¿Es esta la peor era de la innovación tecnológica? Una mirada crítica a los peores gadgets del CES
De frigoríficos parlantes hasta chupachups que cantan: cómo la inteligencia artificial y el diseño desechable están transformando (para mal) nuestra relación con la tecnología
Cuando la innovación se convierte en exceso
El Consumer Electronics Show (CES), celebrado cada año en Las Vegas, ha dejado una vez más una mezcla de asombro e incredulidad. Aunque el evento es sinónimo de vanguardia tecnológica, también sirve como escaparate para los fracasos más estrepitosos en innovación. Este año, organizaciones como Consumer Reports, la Electronic Frontier Foundation y defensores del derecho a reparar como iFixit han seleccionado los dispositivos más invasivos, innecesarios o simplemente absurdos, otorgándoles el infame galardón de “Worst in Show”.
El refrigerador que habla (pero no escucha)
El premio a lo peor de lo peor se lo llevó el refrigerador "Bespoke AI Family Hub" de Samsung. La promesa era clara: un electrodoméstico inteligente que gestionase inventario, sugiriera recetas y abriese la puerta por comando de voz. El problema: no funcionaba.
Durante las demostraciones, el aparato no reconocía comandos debido al ruido ambiente. “Todo es exponencialmente más difícil con este tipo de integración forzada”, explicó Gay Gordon-Byrne de la Coalición por el Derecho a Reparar. La nevera además anunciaba productos, proponía compras automatizadas y almacenaba datos de consumo, todo bajo la justificación de “hacer la vida más fácil”. Pero los críticos lo ven como un paso más hacia un futuro donde incluso almacenar alimentos requiere una conexión a Internet y aceptación de nuevas políticas de privacidad.
Privacidad en alerta máxima: Ring y su jardín de vigilancia
Otro gran "galardonado" fue Amazon, mediante su sistema de cámaras Ring, que esta vez incorporó funcionalidades basadas en inteligencia artificial, como alertas por eventos inusuales.
Cindy Cohn, directora ejecutiva de la Electronic Frontier Foundation, fue contundente: “Están normalizando la vigilancia total, dando la falsa impresión de que más cámaras significan mayor seguridad”. Las nuevas funciones incluyen reconocimiento facial y una tienda de aplicaciones para desarrolladores terceros, lo que podría derivar en usos más cuestionables.
Ami: el alma gemela digital más inquietante del año
La empresa china Lepro presentó Ami, un asistente 3D personalizado que actúa como “compañero emocional” para trabajadores remotos. La pantalla curva con una avatar femenina siempre está encendida, te sigue con la mirada y analiza tu tono de voz para expresar “empatía”.
¿La reacción? Espanto entre los asistentes y expertos. “No queremos que una cámara activada permanentemente en un escritorio sea vista como una relación emocional”, dijeron los organizadores del premio.
Por supuesto, Lepro asegura que el dispositivo posee una tapa física para la cámara, pero su marketing 24/7 lo hacía incompatible con ese supuesto cuidado.
Chupachups musicales que contaminan
El premio ambiental fue para Lollipop Star, un caramelo que, gracias a la conducción ósea, reproduce canciones (de artistas como Ice Spice o Akon) al morderlo con los dientes traseros. Fascinante… hasta que termina el caramelo.
El problema: los palillos no son recargables ni reutilizables. Nathan Proctor, de la campaña por el derecho a reparar del Public Interest Research Group, explicaba: “Se fabrican con materiales peligrosos, utilizan minerales críticos y terminan en basureros donde pueden incendiar instalaciones enteras”.
Cintas de correr inteligentes que ponen en riesgo tu seguridad
Otro foco de crítica fue Merach, una empresa china que desarrolló una cinta de correr conectada a Internet dotada de un entrenador por IA que adapta el ejercicio según el ritmo cardíaco. El problema va más allá del “coach virtual”: se trata de una enorme cantidad de datos biométricos recopilados en un dispositivo vulnerable.
El documento de privacidad era claro (y preocupante): “No podemos garantizar la seguridad de tu información personal”. Un golpe bajo a la confianza del consumidor.
Cafeteras parlantes y bicicletas imposibles de reparar
La alemana Bosch recibió dos anti-premios. El primero, por su máquina de espresso de la serie 800, bautizada como “AI Barista Personal”. Además de preparar café, ofrece suscripciones para recetas personalizadas… a través de comandos por voz.
El segundo castigo vino por sus bicicletas eléctricas, cuyo sistema digital impide reemplazar piezas como motor o batería sin autorización. Cory Doctorow, autor de “Enshittification” y juez del evento, lo calificó de ejemplo perfecto del modelo de negocio que esclaviza al usuario: “Incluso si hoy no penalizan a los ciclistas por reparaciones comunes, podrían cambiar las reglas mañana”.
De la innovación útil a la sobrecarga absurda
Los peores productos del CES 2026 tienen algo en común: no necesitábamos que fueran inteligentes. ¿Hace falta que el microondas tenga conversación? ¿De verdad una cinta llena de sensores necesita hablarte como si fuera tu entrenador personal?
Estos ejemplos ilustran una tendencia peligrosa: la "AIzación" de todo, incluso de lo que nadie pidió. Desde cafés hasta frigoríficos, lo analógico se ve desplazado por funcionalidades digitales redundantes, caras e incluso peligrosas.
¿Innovación o ruido?
La crítica también va más allá del diseño: es un recordatorio de cómo la tecnología puede ser usada irresponsablemente, tanto desde el punto de vista ambiental como en lo que respecta a privacidad y dependencia digital.
- Privacidad en riesgo: Cámaras que todo lo ven, altavoces que todo escuchan… y empresas prometiendo respeto sin pruebas reales.
- Diseño desechable: Más gadgets de un solo uso que terminan en la basura antes de los tres meses.
- Reparabilidad imposible: Piezas exclusivas, cifras ocultas y contratos que impiden a los usuarios controlar lo que han pagado.
El mensaje de los activistas, aunque cargado de ironía, tiene un trasfondo muy serio. Elizabeth Chamberlain (iFixit) resume el sentir: “Esperamos que estos premios sean un empujón, no una condena. Queremos que la industria reflexione”.
¿Hacia dónde vamos?
El CES ha sido históricamente una vitrina para lo revolucionario. Sin embargo, en su afán por capitalizar la fiebre de la IA y lo “smart”, muchas empresas están perdiendo el norte. En lugar de resolver problemas reales, están creando artefactos cuya única función es justificar su existencia.
¿La solución? Diseños centrados en el usuario, productos duraderos, sin dependencias innecesarias y, sobre todo, ética. La verdadera innovación no radica en hacer que el refrigerador nos hable, sino en que dure 20 años sin fallar, pueda repararse con facilidad y sin invadir nuestra vida privada.
Mientras tanto, eventos como este “Worst in Show” seguirán siendo una brújula ácida pero necesaria, que nos recuerda que la tecnología no es buena por definición. Lo será cuando, además de asombrarnos, nos respete y mejore nuestra calidad de vida.
