Venezuela, Ucrania y el ajedrez global de las esferas de influencia: ¿acuerdo tácito o nueva Guerra Fría?
La captura de Maduro, el control sobre Ucrania y los movimientos de EE.UU. y Rusia en el hemisferio occidental nos muestran un nuevo orden geopolítico basado en la fuerza
¿Un nuevo tablero geopolítico?
La reciente operación relámpago de las fuerzas estadounidenses para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro podría haber parecido una acción aislada, pero en realidad ha desencadenado un amplio debate en los círculos internacionales sobre las verdaderas intenciones de Washington y Moscú. ¿Se trata de una acción unilateral por parte de Estados Unidos o forma parte de un acuerdo implícito entre grandes potencias para repartirse zonas de influencia? Este artículo analiza los elementos clave de este juego geopolítico y lo que podría significar para América Latina, Europa del Este y el equilibrio de poder mundial.
La caída de Maduro: ¿triunfo de EE.UU. o vacío estratégico?
El arresto de Nicolás Maduro ha representado uno de los golpes más duros para el Kremlin en América Latina. Desde el inicio del gobierno chavista, Rusia ha sido un respaldo esencial del régimen venezolano. Inversiones millonarias en la industria petrolera, despliegues simbólicos de aviones y buques militares, y ofertas de armamento sofisticado fueron parte del esfuerzo del Kremlin para ganar presencia en el hemisferio occidental.
Pero todo eso parece haberse derrumbado en cuestión de horas con la operación estadounidense, orquestada bajo una narrativa antidroga, que procesó judicialmente a Maduro por presuntos lazos con carteles de narcotráfico. En el proceso, se incautaron dos petroleros sancionados vinculados a Venezuela, incluido uno con bandera rusa. Esta acción hizo revivir al mundo latinoamericano las memorias de épocas de intervencionismo estadounidense abierto.
Putin y el mito de la esfera de influencia
Desde la anexión ilegal de Crimea en 2014, Vladimir Putin ha justificado sus acciones militares alegando que Occidente, y especialmente la OTAN, están invadiendo la esfera de influencia de Rusia. Bajo esta premisa, Putin lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en 2022. En palabras del propio mandatario ruso:
“La expansión hacia el este de la OTAN es inaceptable. ¿Somos nosotros quienes ubicamos misiles cerca de las fronteras de EE.UU.? No. Son ellos quienes los traen a nuestras puertas”.
Sin embargo, eventos recientes en América Latina plantean serias contradicciones a este discurso. ¿Cómo puede Rusia reclamar su derecho a intervenir en Ucrania mientras permite que EE.UU. reconfigure por la fuerza el panorama político de uno de sus principales aliados en América Latina?, se preguntan sectores del Kremlin y muchos observadores globales.
¿Un intercambio velado: Venezuela por Ucrania?
Fiona Hill, exasesora de Seguridad Nacional en temas de Rusia y Europa durante la administración Trump, declaró ante el Congreso en 2019 que Rusia había insinuado su disposición a entregar su influencia en Venezuela a cambio de que EE.UU. no interfiriera en Ucrania. Estas propuestas —según Hill— nunca se formalizaron, pero se discutieron en clave de "guiños y codazos" entre diplomáticos, incluyendo al entonces embajador ruso en Washington, Anatoly Antonov.
Hill incluso realizó una visita a Moscú para transmitir el mensaje de que “Ucrania y Venezuela no están relacionadas”. Sin embargo, la reciente inacción rusa ante el colapso del apoyo a Maduro ha reavivado las teorías sobre la posibilidad de un acuerdo tácito.
Sam Greene, analista de Rusia en King’s College London, expresó en la red social X:
“Mi preocupación es que esto forme parte de un acuerdo tácito entre Washington, Moscú y Pekín: una especie de trato por el cual las potencias no se interfieren mutuamente en sus zonas de influencia”.
Reacciones desde el Kremlin: el pragmatismo de Medvedev
El expresidente ruso Dmitry Medvedev, conocido por sus declaraciones provocadoras, tuvo una opinión mixta respecto a la operación estadounidense. Mientras calificó el arresto de Maduro como una “flagrante violación del derecho internacional”, también elogió el enfoque de Trump al defender agresivamente los intereses estadounidenses:
“Aunque la acción de Trump es completamente ilegal, no se le puede negar una coherencia: él y su equipo están defendiendo de manera muy agresiva los intereses nacionales de su país”.
Estas palabras, lejos de ser una simple crítica a EE.UU., sugieren una aceptación de que el poder militar puede seguir siendo la herramienta predominante en la política internacional contemporánea.
La doctrina del poder hace la razón
El caso Venezuela ha planteado serias dificultades a la narrativa occidental que condena la invasión rusa en Ucrania. ¿Cómo puede EE.UU. condenar a Rusia por intervenir militarmente en su vecindario cuando realiza operaciones similares en América Latina?
Fyodor Lukyanov, experto moscovita en política exterior, escribió que el caso venezolano establece un precedente favorable para Rusia:
“Desde la perspectiva del establecimiento de precedentes, no podríamos haber encontrado algo mejor que esto. Incluso Trump piensa que los gobiernos latinoamericanos deben ser aprobados por Washington”.
Alexander Dugin, ideólogo ultranacionalista ruso, fue aún más claro:
“Ucrania bajo nuestro completo control es nuestro pase al club de las Grandes Potencias”.
Este tipo de retóricas revela el retorno a una visión realista de la política internacional, donde los intereses estratégicos priman sobre la legalidad internacional o los derechos soberanos.
Rusia retrocede en América Latina
Históricamente, América Latina ha sido un terreno de competencia entre EE.UU. y potencias extranjeras. Desde el envío de bombarderos estratégicos rusos a Venezuela en 2018 hasta la presencia de técnicos del grupo Wagner, Rusia intentó proyectar capacidades militares en el continente. Pero el fracaso en sostener a Maduro refleja las limitaciones logísticas y políticas del Kremlin fuera de su vecindario inmediato.
No en vano, antes de la captura de Maduro se reportó la evacuación de las familias de diplomáticos rusos en Caracas. Esto apuntaría a una posible “advertencia de cortesía” otorgada por EEUU, como sugirió Fiona Hill.
El Ártico y el enigma de Groenlandia
En medio de este delicado escenario, las declaraciones de Trump sobre "necesitar" Groenlandia para asegurar intereses en el Ártico han formado otra arista del conflicto. Este interés ha sido mal recibido por Dinamarca y otras naciones europeas, generando tensión dentro de la OTAN justo en un momento crítica para la seguridad continental europea.
La ubicación estratégica de Groenlandia, con más de dos tercios de su territorio dentro del Círculo Polar Ártico, la convierte en un punto clave ante la creciente militarización del Ártico por parte de Rusia y China.
¿Qué sigue en esta nueva Guerra Fría?
- ¿Veremos consolidarse la doctrina de esferas de influencia aceptadas tácitamente por las grandes potencias?
- ¿América Latina perderá el equilibrio hacia una bicefalia entre China y EE.UU.?
- ¿Ucrania quedará como la pieza sacrificable dentro de este tablero global?
La historia nos dice que los acuerdos bajo la mesa tienen un alto costo a largo plazo. El reto para las naciones emergentes como Venezuela, Ucrania, o incluso Groenlandia, será evitar ser convertidas en moneda de cambio de potencias que quizás hace tiempo dejaron de respetar el concepto clásico de soberanía.
Mientras tanto, la única certeza es que la política internacional jamás deja de ser un complicado juego de poder... y sacrificios.