Venezuela entre esperanza e incertidumbre: ¿promesas de prosperidad o espejismo económico?

Con la caída de Maduro y anuncios de inversión extranjera, los venezolanos enfrentan una crisis que no cede mientras esperan señales reales de cambio

Caracas, Venezuela — La noticia de la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses ha sacudido a una nación que lleva años sumida en una crisis humanitaria, económica y política sin precedentes. Desde Washington, se anuncian promesas altisonantes de reconstrucción, rescate del sector petrolero y prosperidad para el país sudamericano. Sin embargo, en las calles de Caracas, estas palabras aún suenan lejanas frente a la inflación galopante, el desempleo y la pobreza que ahogan a millones.

La realidad diaria: sobrevivir en una economía colapsada

Ana Calderón, trabajadora de servicios públicos, camina entre los puestos semivacíos del mercado de Catia, barrio popular de Caracas. Su objetivo: reunir lo suficiente para cocinar una sopa. Pero la carne cuesta más de $10 por kilo, en un país donde el salario mínimo mensual ronda los $0.40 dólares, es decir, aproximadamente 25 veces menos del valor de un kilo de carne.

La inflación ha llegado a ser tan absurda que el precio del apio se ha duplicado en menos de un mes y el valor del dólar paralelo sigue marcando la pauta del comercio diario. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la tasa de inflación de Venezuela para 2024 se sitúa en un 682%, la más alta del mundo.

Más trabajo, menos comida: la lógica de la supervivencia

En este entorno, trabajar más no garantiza vivir mejor. Muchas familias tienen dos o incluso tres empleos y aún así apenas logran cubrir lo básico. Neila Roa, madre de un bebé de cinco meses, vende cigarrillos en la calle mientras observa cómo fluctúa el valor del dólar para ajustar sus precios. “Inflación y más inflación... es incontrolable”, lamenta.

Las escenas en Caracas se repiten: niños que se acuestan temprano más por hambre que por sueño, padres obligados a elegir entre retratar una receta médica o comprar los pocos alimentos del día. Según datos de la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2023, más del 80% de la población vive en condiciones de pobreza y más de 7.7 millones de venezolanos han abandonado el país desde 2015.

Estados Unidos al rescate (¿de quién?)

Desde la Casa Blanca, el expresidente Donald Trump asegura que la intervención estadounidense significará una revitalización para Venezuela: infraestructura renovada, sector petrolero modernizado y la promesa de repartir ingresos petroleros entre la población. Pero ¿quién se beneficia realmente de este rescate?

Hasta el momento, los intereses estadounidenses parecen centrarse más en la apertura del mercado energético venezolano a empresas propias y en la exportación de bienes estadounidenses al país latinoamericano. Trump incluso reconoció en una entrevista con The New York Times que la recuperación petrolera tardará “años”.

Un gigante dormido: el petróleo venezolano

Venezuela posee las reservas de petróleo más grandes del mundo. Durante el gobierno de Hugo Chávez, entre 1999 y 2011, el boom petrolero generó ingresos por $981 mil millones de dólares. Estos fondos financiaron programas sociales en vivienda, salud y educación, convirtiendo al país en un bastión del llamado “socialismo del siglo XXI”.

Pero los malos manejos, la corrupción interna, la falta de inversión técnica y la dependencia total del crudo llevaron al colapso. Desde 2012, la producción petrolera cayó dramáticamente. Con Maduro al frente, lo que se consolidó fue una economía deprimida, hiperinflación, caída del poder adquisitivo y el abandono de toda clase media.

La pregunta del millón es si al mejorar la industria petrolera, se mejorará realmente el país”, comenta Albert Williams, economista de Nova Southeastern University. “Es la base de todo, pero no será instantáneo.”

El retorno de las inversiones, un arma de doble filo

El plan de Trump incluye distribuir beneficios económicos derivados de las ventas de crudo a la población venezolana. Pero economistas advierten que estas medidas no atacan el problema estructural: la debilidad institucional y la fragilidad de la moneda. Usha Haley, experta en mercados emergentes de la Universidad Estatal de Wichita, señala: “Una sola venta de petróleo no solucionará décadas de colapso. Ni precios, ni salarios, ni empleos mejorarán rápido”.

La dolarización de facto ha beneficiado a una pequeña élite que accede a divisas, pero ha dejado aún más atrás a quienes dependen del bolívar. Hoy por hoy, Venezuela cumple con todos los criterios de un país en emergencia económica humanitaria.

“Resolver”: el arte de sobrevivir al caos

En cada esquina de Caracas se escucha la palabra “resolver”. Es el eufemismo con el que los venezolanos resumen la necesidad diaria de improvisar para subsistir. Para unos, se trata de hacer trueques entre comida y medicinas; para otros, de vender bienes personales en dólares, recibir remesas o migrar ilegalmente a otros países.

Enfrentados a esta situación, muchos sienten que la captura de Maduro no significa la llegada automática del cambio. “No sabemos si el cambio es para bien o para mal”, dice Neila Roa con resignación. “Estamos en una incertidumbre total.”

¿Qué sigue para Venezuela?

De acuerdo con Luisa Palacios, investigadora del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, “La gente tiene la expectativa de que las cosas cambiarán, pero no significa que será inmediato. Ven represión, confusión... y hambre”.

Mientras el gobierno estadounidense organiza reuniones con empresas petroleras para planear el retorno de estas a Venezuela, el ciudadano común sigue haciendo malabares para comprar un kilo de arroz. La clase política apuesta grandes sumas de dinero; el pueblo sigue pagando en pérdidas y tiempo.

Por más que se anuncien millones en inversión extranjera, lo que realmente pondrá de pie a Venezuela será el restablecimiento de la confianza institucional, la diversificación económica y una gestión libre de corrupción. De lo contrario, todo seguirá siendo una promesa sin sustancia.

Como diría cualquier caraqueño desde el mercado de Catia: “Hablan mucho, pero aquí seguimos sin ni siquiera poder hacer una sopa completa.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press