Guerras al viento: La batalla de la energía eólica en la era Trump

Suspensiones, demandas y un futuro incierto para los parques eólicos marítimos en EE. UU.

La tormenta política detrás del viento renovable

En diciembre de 2025, la administración de Donald Trump sorprendió al sector energético al ordenar la suspensión de cinco grandes proyectos de energía eólica marina en la costa este de Estados Unidos. La razón oficial: preocupaciones sobre la seguridad nacional. Esta decisión ha desatado una tormenta de demandas por parte de empresas desarrolladoras como Equinor (Noruega), Orsted (Dinamarca), y estados como Connecticut y Rhode Island, desatando un choque frontal entre la transición energética y la política conservadora.

Los proyectos detenidos: inversiones multimillonarias en jaque

Los proyectos detenidos incluyen desarrollos clave como:

  • Empire Wind (Equinor) - Nueva York
  • Sunrise Wind (Orsted) - Nueva York
  • Vineyard Wind - Massachusetts
  • Revolution Wind (Orsted/Skyborn) - Rhode Island y Connecticut
  • Coastal Virginia Offshore Wind (Dominion Energy) - Virginia

Estas instalaciones representan miles de millones de dólares en inversión y la promesa de generar suficiente energía limpia para abastecer a millones de hogares en la región del Atlántico. La empresa Empire Wind declaró que su proyecto enfrenta una "+letal amenaza financiera" si no puede reanudar la construcción antes del 16 de enero de 2026, debido a la dependencia de buques especializados y contratos ajustados de cronograma.

¿Amenaza a la seguridad o excusa política?

Desde el anuncio del Departamento del Interior, los detalles sobre los riesgos de seguridad nacional que motivaron la suspensión han brillado por su ausencia. Este velo de misterio ha generado tanto escepticismo como descontento, en especial porque el equipo de Orsted argumentó haber mantenido reuniones semanales con la Guardia Costera desde 2025 sin que se mencionaran objeciones por seguridad.

Matt Middleton, vocero del Departamento del Interior, defendió la medida señalando que es una forma de proteger la soberanía marítima de Estados Unidos y asegurar que los proyectos no interfieran con operaciones militares o de defensa costera.

Un patrón de hostilidad hacia las energías renovables

Este tipo de medidas no es un caso aislado. El expresidente Trump se ha mostrado históricamente escéptico —cuando no abiertamente hostil— hacia las energías renovables, calificando los parques eólicos como "horribles para la vista", "asesinos de pájaros" y costosos.

Durante su primer mandato, incluso intentó bloquear proyectos eólicos en Escocia cerca de su campo de golf. Ahora, en su regreso al poder, ha redoblado su apuesta por los combustibles fósiles, priorizando proyectos de carbón, gas natural y petróleo.

Una industria en pie de guerra legal

Las reacciones no se han hecho esperar. Dominion Energy, encargada de Coastal Virginia Offshore Wind, fue la primera en demandar, y la calificó como una medida "arbitraria e inconstitucional".

Entretanto, Connecticut y Rhode Island han solicitado una medida cautelar para continuar con su proyecto Revolution Wind, argumentando que cada día de retraso implica costos que se traducen en "cientos de miles de dólares en facturas de energía infladas" para los consumidores.

William Tong, fiscal general de Connecticut, fue tajante en su declaración: “El proyecto Revolution Wind fue aprobado legal y rigurosamente. La administración Trump no ha presentado ni una sola prueba creíble para justificar esta suspensión.”

El precedente de Empire Wind

Esta no es la primera vez que la administración interviene en estos proyectos. En abril de 2025, ordenó la detención de Empire Wind, alegando que el gobierno de Biden había acelerado indebidamente los permisos. Sin embargo, un mes después, permitió que las obras continuaran. Ahora, con una nueva orden de suspensión, el ciclo de incertidumbre se repite.

Equinor recuerda que la aprobación federal final de Empire Wind ocurrió en febrero de 2024, después de casi una década de planificación. Cualquier nuevo retraso compromete no solo los cronogramas, sino los montos financieros comprometidos por bancos e inversores.

El futuro de la energía eólica estadounidense cuelga de un hilo

Estados Unidos tiene un potencial eólico marino de unos 2,000 gigavatios, según estudios del Departamento de Energía. Esto equivale a casi el doble de la capacidad eléctrica instalada del país hoy día.

Sin embargo, solo dos instalaciones comerciales están actualmente operativas, mientras que Europa acumula más de 30 gigavatios instalados lideradas por países como Dinamarca, Reino Unido y Alemania.

La promesa de estos proyectos no es solo medioambiental. La energía eólica marina puede generar:

  • Decenas de miles de empleos en construcción, mantenimiento y operación
  • Inversiones regionales por más de 100,000 millones de dólares
  • Reducción de la dependencia energética del gas natural y petróleo

Impacto político y medioambiental

Las acciones de la administración Trump tienen implicaciones más allá de lo económico. El rechazo a este tipo de energía contrasta radicalmente con la política de la administración Biden, que había promovido la energía eólica como clave para alcanzar sus metas de cero emisiones netas para 2050.

Para los ecologistas, la suspensión es un "paso atrás climático". Para los sectores pro combustibles fósiles, es una victoria estratégica. Lo que es indiscutible es que el futuro energético estadounidense enfrenta una encrucijada crítica entre avances hacia la sostenibilidad y retrocesos anclados en intereses ideológicos.

Revolución pausada: ¿oportunidad perdida?

Skyborn Renewables, socio de Orsted en Revolution Wind, ha advertido que los costes asociados al estancamiento pueden superar los 600 millones de dólares si el proyecto no logra reactivarse pronto. La construcción avanzada de sus turbinas —muchas ya ensambladas— corre el riesgo de deteriorarse por inactividad prolongada, con implicaciones logísticas y financieras graves.

Mientras tanto, grupos comunales y ciudadanos han comenzado a organizar protestas, pues varios de estos proyectos prometían tarifas eléctricas más bajas o incluso programas sociales financiados por los beneficios de los parques eólicos.

Un nuevo capítulo en la guerra energética

La batalla entre la energía del futuro y los intereses del pasado continúa escribiéndose en los tribunales y en las costas ventosas del Atlántico. El desenlace no solo definirá la política energética de EE. UU., sino también su legado ecológico en un planeta que exige acción urgente.

Como bien lo citó David Wallace-Wells en The New York Times: “El viento no es solo una fuerza de la naturaleza; es también una fuerza política.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press