Entre dictadores y democracias: Brasil y Venezuela en la cuerda floja

La batalla por la libertad y la justicia se intensifica en Sudamérica entre excarcelaciones, vetos presidenciales y tensiones políticas

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Una Sudamérica en estado de ebullición

En el transcurso de una única semana, Sudamérica ha sido testigo de acontecimientos que podrían redefinir la próxima década de sus dinámicas políticas. Venezuela ha anunciado la liberación de un número aún indeterminado de presos —entre ellos podrían haber opositores y extranjeros— mientras en Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva vetó una ley que hubiera beneficiado a su predecesor Jair Bolsonaro, actualmente condenado por intento de golpe de Estado.

Ambos hechos, aunque ocurren en contextos distintos, están unidos por un hilo conductor: la lucha por el fortalecimiento (o debilitamiento) de la democracia en la región.

Venezuela: ¿Un gesto de paz real o una maniobra política?

Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y figura influyente del oficialismo, anunció a través de una transmisión televisiva que el gobierno de Nicolás Maduro liberará a una cantidad "significativa" de venezolanos y extranjeros encarcelados. ¿El objetivo? En palabras de Rodríguez, "buscar la paz".

Sin embargo, esta noticia se da en el contexto de las elecciones presidenciales de 2024, caracterizadas por una serie de detenciones masivas de opositores políticos y activistas. Aunque el gobierno insiste en que no existen prisioneros políticos tras las rejas, diversas organizaciones internacionales, como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, presentan otra realidad.

Según Foro Penal, en Venezuela hay al menos 286 presos políticos al cierre de 2023, entre ellos dirigentes de partidos opositores, periodistas y sindicalistas.

La decisión, entonces, levanta sospechas: ¿Es una táctica diplomática para aliviar presiones internacionales? ¿Un intento por recuperar legitimidad interna y externa? Donde algunos ven un paso hacia la reconciliación, otros observan una jugada cuidadosamente calculada.

Estados Unidos y la oposición venezolana: exigencias inquebrantables

Desde hace tiempo, Washington ha condicionado el alivio de sanciones internacionales hacia el gobierno venezolano con avances específicos en derechos humanos, incluyendo la liberación inmediata de presos políticos. Leopoldo López, líder opositor exiliado en España, advirtió en una entrevista reciente que "la liberación de unos pocos no borra años de persecución y tortura".

Henrique Capriles, también opositor y dos veces candidato presidencial, escribió en sus redes sociales: "Celebro cualquier liberación de presos, pero esta no puede convertirse en una moneda de cambio… Venezuela necesita justicia, no trueques políticos".

Brasil: el veto presidencial más emblemático del año

Mientras tanto, en la otra punta del continente, el presidente brasileño Lula da Silva protagonizó un momento igualmente tenso al vetar un proyecto de ley aprobado por el Senado que hubiera reducido la condena de su antecesor, el ultraderechista Jair Bolsonaro, sentenciado a 27 años de prisión por su rol en el intento de golpe de Estado en 2023.

El veto tuvo lugar en una fecha simbólica: el tercer aniversario del asalto al Palacio de Planalto y otras sedes del gobierno en Brasilia, perpetrado por seguidores de Bolsonaro, en un episodio que muchos comparan con la toma del Capitolio en EE. UU. por fanáticos de Donald Trump.

“No tenemos derecho al olvido de nuestro pasado. No aceptamos dictaduras, ni civiles ni militares. El 8 de enero es el día de la victoria de la democracia en Brasil sobre los que intentaron tomar el poder por la fuerza”,
Lula da Silva

El ascenso y caída de Jair Bolsonaro

Bolsonaro, inhabilitado para ejercer cargos públicos hasta 2033, ha enfrentado numerosos procesos judiciales, desde abusos de poder hasta desprecio por los mecanismos democráticos. Incluso en 2018, durante su campaña presidencial, fue apuñalado por un hombre declarado mentalmente enfermo, hecho que impactó su salud de largo plazo.

Desde su condena, los abogados del expresidente han solicitado prisión domiciliaria, alegando razones médicas. No obstante, ni él ni su defensa han emitido comentarios sobre la decisión de Lula, lo cual se interpreta como una estrategia para evitar más controversia pública.

El veto de Lula puede poner a prueba las fuerzas en el Congreso, ya que éste podría votar para revertirlo. Sin embargo, politólogos como Jairo Nicolau advierten que esto podría ser “un suicidio político” antes de los comicios de octubre de 2026, donde la figura de Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario, ya comienza a perfilarse.

¿Qué está en juego en Sudamérica?

  • En Venezuela, la estabilidad política pende de un hilo. Las liberaciones anunciadas podrían calmar las aguas a corto plazo, pero el trasfondo de autoritarismo sigue latente.
  • En Brasil, el escenario preelectoral está cargado de simbolismo y polarización. Lula busca consolidar una narrativa democrática fuerte, y su veto apunta en esa dirección.

Ambas naciones encarnan, en polos opuestos, una batalla por los principios que definirán el siglo XXI sudamericano: ¿continuarán los ciclos de autoritarismo maquillado o se afianzarán instituciones democráticas sólidas?

La presión internacional: factor clave

La comunidad internacional, especialmente organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA), la ONU y algunas potencias europeas, han augurado consecuencias claras para quienes debiliten las estructuras democráticas.

De hecho, en noviembre de 2023 el Parlamento Europeo había instado a la Unión Europea a revisar su relación diplomática con Venezuela si no paraban las detenciones arbitrarias y no se celebraban elecciones transparentes en 2024.

En el caso de Brasil, el episodio del 8 de enero figura ya en los manuales de derechos constitucionales y ciencias políticas como un punto de inflexión. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) felicitó el manejo institucional posterior y el respeto al proceso judicial para condenar a los responsables.

Perspectivas de futuro

En el tablero sudamericano, las piezas están en movimiento. Las próximas decisiones —y omisiones— serán claves. ¿Liberará Venezuela a figuras como Roland Carreño, María Corina Machado o Juan Requesens? ¿Podrá Lula resistir la presión política del bolsonarismo y mantener a Brasil en una senda estable?

Las lecciones son múltiples: la reconciliación nacional no puede ser usada como estrategia política, y el respeto a los derechos humanos no debe depender de cálculos electorales. Venezuela y Brasil, en direcciones encontradas, están marcando los límites —y posibilidades— de lo permisible en sistemas democráticos en construcción.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press