Un llamado desde las olas: por qué Hawai necesita tomarse en serio la seguridad en sus costas

Tras más de una década de inacción, el estado y los condados se movilizan para advertir los peligros de sus playas —pero, ¿llega demasiado tarde para muchas familias?

Las aguas cristalinas de Hawái representan para muchos el paraíso tropical por excelencia. Pero bajo esa imagen turística se esconde una estadística inquietante: casi 800 personas se han ahogado en las costas hawaianas en la última década. Esta realidad ha sido ignorada durante años por las autoridades estatales, con políticas de prevención fragmentadas e insuficientes.

Ahora, bajo presión popular y tras la pérdida de vidas que podrían haberse evitado, el estado parece estar listo para actuar. La reactivación del Grupo de Trabajo sobre Seguridad en Playas y Aguas —que no se había reunido desde 2012— marca un posible punto de inflexión. Pero, ¿es un cambio real o solo más promesas vacías?

Una tragedia tras otra —y señales ausentes

Desde 1996, la ley hawaiana exige que se coloquen letreros en playas estatales y de condado para advertir sobre peligros como fuertes corrientes y rompientes agresivos. Sin embargo, esta medida, aunque bien intencionada, ha estado llena de vacíos. La cobertura es limitada: excluye playas populares pero no reconocidas oficialmente, acantilados de pesca u otras zonas transitadas por locales y turistas.

Uno de los casos más duros es el de Lily, una adolescente que falleció en 2022 tras un accidente de surf en la isla Grande. Su madre, Rachel Able, ha sido una de las principales voces exigiendo responsabilidad. "¿Por qué tiene que ocurrir una tragedia para que el gobierno actúe?" se pregunta indignada.

Un sistema disfuncional y sin fondos

El Grupo de Trabajo originalmente trabajaba con oficiales de seguridad oceánica para determinar los riesgos costeros y colocar las señales conforme a ello. Pero desde 2012, el grupo dejó de colaborar y quedó en el olvido. Una investigación del medio local Civil Beat reveló que el estado aún no ha recomendado nuevas señales en más de una década.

Actualmente, solo hay alrededor de 150 señales distribuidas en 7 parques estatales de playa a lo largo de más de 1.600 kilómetros de costa. Para ponerlo en perspectiva, es como si un país con más de mil escuelas solo tuviera señales de evacuación en siete de ellas.

Además, la implementación inicial no estuvo acompañada de un presupuesto ni planificación de mantenimiento. Algunas playas que se han vuelto muy populares gracias a las redes sociales jamás fueron reevaluadas por la falta de reuniones del grupo de trabajo.

Nuevas tecnologías y un enfoque actualizado

Expertos en seguridad, como Jessamy Town Hornor, cofundadora de la Coalición de Seguridad Acuática de Hawái, creen que se requiere una visión más moderna y dinámica. Ella y otros proponen la incorporación de herramientas como:

  • Códigos QR en las señales para consultar en tiempo real las condiciones del mar.
  • Alertas por geolocalización que se activen en el teléfono móvil al ingresar a zonas peligrosas.
  • Sistemas de notificación por oleaje o eventos climáticos extremos conectados a la red meteorológica.

Estas medidas, asegura Hornor, podrían haber evitado la muerte de su hija Mina y de su esposo Mark, arrastrados en 2016 por una ola repentina en la famosa piscina natural de Makapuʻu. "Un simple cartel fijo no transmite la variabilidad y el peligro del océano desde la superficie", explicó.

Olas de cambio: más inversión e involucramiento

Las autoridades hawaianas comienzan, tímidamente, a reaccionar. Entre los avances más notables se encuentran:

  • La creación el año pasado del primer Plan de Seguridad Acuática del estado.
  • Mantenimiento de presupuestos crecientes para entrenamientos de salvavidas y educación pública.
  • Separación de la agencia de salvavidas en Oahu como una entidad propia de gobierno local, con mayor capacidad operativa.

Además, se platean reformas legislativas para ampliar la cobertura legal de advertencias más allá de los parques oficiales. "Tenemos que actualizar la ley para proteger también otras playas que ahora son destinos frecuentes debido a las redes sociales", dijo el representante estatal David Tarnas.

Aún queda mucho por hacer. Un dato alarmante revelado por el Departamento de Salud Estatal indica que la mitad de los niños en Hawái no saben nadar, a pesar de que el ahogamiento es la principal causa de muerte entre menores de 15 años en el estado.

Los que lideran desde abajo

Las ONG y asociaciones de socorristas de Hawái han sido un motor fundamental para estos recientes cambios. La Asociación de Salvavidas de Hawái, por ejemplo, ha presionado fuertemente por la reactivación del Grupo de Trabajo. Su directora, Kirsten Hermstad, afirma que están listos para hacerse cargo de su coordinación si el estado se los permite.

“Está claro que este grupo no fue una prioridad por años”, admitió con franqueza Alan Carpenter, jefe interino de Parques Estatales. Pero ahora hay disposición para trabajar con los condados y salvavidas en campo. “No se trata de evitar demandas legales, se trata de evitar que la gente muera”, añadió Carpenter.

La colaboración público-privada también se fortalece. Se financian más lecciones de natación gratuitas con ayuda de fundaciones, como respuesta a una necesidad crítica. También se debate un sistema de señalización digital estandarizado entre los condados de Hawái.

La memoria como motor de cambio

Para muchas familias, estas acciones, aunque tardías, son una fuente de consuelo. Rachel Able conoció la noticia de la reactivación del Grupo de Trabajo justo días antes de lo que habría sido el cumpleaños número 19 de su hija Lily. “Me da esperanza que lo estén tomando más en serio… aunque ojalá no hubiéramos tenido que llegar a esto así”, dijo.

Para que tragedias como la de Lily, Mina o Mark no se repitan, es vital que la prevención no sea un esfuerzo puntual, sino un compromiso sostenido. El océano no perdona la negligencia, y más aún cuando miles de personas llegan cada año sin conocer sus riesgos.

La costa hawaiana puede seguir siendo un paraíso. Pero sólo si además de disfrutarla, también aprendemos a respetarla.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press