a esa tradición, optando por una retirada progresiva que ha sorprendido incluso a sus aliados más cercanos.

Una orden ejecutiva de alcance global

El 7 de enero de 2026, el expresidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que suspende el apoyo y la membresía de EE. UU. en 66 organismos internacionales. Muchos de estos pertenecen o están vinculados al sistema de las Naciones Unidas, incluyendo áreas vitales como el cambio climático, los derechos laborales, la salud reproductiva y la cooperación científica.

La administración justificó su decisión argumentando que estas instituciones son “redundantes, mal administradas, ineficaces, capturadas por agendas extranjeras o directamente contrarias a la soberanía y prosperidad estadounidense.”

El blanco principal: las iniciativas climáticas y de derechos humanos

Entre las salidas más significativas se encuentra el retiro de EE. UU. del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), tratado que dio origen al histórico Acuerdo de París de 2015. Esta decisión marca un nuevo ataque frontal contra los compromisos medioambientales multilaterales asumidos por la mayoría del planeta.

Trump ha tachado el cambio climático de "farsa" en numerosas ocasiones, y con esta medida, da un paso más en el desinterés mostrado frente a la emergencia climática. En palabras de Rob Jackson, climatólogo de la Universidad de Stanford y presidente del Global Carbon Project, la partida de EE. UU. “abre la puerta a que otros países se excusen para retrasar sus compromisos y acciones frente al cambio climático.

Desmantelamiento progresivo: mucho más que el clima

No es la primera vez que la administración Trump toma esta postura. Ya se habían congelado o eliminado fondos para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la agencia cultural UNESCO y la UNRWA, que asiste a refugiados palestinos.

Ahora, la lista se amplía para incluir organismos técnicos como:

  • La Universidad de las Naciones Unidas
  • El Comité Asesor Internacional del Algodón
  • La Organización Internacional de Maderas Tropicales
  • El Pacto de Energía Libre de Carbono
  • La Federación Internacional de Consejos de las Artes

El lema parece claro: reducir al mínimo cualquier compromiso internacional que no encaje con una visión estrecha de intereses nacionales.

Una visión de cooperación “a la carta”

Daniel Forti, responsable de asuntos de la ONU en el International Crisis Group, calificó esta estrategia como una suerte de “multilateralismo a la carta.” En sus palabras: “Lo que vemos es una cristalización de la política exterior estadounidense: cooperación sí, pero solo bajo nuestros términos.”

Esta postura representa un drástico alejamiento de la política internacional adoptada incluso por administraciones republicanas pasadas. Por ejemplo, el expresidente George H. W. Bush fue un defensor férreo de las Naciones Unidas durante la Guerra del Golfo, y Ronald Reagan promovió diversas iniciativas multilaterales durante la Guerra Fría.

¿Protección de soberanía o aislamiento?

La administración Trump ha enmarcado estas decisiones como una defensa de la soberanía nacional. En un comunicado oficial del Departamento de Estado se afirmó que muchas de estas instituciones “habían sido capturadas por actores con agendas contrarias a los intereses de Estados Unidos.

Sin embargo, expertos advierten sobre el riesgo de un aislamiento estratégico que puede dejar a EE. UU. al margen de espacios donde se están definiendo estándares tecnológicos, ambientales y económicos clave para el futuro.

Por ejemplo, China ha ganado terreno en agencias como la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la Organización Marítima Internacional. Dejar vacíos en esos foros podría significar perder capacidad de influir en reglas globales sobre navegación, satélites o infraestructura digital.

Repercusiones concretas: más que simbólicas

La salida del UNFCCC y otras agencias climáticas ocurre en un contexto crítico. Según el Informe sobre Brecha de Emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2023), para mantener al planeta por debajo de 1.5 °C de calentamiento, es necesario reducir emisiones de gases de efecto invernadero un 45% para 2030 — algo virtualmente imposible sin la participación activa de Estados Unidos, el segundo mayor emisor del mundo.

Además, la retirada de la agencia de población de la ONU (UNFPA), que brinda asistencia en salud reproductiva a millones de mujeres, podría dejar sin fondos programas esenciales en África, Asia y América Latina.

Democracias, dictaduras y contradicciones

Paradójicamente, esta retórica anti-ONU se ha cruzado con posturas de corte intervencionista en regiones como América Latina. Trump y algunos asesores han llegado a sugerir acciones militares contra Nicolás Maduro en Venezuela, e incluso insinuaron (aunque en tono ambiguo) intenciones de adquirir Groenlandia de Dinamarca. Estas acciones contrastan con un discurso basado, se supone, en el rechazo a influencias extranjeras.

Ante esta contradicción, algunos analistas como Stephen Walt, de la Universidad de Harvard, han calificado esta política exterior como “una mezcla inconsistente de aislacionismo retórico y aventuras unilaterales.”

Biden, restaurador parcial

Con la llegada de Joe Biden en 2021, varias de estas decisiones fueron revertidas. Se restauró la financiación a la OMS, UNFPA y el regreso al Acuerdo de París. Sin embargo, el daño a la credibilidad estadounidense ya había sido significativo.

Muchos países, especialmente aliados tradicionales de Europa, comenzaron a considerar diversificar sus alianzas estratégicas, y algunos llegaron a profundizar relaciones con China, la Unión Europea, o bloques regionales como la ASEAN o Mercosur.

Un legado duradero, incluso tras Trump

Más allá de los efectos puntuales de estas salidas, lo más preocupante es el precedente institucional que dejan. De demostrar que una administración puede suspender unilateralmente décadas de cooperación sin supervisión directa del Congreso, sentaron un precedente reversible y politizado en política exterior.

Si cada cambio de administración implica entrar y salir de tratados y organismos clave, se erosiona la consistencia y confiabilidad del país como socio internacional.

¿Qué sigue?

Es probable que los aliados tradicionales de EE. UU. se mantengan a la expectativa en futuras elecciones. La permanencia de políticas como estas dependerá del escenario electoral de 2028. Mientras tanto, el repliegue estadounidense crea vacíos de liderazgo que actores como China, Rusia y bloques emergentes están listos para llenar.

Para países en desarrollo, esta ausencia puede significar menos cooperación técnica, menos financiamiento climático y menor defensa de derechos humanos en foros internacionales.

“El repliegue estadounidense no fue solo un terremoto diplomático; fue también un síntoma de la redefinición del orden mundial.”

¿Será este un nuevo equilibrio basado en una multipolaridad más compleja, o simplemente una retirada voluntaria de quien alguna vez lideró el concierto internacional?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press