Una nueva oportunidad: Cómo la realidad virtual está transformando las cárceles en California

La tecnología inmersiva ofrece a los reclusos experiencias emocionales, formación laboral y un vistazo al mundo exterior

Una escapatoria dentro de cuatro paredes

Jacob Smith miró alrededor de la sala común de la Prisión Estatal de Valley, cerca de Fresno, California, mientras se ajustaba un visor de realidad virtual. Un parpadeo más tarde, ya no estaba entre muros grises y sillas plegables: estaba caminando por mercados bulliciosos en Tailandia, inmerso en los vibrantes sonidos y colores del sudeste asiático. “¡Me fui a Tailandia, hermano!”, exclamó con una sonrisa que desmintió su entorno real: una prisión de mediana seguridad.

Este viaje no requiere pasaporte ni libertad condicional. Es parte de un programa pionero implementado por Creative Acts, una organización sin fines de lucro con sede en Los Ángeles que introduce la realidad virtual (VR) en las prisiones como una herramienta de rehabilitación e integración social.

Realidad virtual como máquina de esperanza

Sabra Williams, fundadora de Creative Acts, se refiere a los visores de realidad virtual como “máquinas de esperanza”. Y para muchos reclusos, eso es exactamente lo que representan. No solo permiten escapadas virtuales a paisajes lejanos, sino que también proporcionan experiencias cotidianas necesarias: entrevistas de trabajo simuladas, interacciones sociales, resolución de conflictos y actividades cívicas.

“Muchos de los que salen de la cárcel me dicen que se sienten perdidos ante cosas tan simples como poner gasolina o usar un cajero automático”, explica Williams. “La sociedad evolucionó mientras ellos estuvieron ausentes. El miedo a no pertenecer es tan fuerte como cualquier reja”.

Un proyecto que nació del arte

El programa de VR surge del trabajo previo de Williams en programas artísticos penitenciarios que incluían teatro, música, poesía, danza y pintura. Al ver cómo estas disciplinas desbloqueaban la expresión emocional de los internos, quiso explorar otras formas de traer "el mundo exterior al interior".

El proyecto se lanzó inicialmente con vídeos recopilados de YouTube, pero pronto Creative Acts comenzó a crear su propio contenido: videos de meditación, escenarios laborales, recorridos educativos y secuencias inmersivas de paisajes naturales.

Voluntarios y reclusos: colaboración que transforma

Smith, quien podría obtener su libertad condicional en 2031, ahora es voluntario del programa, y ayuda a sus compañeros a usar los dispositivos por primera vez. Él mismo atestigua los efectos positivos de la tecnología: “Puede que estés físicamente aquí, pero mental y espiritualmente puedes trascender este entorno”.

Tras las sesiones de inmersión, un equipo de voluntarios guía a los reclusos en círculos de reflexión emocional. Muchos participantes acusan un impacto poderoso. “Algunos rompen en llanto cuando terminan su viaje virtual a Tailandia”, comenta Williams. “Me dicen: ‘Nunca supe que el mundo era tan hermoso’”.

Más allá de una distracción: camino a la reintegración

El objetivo del programa va más allá del entretenimiento. Según Nancy La Vigne, decana de la Escuela de Justicia Criminal de Rutgers-Newark (Nueva Jersey), el uso de realidad virtual podría jugar un rol esencial en la rehabilitación de internos. “Las personas que han estado décadas en prisión deben reaprender cómo navegar en sociedad”, señala. “Desde cómo tomar un autobús hasta cómo pedir en un restaurante.”

Un aspecto distintivo de este enfoque es que simula estrés en un entorno seguro. Las entrevistas con empleadores virtuales son realizadas por avatares con actitudes diversas: desde simpáticos hasta inquisitivos. Esto ayuda a los reclusos a ganar confianza, mejorar su comunicación y controlar su ansiedad.

Resultados visibles y referencias científicas

Los efectos no son meramente subjetivos. Investigaciones citadas por La Vigne y publicadas por la American Psychological Association muestran que reclusos que ven videos naturales con regularidad reducen su nivel de agresividad y reciben menos sanciones disciplinarias.

Desde su implementación en 2020, el proyecto de Creative Acts ha sido documentado en al menos cuatro prisiones en California, tanto en poblaciones generales como en unidades de confinamiento solitario. También se ofrece a jóvenes infractores.

Un desafío presupuestario y logístico

El programa cuenta con el respaldo de Meta, que donó 100 visores Oculus. Sin embargo, su crecimiento se ve limitado por su alto costo y las barreras logísticas. Como advierte La Vigne: “No se pueden simplemente vender en el economato carcelario. Requieren acompañamiento técnico y emocional”.

Creative Acts actualmente ejecuta el programa tres veces al año por prisión, pero Williams espera expandirlo a nivel estatal y nacional. El Departamento de Correcciones y Rehabilitación de California ya ha reconocido el valor del programa al implementarlo en la Colonia de Hombres de California (San Luis Obispo), destacando su potencial para “curar traumas, regular respuestas emocionales y preparar una reinserción segura a la sociedad”.

Un antes y después en la vida carcelaria

Richard Richard, antiguo interno y actual voluntario del programa, usó uno de estos visores por primera vez en 2018. Hoy, ayuda a otros a navegar su primer contacto con mundos digitales y emociones contenidas. “Ver a alguien usar el visor por primera vez es revelador”, dice. “Ves una chispa, una curiosidad, un entendimiento de que aún pueden soñar.”

Historias como la de Richard y Smith muestran que la tecnología puede ser una poderosa herramienta de rehabilitación, no solo por lo que enseña, sino por lo que inspira. Los viajes virtuales no sustituyen la realidad, pero sí provocan una reconexión emocional con el mundo exterior, una motivación para cambiar y una oportunidad de comenzar de nuevo.

¿Futuro o excepción?

Mientras el país debate reformas penitenciarias y mecanismos de reinserción más eficaces, programas como este ofrecen modelos replicables con impacto emocional, psicológico y educativo comprobado.

Como dijo una vez un participante tras su primer viaje virtual: “Aquí dentro, nadie cree que todavía hay un lugar para uno allá fuera. Pero si eso que vi es real, entonces quizás sí hay lugar para mí.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press