La captura de Maduro, el Congreso y el rumbo incierto de la política exterior de EE.UU.
Trump, Venezuela y el uso del poder militar: ¿quién decide realmente cuándo ir a la guerra?
Una noche larga en Caracas
En una operación digna de una película de espionaje, fuerzas estadounidenses realizaron una redada nocturna donde capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Este sorpresivo evento volvió a poner todos los reflectores internacionales sobre la política exterior de EE.UU., despertando la ira de varios países y el desconcierto de muchos legisladores.
Desde el Congreso, varias voces demócratas —y un puñado de republicanas— insistieron en que esta operación, por muy exitosa que haya resultado para la Casa Blanca, violó el escenario legal y constitucional que define quién tiene el poder de declarar la guerra: el Congreso.
¿Qué dice la Constitución?
La carta magna de Estados Unidos establece que el poder de declarar la guerra le corresponde al Congreso, mientras que el presidente actúa como comandante en jefe. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. no ha declarado formalmente una guerra, confiando cada vez más en acciones militares sin aprobación legislativa explícita.
Este desequilibrio en la balanza de poderes ha generado históricos puntos de tensión. Tras la desastrosa experiencia en Vietnam, el Congreso intentó establecer límites aprobando la Ley de Poderes de Guerra en 1973. A pesar de que fue promulgada rechazando el veto de Richard Nixon, su efectividad ha sido mínima: los presidentes, de ambos partidos, han encontrado formas de sortear sus obligaciones.
Trump y su visión hemisférica
Durante su segundo mandato, Donald Trump ha intensificado sus acciones unilaterales. La captura de Maduro es solo el capítulo más reciente. Meses antes, había ordenado el ataque a supuestas embarcaciones narcotraficantes en el Caribe, amparándose en leyes contra el terrorismo. Más tarde, justificó la redada contra Maduro como una operación policial con fines judiciales, argumentando que lo llevaría a juicio en EE.UU.
La pregunta, entonces, no es si Maduro merecía ser detenido, sino: ¿bajo qué autoridad se realizó esta operación militar en territorio extranjero?
El Senado toma cartas en el asunto
Encabezado por el demócrata Tim Kaine, el Senado se apresta a debatir una resolución que limite el uso de la fuerza militar por parte del presidente sin previa autorización del Congreso. Es un intento más de frenar las aspiraciones expansivas de Trump, quien incluso dejó claro que su mirada va más allá: ha expresado interés en controlar territorios como Groenlandia.
“Es hora de sacar estas acciones del secretismo y poner todo a la luz pública”, sostuvo Kaine. En el pasado, iniciativas similares fracasaron por escasos votos, aunque figuras como Rand Paul o Lisa Murkowski —republicanos críticos del unilateralismo— las respaldaron.
Gran parte de los republicanos, sin embargo, siguen defendiendo a Trump. John Thune, líder de la mayoría en el Senado, afirmó: “Venezuela recibió nuestro mensaje alto y claro”. Otros, como Lindsey Graham, fueron más lejos: avalan usar la fuerza incluso sin aprobación legal, tanto en América Latina como en territorios pertenecientes a aliados de la OTAN, como es el caso de Groenlandia.
Reacciones globales: desde Sudáfrica hasta París
Las repercusiones internacionales fueron inmediatas. En Pretoria, Sudáfrica, decenas de manifestantes —liderados por miembros del Partido Comunista Sudafricano— se reunieron frente a la embajada de EE.UU. para condenar la intervención y exigir la liberación inmediata de Maduro.
Solly Mapaila, secretario general del partido, destacó: “Trump no ha escondido sus intenciones, quiere controlar abiertamente los recursos petroleros venezolanos”.
- “Manos fuera de Venezuela”
- “Liberación inmediata de Maduro”
- “Fin del imperialismo estadounidense”
fueron algunas de las consignas que podían leerse en las pancartas. Incluso algunos grupos pro-palestinos se unieron, arguyendo que lo sucedido en Venezuela podría repetirse en cualquier país pequeño que entrara en conflicto con Washington.
¿Y qué opinan los ciudadanos estadounidenses?
A nivel doméstico, la acción ha generado críticas incluso dentro de los círculos que tradicionalmente apoyaban a Trump. El líder de la minoría demócrata, Chuck Schumer, resumió el malestar general en una frase demoledora: “¿Qué demonios está pasando en Venezuela y por qué un presidente que hizo campaña con ‘América Primero’ ahora pasa su tiempo en aventuras militares?”.
El senador Thillis, republicano de Carolina del Norte y presidente del Observatorio del Senado sobre la OTAN, calificó como “absurdos y amateuristas” los comentarios dentro del gobierno que planteaban la idea de invadir Groenlandia. “Esto distrae del buen trabajo que está haciendo el presidente”, dijo, generando incertidumbre sobre dónde realmente reside el comando en política exterior.
El juego geopolítico y el factor petróleo
No es un secreto para nadie que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Estados Unidos, en busca de nuevas fuentes energéticas y más aún tras la crisis de los mercados petroleros, se ha mostrado dispuesto a asumir mayores riesgos.
Sin embargo, el intento de Trump por tomar el control directo de estos recursos ha sido visto por muchos como una cruzada neocolonial. Sarah Mukwevho, una de las manifestantes en Pretoria, lo explicó claramente: “Lo que sucede hoy con Venezuela, mañana puede pasarle a cualquier país en desacuerdo con EE.UU.”.
¿Qué sigue en el tablero?
Se han anunciado nuevas resoluciones en el Congreso dirigidas a evitar futuras invasiones, ya no sólo en Venezuela, sino también en Groenlandia, Cuba, Colombia, México y Nigeria. El senador Ruben Gallego, demócrata por Arizona, ya trabaja en propuestas enfocadas en bloquear una posible invasión a Groenlandia.
“Tenemos que detenerlo antes de que invada otro país por capricho”, escribió Gallego en redes sociales. “No más guerras eternas”.
Una guerra por delegación (y sin límites)
En tiempos donde los límites entre acción militar y política exterior se difuminan, el caso Venezuela-Groenlandia se convierte en un referente. Especialmente relevante es la transformación que ha tenido el enfoque del uso de la fuerza por parte de la presidencia: de operativos cuidadosamente justificados, pasamos a incursiones geopolíticas impulsadas por agenda ejecutiva directa.
El Congreso, históricamente tibio en su reacción, tiene ahora una presión global y doméstica que no puede evadir. Si no logra establecer límites claros en el uso del poder militar, podría consolidar un modelo de unilateralismo sin control, lo que marcaría un giro profundo e irreversible en la tradición institucional de Estados Unidos.
Tan solo en los últimos 20 años, EE.UU. ha intervenido militarmente en más de 14 países sin una declaración de guerra formal. Las consecuencias de estos conflictos —Irak, Afganistán, Libia y Siria, por citar los más conocidos— aún hacen ecos en la diplomacia global.
Venezuela puede ser la próxima pieza en un ajedrez que extiende sus fronteras hacia terrenos inciertos, tanto estratégicos como morales.
