Violencia en México: ¿Menos homicidios o nuevas formas de ocultar la crisis?

El gobierno de Sheinbaum celebra una baja histórica en homicidios, pero los expertos advierten que la guerra contra el crimen organizado podría estar lejos de terminar

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Una cifra histórica… ¿o engañosa?

El gobierno de Claudia Sheinbaum ha anunciado que la tasa de homicidios en México disminuyó a 17.5 asesinatos por cada 100,000 habitantes en 2025, la más baja registrada desde 2016. Esta cifra representa una reducción del 40% en relación con 2018, año en el que se alcanzó uno de los picos más altos de violencia con 29 homicidios por cada 100,000 personas.

"Esto significa 34 homicidios menos cada día, la cifra más baja en una década", enfatizó Sheinbaum durante su conferencia de prensa diaria. La mandataria atribuyó esta mejora a un modelo de seguridad enfocado en la coordinación entre fuerzas armadas, fiscalías estatales e instituciones judiciales.

Un giro respecto a "abrazos, no balazos"

La estrategia de seguridad del presidente anterior, Andrés Manuel López Obrador, famosa por su lema “abrazos, no balazos”, ha sido reemplazada por un enfoque más agresivo e institucional bajo el mandato de Sheinbaum. Desde que asumió la presidencia el 1 de octubre de 2024, la mandataria ha intensificado el uso de inteligencia y coordinación interinstitucional con apoyo del gobierno de Estados Unidos, lo que ha resultado en operaciones con mayor impacto quirúrgico en contra de los grupos criminales.

¿Una estadística incompleta?

Aunque las cifras oficiales son alentadoras, varios analistas advierten que podrían no reflejar el verdadero panorama de la seguridad en México. Por ejemplo, Lisa Sánchez, directora de la organización México Unido Contra la Delincuencia, señala que aún no existen datos completos y confirmados para el año 2025 por parte del INEGI, institución que utiliza los certificados de defunción como fuente más confiable, pero su publicación suele retrasarse varios meses.

“Sí hay una disminución, pero la falta de transparencia y metodologías claras para recopilar los datos impide tener confianza plena en ese descenso”, declaró Sánchez.

Además, los casos crecientes de personas desaparecidas —más de 133,000 registradas hasta la fecha— y los hallazgos continuos de fosas clandestinas en estados como Veracruz, Zacatecas y Michoacán, contrastan con la narrativa de mejora.

¿Menos asesinatos o más control criminal?

David Saucedo, analista en temas de seguridad, aporta otro ángulo provocador: la violencia puede haber disminuido no por una victoria del Estado, sino por una especie de “paz mafiosa”.

“Los cárteles ya no se están matando entre ellos como antes; han consolidado regiones y controlan territorios sin necesidad de disputarlos”, explicó.

Esto daría lugar a una reducción de los homicidios ligados a enfrentamientos directos, pero no implica una disminución de la violencia estructural: extorsiones, desapariciones forzadas, reclutamiento de menores y corrupción institucional continúan como herramientas de control.

La geografía del crimen: un país fragmentado

A pesar de indicadores positivos a nivel nacional, estados como Sinaloa, Jalisco, Michoacán y Guanajuato siguen siendo escenarios frecuentes de violencia intensa. En estos estados, los cárteles continúan disputando rutas de narcotráfico, laboratorios clandestinos de drogas y control político local.

Por ejemplo, en Guanajuato —único estado que no ha mostrado mejoras significativas—, el enfrentamiento entre el Cártel de Santa Rosa de Lima y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha generado una espiral de violencia urbana, desapariciones masivas y ataques a fuerzas del orden.

La presión internacional

Gran parte del endurecimiento en la estrategia de seguridad tiene su origen en las crecientes demandas del gobierno estadounidense, que exige resultados tangibles en el combate al narcotráfico, especialmente luego de que el fentanilo se convirtiera en una de las principales causas de muerte por sobredosis en EE.UU.

Washington ha instado a México a cerrar laboratorios, interceptar cargamentos y extraditar a criminales de alto perfil. En respuesta, Sheinbaum ha coordinado redadas y detenciones espectaculares, aunque muchos analistas temen que estos operativos no logren desarticular las redes funcionales del crimen organizado, sino sólo recalibrarlas.

La otra cara: víctimas invisibles

El Estado mexicano aún enfrenta un gran reto con el número creciente de personas desaparecidas. Mientras los homicidios pueden ser cuantificables, la ausencia de personas representa una herida abierta en el tejido social.

Grupos como Los Otros Desaparecidos de Iguala siguen buscando restos humanos sin apoyo estatal suficiente. En lo que va de la administración Sheinbaum, varios colectivos han reportado hostigamiento y falta de cooperación institucional.

Para estos colectivos, la reducción numérica de homicidios no contempla el dolor cotidiano de quienes viven en incertidumbre, sin saber el paradero de sus seres queridos.

¿Qué significa realmente una baja en los homicidios?

Empíricamente, una disminución en los asesinatos es una buena señal. No obstante, es vital contextualizar esos datos: ¿hay menos violencia o simplemente menos visibilidad? ¿Se reducen los enfrentamientos o se están pactando treguas entre cárteles?

En 2023, un estudio del Observatorio Nacional Ciudadano advirtió que muchas muertes violentas se están reclasificando como "accidentes” o “muertes sin causa aparente" en zonas de alta influencia criminal. Esto, con la intención de mejorar artificialmente las cifras y dar una percepción de gobernabilidad.

Política vs percepción

La aprobación social de Sheinbaum, que ronda el 62% según Mitofsky a inicios de 2026, se apalanca en estos datos optimistas. Pero también debe lidiar con partícipes escépticos que demandan mayor transparencia, estadísticas verificables e independencia de los organismos de seguridad pública.

En palabras de Lourdes Morales, experta en rendición de cuentas y directora de Red por la Rendición de Cuentas:

“Una política de seguridad eficaz no sólo se celebra por sus resultados estadísticos, sino porque logra que las personas vivan con menos miedo y más certeza de justicia”.

¿Cambio estructural o momento pasajero?

El verdadero reto para el gobierno mexicano no es reducir la violencia por trimestre, sino lograr cambios sistémicos. Para ello se requiere:

  • Fortalecer las fiscalías estatales y federales con recursos e independencia.
  • Despolitizar las estadísticas de seguridad.
  • Erradicar la colusión entre autoridades y grupos criminales.
  • Implementar una política de prevención real y sostenida.

Hasta entonces, es posible que más que hablar de una México menos violento, debamos pensar en un México que está mutando las formas de violencia, muchas veces más invisibles, pero igualmente letales.

Una señal que invita a cuestionar, más que a celebrar

Los homicidios bajaron y es, sin duda, una buena noticia. Pero mientras el país siga acumulando desaparecidos, fosas clandestinas, pactos de facto entre criminales y autoridades débiles, México seguirá siendo un país con violencias múltiples disfrazadas de estabilidad.

La administración de Sheinbaum tiene una oportunidad histórica para romper los ciclos de simulación. Pero para lograrlo, no basta con mostrar estadísticas: necesita transformar realidades.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press