Meta, Manus y el nuevo campo de batalla: la inteligencia artificial en tensión entre China y EE. UU.
La adquisición de Manus por parte de Meta pone de manifiesto una creciente disputa entre dos superpotencias por el control del futuro tecnológico
La compra de una startup con raíces chinas por parte de Meta no es un simple movimiento empresarial: es una jugada geopolítica en el tablero de la inteligencia artificial. Esta operación ha despertado preocupación en China, donde las autoridades han anunciado que investigarán si el acuerdo entre Meta y la empresa Manus se ajusta a sus leyes nacionales sobre propiedad tecnológica y exportaciones. ¿Por qué tanto alboroto por una startup de IA? Veamos en qué consiste esta disputa tecnológica global que tiene al mundo en vilo.
¿Quién es Manus y por qué le interesa tanto a Meta?
Manus es una joven empresa de inteligencia artificial, oficialmente basada en Singapur, pero con raíces empresariales bien ancladas en el terreno chino. De hecho, sus fundadores y su tecnología nacieron en Beijing, conectando a la empresa con entidades registradas en China.
Su producto más llamativo es un agente de IA de propósito general, capaz de ejecutar autónomamente tareas complejas y de múltiples pasos. Es decir, algo muy cercano al concepto de “IA autónoma” que puede tener usos tanto en la productividad como, potencialmente, en la defensa.
Meta, el gigante californiano dueño de Facebook e Instagram, anunció la semana pasada la adquisición de Manus como parte de su estrategia para fortalecer su infraestructura y productos de inteligencia artificial en sus múltiples plataformas.
Este tipo de adquisiciones son raras, especialmente cuando involucran una transferencia tecnológica de una empresa con ADN chino hacia una compañía de EE. UU., en pleno clima de tensión geopolítica y comercial entre ambas potencias.
La reacción china: entre la ley y el temor estratégico
El portavoz del Ministerio de Comercio chino, He Yadong, informó que su país evaluará si la operación cumple con sus regulaciones. Y fue tajante: “Toda empresa que participe en inversión exterior, exportación de tecnología, transferencia de datos y fusiones transfronterizas debe cumplir con las leyes chinas.”
Este anuncio no sorprende si se considera el marco de seguridad nacional en China, que ha endurecido su control sobre la salida de tecnología avanzada desde el país. Desde 2020, Pekín ha priorizado leyes para proteger sus desarrollos estratégicos, incluyendo algoritmos, técnicas de reconocimiento facial e incluso tecnologías de procesado de lenguaje natural, todas bases importantes de la IA moderna.
¿Por qué importa tanto esta venta?
Más allá del monto o la tecnología puntual que Manuel pueda ofrecer, esta operación tiene un fuerte componente simbólico y estratégico. En primer lugar, se trata de una posible “pérdida de conocimiento”: si Manus fue creada en su origen en China, la transferencia a Meta puede significar que tecnologías claves o incluso talento estratégico pasen a manos de una empresa estadounidense.
En segundo lugar, refuerza la idea de que Silicon Valley sigue ganando terreno en la carrera de la inteligencia artificial. Durante 2023 y parte de 2024, las inversiones de empresas como OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta se dispararon, mientras que en China comenzaron a verse señales de estancamiento o, al menos, ralentización, en gran parte debido al impacto de controles estadounidenses sobre la exportación tecnológica hacia ese país.
El economista Gary Ng, de la firma Natixis, lo resume así: “La seguridad se ha convertido en la principal preocupación de los dirigentes chinos. Cualquier transferencia tecnológica que pueda dar ventaja competitiva a EE. UU. será examinada con lupa.”
Los antecedentes: de TikTok a semiconductores
No es la primera vez que una operación tecnológica genera fricciones entre estas superpotencias. Recordemos que en 2020, el gobierno de Donald Trump intentó forzar la venta de las operaciones de TikTok en EE. UU. a una empresa doméstica, por temor a que la app recopilara datos con fines de inteligencia.
Lo mismo ocurre con el sector de semiconductores. A finales de 2022, EE. UU. impuso duras restricciones para impedir que las empresas chinas accedieran a chips avanzados fabricados con tecnología estadounidense. Esto afectó directamente a gigantes como Huawei y SMIC.
Por lo tanto, esta investigación sobre Manus no es una excepción, sino una pieza más en un conjunto de disputas que definen el futuro de la hegemonía tecnológica mundial.
¿Qué dice Meta?
La empresa ha afirmado que, tras la compra, “no existirá propiedad china continua en Manus AI”, y que las operaciones de la startup en China se descontinuarán. Actualmente, la mayoría de los empleados de Manus están basados en Singapur, y continuarán desarrollando allí las funciones de IA integradas a los servicios de Meta.
Este mensaje sugiere que Meta busca evitar cualquier fricción con regulaciones chinas sobre transferencia de tecnología, y al mismo tiempo asegurar a los reguladores estadounidenses que este movimiento está libre de implicaciones “chinas” en sus productos.
¿Qué tan poderosa es esta startup?
Según anuncios recientes, Manus habría alcanzado más de 100 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales, una señal de que sus productos son adoptados por empresas y usuarios a gran escala. A diferencia de otras empresas emergentes que desarrollan tecnologías sin modelo de negocio claro, Manus ya ofrece planes de suscripción y una IA que ejecuta tareas prácticas, desde redacción automática hasta gestión de flujos empresariales.
En un mundo donde la automatización de tareas cognitivas es el próximo gran salto económico, este tipo de herramientas tienen un valor estratégico mayúsculo.
Leyes de control tecnológico: ¿dónde trazar la línea?
La reacción china también genera un debate legal y ético. El profesor Cui Fan, de la Universidad de Negocios Internacionales y Economía de Beijing, planteó públicamente que la mercancía tecnológica de Manus podría estar sujeta a leyes que prohíben su exportación sin licencia. Según sus palabras:
“La gran pregunta es si alguna tecnología restringida o prohibida por leyes chinas está siendo exportada sin licencia previa.”
Estas controversias tocan una pregunta compleja en el siglo XXI: ¿la inteligencia artificial debería considerarse parte de la soberanía nacional? Si un sistema puede tomar decisiones, automatizar procesos estratégicos o incluso servir como base de plataformas de control social, entonces quizás no se trate ya de tecnología común, sino de un arma de capacidad blanda.
Una guerra fría por algoritmos
Los expertos en relaciones internacionales ya hablan de una “guerra fría tecnológica” entre EE. UU. y China. Si bien las armas no se han alzado, lo hace el poder algorítmico. La nación que domine los modelos de lenguaje, los sistemas autónomos e incluso los estándares de ciberseguridad tendrá una ventaja estructural sobre industrias enteras en los próximos 50 años.
Meta está enfrascada en una batalla silenciosa contra empresas como OpenAI y Apple en su propio país, pero también busca ganar terreno globalmente con su rama de IA generativa. Al adquirir startups como Manus, no sólo compra tecnología, sino también talento, propiedad intelectual e infraestructura.
¿Qué podemos esperar en adelante?
Si China dictamina que Manus no respetó sus leyes de exportación tecnológica, Meta podría enfrentar problemas legales en tribunales internacionales. Y eso enviaría un mensaje fuerte a otras empresas chinas interesadas en vender o fusionarse con compañías extranjeras del sector digital.
Por ahora, Meta parece haber tomado medidas preventivas: eliminar cualquier vínculo chino, centralizar operaciones en Singapur, y apagar las funciones de Manus en China continental. Pero eso no impedirá un escrutinio intenso, tanto en Pekín como en Washington.
La tecnología ya no es neutral, sino geopolítica. Y en este nuevo escenario, incluso las pequeñas startups pueden convertirse en el epicentro de tormentas diplomáticas globales.
