Irán en la oscuridad digital: censura, represión y la batalla por la conectividad

El régimen iraní ha desconectado nuevamente a su población del mundo exterior, provocando angustia internacional y revelando el rol vital de Starlink en la lucha por la verdad

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Por tercera vez en menos de una década, el régimen iraní ha ejecutado un apagón masivo de internet con el fin de reprimir las voces disidentes y evitar la difusión de información sobre protestas antigubernamentales.

Lo que ocurre en Irán es una combinación estremecedora de medidas autoritarias, censura informática avanzada y una resistencia civil cimentada en tecnologías de acceso global como Starlink. La desconexión de la nación persa no solo pone en peligro los derechos humanos de sus 85 millones de habitantes, sino que revela la importancia de las tecnologías satelitales en la lucha por la libertad de información.

Un patrón de represión que se repite

Desde 2019, cuando Irán desconectó completamente su red tras manifestaciones por el alza de los precios del combustible, el apagón informático se ha convertido en una herramienta táctica del gobierno. En esa ocasión, murieron más de 300 personas, según reportes de organizaciones de derechos humanos. Más recientemente, en 2022, la muerte de Mahsa Amini a manos de la ‘policía de la moral’ por no usar su hiyab “correctamente” llevó al país a una nueva ola de manifestaciones que derivó en más de 500 muertos durante una represión despiadada.

El corte de internet del pasado jueves, alrededor de las 20:00 h (hora local), coincidió nuevamente con protestas crecientes provocadas por la crisis económica que atraviesa el país. Esta acción dejó fuera de línea a millones de iraníes que usaban redes privadas virtuales (VPN) para acceder a redes sociales, comunicarse con familiares en el extranjero y denunciar abusos en tiempo real.

La tragedia del silencio

No puedes entender lo que sentimos los iraníes en el exilio”, dice Azam Jangravi, una experta en ciberseguridad radicada en Toronto, cuya familia aún vive en Irán. “Mis hermanos, mis primos… todos están allá. No puedo concentrarme sabiendo que la violencia está llegando a ellos y no sabemos absolutamente nada”.

Las emociones están a flor de piel entre la diáspora iraní. La desconexión de las plataformas digitales no solo detiene la circulación de información sino que crea un terreno más propicio para masacres impunes. En palabras de Jangravi, “muchas personas están siendo asesinadas, heridas, y no sabemos quiénes son”.

Starlink, el canal de la disidencia

En este contexto aparece un aliado inesperado: Starlink, la red satelital de Elon Musk. Aunque su funcionamiento ha sido declarado ilegal por el régimen iraní, decenas de miles de terminales de Starlink han sido ingresadas clandestinamente al país. Algunas tienen fines comerciales, pero muchas otras son utilizadas por activistas, periodistas ciudadanos y familiares para mantener viva la conexión informativa al exterior.

En este momento, Starlink es la única salida para que sepamos lo que está ocurriendo”, explica Mehdi Yahyanejad, activista digital iraní residente en Los Ángeles. Según estimaciones, el servicio permite aún emitir fotos, videos y publicaciones a pesar de los intentos del régimen por bloquearlas.

Apagón con tecnología de guerra

No obstante, las autoridades iraníes parecen haber aprendido de sus fracasos anteriores e implementado estrategias más sofisticadas de bloqueo. Después de su breve conflicto con Israel en 2025, el régimen desarrolló capacidad para bloquear señales GPS, utilizadas también por los terminales Starlink para conectarse con los satélites en órbita baja.

Amir Rashidi, director del grupo de derechos digitales Miaan Group, advierte que desde el último corte ha observado una pérdida de hasta el 80% en la transmisión de paquetes de datos en ciertas zonas, lo que indica una interferencia severa en la comunicación satelital. “Esto no es solo bloqueo GPS; es interferencia de señal de alto nivel, como la que se ha visto en Ucrania por parte de Rusia”, aseveró Rashidi.

Estos datos son alarmantes, no solo por la pérdida informativa, sino por el alto riesgo de vida que corren quienes utilizan estos dispositivos. “Si detienen a alguien con una antena Starlink, podrían ejecutarlo acusándolo de colaborar con Israel o Estados Unidos”, explica Jangravi.

La humanidad atrapada en un muro digital

El apagón digital de Irán no es un caso aislado. Dictaduras contemporáneas han encontrado en el corte de internet una herramienta poderosa para silenciar, castigar y controlar poblaciones enteras. Según Freedom House, 23 países impusieron algún tipo de apagón digital en 2023, afectando a más de 2.900 millones de personas. Entre ellos, Myanmar, India y Etiopía.

La novedad en el caso iraní es la persistencia y sofisticación. La censura informativa ha pasado de ser un ejercicio rudimentario a una operación cuasi militar. Además del GPS jamming y el uso de inhibidores móviles, el régimen iraní ha sido acusado de infiltrarse en redes de activistas digitales y espiar a través de malware distribuido por aplicaciones pirateadas.

Una protesta que se apaga… si no hay intervención

Yahyanejad advierte que la represión digital también tiene un efecto profundo en la moral colectiva. “Este tipo de lucha pacífica no puede durar si la violencia gubernamental es brutal y no hay canales para mostrarla al mundo”. El silencio impuesto puede desinflar cualquier llama de resistencia en días.

Azam Jangravi concluye con una súplica: “Necesitamos ayuda y la necesitamos ya. Ya no se trata solo de lograr libertad en Irán, es cuestión de no dejar que estos crímenes sigan ocurriendo en la oscuridad”.

La comunidad internacional ante un dilema ético: actuar o ser cómplices

La creciente dependencia del gobierno iraní en prácticas represivas digitales plantea una pregunta contundente a la comunidad internacional: ¿qué mecanismos existen para presionar a un Estado que apaga internet cada vez que siente amenazado su poder?

Pese a los llamados de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la agencia de la ONU dedicada a las comunicaciones, para que Irán cese la interferencia y la censura, el régimen ha ignorado reiteradamente tales solicitudes, e incluso ha pedido formalmente que se prohíba Starlink en su territorio.

Las sanciones económicas no han bastado, y en muchos casos, han servido como excusa para reforzar el discurso de victimización del régimen. Se requieren medidas innovadoras, entre ellas, quizás, nuevas alianzas diplomáticas para garantizar el funcionamiento libre de internet como derecho humano fundamental.

Desde la Carta Universal de Derechos Humanos hasta la doctrina contemporánea de los derechos digitales, garantizar el acceso libre y sin censura a la información ya no es accesorio, sino urgente y vital.

Lo que hoy está en juego en Irán no es solamente la conexión a internet… es el derecho de un pueblo entero a existir con dignidad y libertad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press