Irán en llamas: una nación al borde del colapso

Protestas, represión y un pueblo que resiste ante la crisis económica y la opresión política

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Desde finales de diciembre, Irán vive una de las olas de protestas más extensas y persistentes de los últimos años. Lo que comenzó como una manifestación por el alza de precios y la continua devaluación de la moneda, se ha transformado en una revuelta nacional con exigencias políticas directas al régimen de la República Islámica.

El estallido de la rabia: un resumen cronológico

28 de diciembre: La gota que colmó el vaso fue la caída del rial iraní a un nuevo mínimo histórico: 1.42 millones frente al dólar. La indignación estalló en los principales mercados de Teherán, en medio del encarecimiento de productos básicos y una inflación estimada en más del 45% anual. Las protestas iniciales se centraron en problemas económicos, pero pronto se tornaron políticas.

29 de diciembre: La presión social llevó a la renuncia del presidente del banco central, Mohammad Reza Farzin. Fue una medida desesperada ante la expansión del descontento. La policía respondió con gases lacrimógenos en la capital. Al mismo tiempo, las protestas se propagaron a otras ciudades.

30 de diciembre: El presidente Masoud Pezeshkian se reunió con empresarios para intentar calmar los ánimos, prometiendo medidas urgentes. Pero el daño ya estaba hecho: las protestas alcanzaban universidades y calles por todo el país.

31 de diciembre: Abdolnasser Hemmati fue nombrado nuevo gobernador del Banco Central. En la ciudad de Fasa, manifestantes atacaron la sede del gobernador, y se reportaron agentes de policía heridos. El sur del país ya hervía de indignación.

El precio de la voz: violencia, muertos y represión

1 de enero: El gobierno reconoció oficialmente las primeras muertes: al menos siete personas fallecidas. Imágenes desde Azna mostraban escenas caóticas con fogatas y disparos. Las zonas más afectadas incluyen provincias como Lorestan, Isfahan y Bakhtiari.

2 de enero: El expresidente estadounidense Donald Trump intervino en redes sociales, amenazando con “rescatar” al pueblo iraní si el régimen respondía con violencia. La participación extranjera es interpretada por Teherán como una injerencia directa, lo que enciende aún más la retórica oficialista contra Occidente.

3 de enero: El guía supremo, Ali Khamenei, pronunció un discurso en el que afirmó que los “alborotadores” debían ser “puestos en su lugar”. Se entendió como una luz verde para intensificar la represión: 580 personas fueron arrestadas y al menos 15 murieron.

6 de enero: Los manifestantes ocuparon el Gran Bazar de Teherán en una sentada. Las fuerzas de seguridad dispersaron la manifestación con gases lacrimógenos. El número de muertos oficial ya ascendía a 36, con más de 280 puntos de protesta en 27 de las 31 provincias del país.

8 y 9 de enero: En una llamada desde el exilio, el príncipe heredero Reza Pahlevi pidió protestas a nivel nacional. Desde las ventanas, ciudadanos gritaron consignas contra el gobierno. La represión incluyó el corte masivo de internet y comunicaciones. Según HRANA (Human Rights Activists News Agency), ya se contabilizaban 42 muertos y más de 2,270 detenidos.

¿Qué está causando esta crisis?

La combinación de factores económicos, políticos y sociales ha creado una tormenta perfecta:

  • Inflación descontrolada: Las tasas anuales superan el 45% desde hace años. Tras las sanciones impuestas por EE. UU. en 2018 por la salida del acuerdo nuclear, la economía sufrió un golpe severo.
  • Devaluación de la moneda: El rial ha perdido más del 80% de su valor desde 2017. Esto ha hecho que los productos importados y hasta los alimentos nacionales se vuelvan inaccesibles para la mayoría.
  • Corrupción estructural: Según Transparencia Internacional, Irán ocupa el puesto 146 de 180 en su índice de percepción de corrupción.
  • Desempleo y fuga de cerebros: El desempleo juvenil supera el 22%, y miles de jóvenes educados emigran cada año.

La juventud toma las calles

Esta nueva ola de protestas se diferencia de las anteriores por su carácter intergeneracional y liderado por jóvenes y mujeres. En videos compartidos en redes sociales —cuando el internet lo permite— se ve a manifestantes desafiar directamente a las fuerzas de seguridad coreando “¡Muerte al dictador!” y “¡Libertad para Irán!”

Las mujeres, como ha sido costumbre desde las protestas de 2022 por la muerte de Mahsa Amini, siguen jugando un rol central. Se ven videos de mujeres quitándose el velo en público, algo que aún es ilegal en Irán.

La represión sistemática del régimen

El aparato represivo del régimen no se ha hecho esperar. Según HRANA:

  • Se ha detenido a más de 2,270 personas en las primeras dos semanas.
  • Al menos 42 fallecidos, incluidos menores de edad.
  • Olas de arrestos nocturnos en barrios donde han ocurrido protestas.
  • Bloqueo completo de servicios de internet en ciudades críticas.

Un patrón preocupante señalado por Amnistía Internacional es el uso desproporcionado de la fuerza, desapariciones forzosas y torturas durante las detenciones. Asimismo, se teme el uso de ejecuciones como medida disuasoria, una táctica usada anteriormente en las protestas de 2019.

La “intervención” internacional y el tablero geopolítico

La participación de Donald Trump en sus publicaciones añade un componente geopolítico complejo. Aunque sus palabras podrían envalentonar a los manifestantes, también dan al régimen munición propagandística para denunciar supuestas conspiraciones extranjeras.

La comunidad internacional, salvo contadas declaraciones de condena, ha mantenido una tibia respuesta. Esto se debe en parte al delicado equilibrio diplomático con Irán por el tema nuclear y su rol en la seguridad regional. Israel, Arabia Saudita, EE.UU. y Europa evalúan cada paso con cautela.

¿Una primavera persa?

Muchos analistas recuerdan las protestas del Movimiento Verde de 2009 o las revueltas de 2019 como precedentes. Pero esta movilización tiene una característica nueva: ocurre en un contexto de desgaste generacional, incredulidad hacia todo el sistema político y amplia participación femenina. La pregunta que muchos se hacen es si esta podrá convertirse en una revolución efectiva, o si será nuevamente aplastada.

La oposición en el exilio, encabezada por el príncipe Reza Pahlevi, ha tratado de canalizar la rabia en una propuesta política alternativa. No obstante, dentro del país no hay una figura unificadora clara. Esto juega tanto a favor como en contra: dificulta la represión personalizada, pero también impide una coordinación nacional.

¿Qué sigue para Irán?

El futuro de Irán es incierto. Las autoridades han demostrado que están dispuestas a usar todos los recursos del Estado para aferrarse al poder. Sin embargo, el creciente malestar, la organización descentralizada de las protestas, y la presencia de una juventud que ya no teme tanto a las consecuencias, hacen que esta ola tenga un potencial diferente.

Sea cual sea el desenlace, el mensaje es claro: una parte significativa del pueblo iraní está cansada del autoritarismo, del aislamiento, de la pobreza y de no tener un futuro digno. La voz de Irán ha comenzado a resonar, y esta vez el mundo está prestando atención.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press