¿Debe una atleta trans competir en deportes femeninos? El caso que enfrenta a EE. UU. con su espejo social

Becky Pepper-Jackson y el dilema de la equidad, la identidad y los derechos civiles detrás de la controversia que llega a la Corte Suprema

Una atleta improbable, en medio de una batalla histórica

Becky Pepper-Jackson tiene apenas 15 años y ya compite con fuerza suficiente como para alcanzar el podio en competencias de lanzamiento de disco en Virginia Occidental. Pero el verdadero campo de batalla al que se enfrenta no está en las pistas ni en los campos deportivos, sino en los juzgados más altos de Estados Unidos.

En una temporada que podría ser la última para ella como atleta, el futuro deportivo y personal de Becky se convierte en símbolo de una lucha nacional: ¿deben las atletas transgénero competir en la categoría que refleja su identidad de género?

Transición, deportes y legislación: el panorama en EE.UU.

Desde que comenzó la tercera primaria, Becky se identificó públicamente como chica. Ha estado bajo tratamiento médico con bloqueadores de la pubertad, y ha desarrollado sus capacidades atléticas con entrenamiento, esfuerzo físico y dedicación. Sin embargo, Virginia Occidental –junto con más de dos docenas de otros estados– ha aprobado leyes que prohíben a las niñas y mujeres transgénero participar en deportes femeninos.

Estas prohibiciones, bloqueadas por tribunales inferiores en algunos casos, ahora están frente a la Corte Suprema, que escuchará dos casos clave (uno desde Virginia Occidental y otro desde Idaho). La decisión sentará un precedente crítico para miles de jóvenes trans en el país.

¿Qué dice la ley?

El debate gira en torno a dos pilares legales: la igualdad de protección constitucional bajo la Enmienda 14 y el Título IX, una ley federal de 1972 que prohíbe la discriminación por sexo en programas educativos financiados con fondos públicos. ¿Incluye "sexo" también la identidad de género? En 2020, la Corte falló que sí lo hacía en el contexto laboral. Pero ahora, con una Corte más conservadora, el resultado es incierto.

El argumento de la “justicia deportiva”

Los defensores de las leyes que excluyen a atletas trans del deporte femenino alegan que existen diferencias biológicas insalvables. JB McCuskey, fiscal general de Virginia Occidental, declaró: “Si permitimos que varones biológicos compitan con mujeres, esas diferencias erosionarán los espacios y oportunidades para las mujeres”.

Si bien hay pocas atletas trans identificadas compitiendo a este nivel (McCuskey dijo no conocer a otra aparte de Becky), el debate ha ingresado a la agenda nacional como una de las batallas culturales más tensas en Estados Unidos, con posturas de ambos lados argumentando desde lo moral, lo científico, y lo legal.

¿Cuántas personas trans hay en EE.UU.?

  • 724,000 jóvenes (13-17 años), lo que representa el 3.3% de esa población, se identifican como transgénero.
  • 2.1 millones de adultos, o el 0.8% de la población adulta, también se identifica como trans.

(Datos: Williams Institute, UCLA School of Law)

El costo emocional y el compromiso de una familia

En una entrevista reciente, Becky explicó su motivación: “Esto es algo importante no solo para mí, sino para mucha gente. Estoy aquí por eso”.

Su madre, Heather Jackson, ha sido su mayor defensora y no duda en calificar los esfuerzos legislativos en su contra como “odio”. “Tenemos una larga historia de aislar a los marginados”, señaló.

Becky ha afrontado agresiones verbales y situaciones incómodas, como una competencia en la que una rival usó una camiseta con la frase: “Los hombres no pertenecen a los deportes femeninos”. A pesar de eso, ella continúa practicando en su jardín, levantando pesas y tocando la trompeta en la banda escolar.

¿Es una amenaza real o un símbolo?

Una crítica común de quienes apoyan las prohibiciones es que atletas trans como Becky crean una desventaja desleal en competencias femeninas. Pero más allá del pódium, la pregunta central es si su existencia dentro del deporte femenino realmente causa un daño sistémico o si se está utilizando políticamente como símbolo de una supuesta “agenda progresista radical”.

De hecho, la encuesta realizada en octubre de 2025 por el Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research encontró que el 60% de los adultos en EE.UU. apoyan que niños y adolescentes trans compitan solo en equipos que coincidan con su sexo asignado al nacer. Sin embargo, el mismo estudio señala que un 25% no tiene opinión formada aún.

El poder judicial como actor político

La Corte Suprema tiene ahora una mayoría conservadora y ya ha permitido aplicar restricciones a personas trans en temas de salud y derechos civiles. Si decide a favor del estado, podría dejar sin efecto los bloqueos previos emitidos en tribunales federales, y así cuadrar el dictamen con otras iniciativas dirigidas desde el ala más conservadora del país.

Quienes apoyan a Becky han presentado decenas de escritos de apoyo firmados por legisladores, médicos, deportistas y activistas de derechos humanos. Muchos argumentan que definir el género únicamente por el sexo asignado al nacer es una noción anticuada y científicamente incoherente, y que las leyes actuales ya contemplan mecanismos para garantizar la equidad deportiva sin recurrir a la exclusión categórica.

Las voces conservadoras también arremeten más allá del deporte

John Bursch, abogado de Alliance Defending Freedom, dijo que esto va más allá del deporte y que permitir que “hombres se identifiquen como mujeres” es una amenaza para la seguridad y dignidad de mujeres cis en todas las esferas: desde los vestuarios, hasta las cárceles y refugios.

Este argumento ha sido ampliamente rechazado por organizaciones de derechos humanos y de salud mental como la American Psychological Association, que sostiene que permitir que las personas trans vivan según su identidad reduce dramáticamente los índices de ansiedad, depresión e intentos de suicidio.

Una atleta, una lucha civil

Becky representa algo más profundo: una generación que busca vivir sin tener que pedir perdón por ser quienes son. Cuando se le preguntó cómo reaccionaría si ya no pudiera competir, respondió con serenidad pero con dolor: “Me dolerá mucho, y lo sé. Pero encontraré otra forma de seguir adelante”.

¿Y ahora qué?

El fallo que se espera para mediados de este año marcará el rumbo de futuras batallas, no solo deportivas, sino sociales y jurídicas. La pregunta no es solo si Becky puede lanzar un disco frente a otras chicas, sino si toda una sociedad está dispuesta a aceptar los matices de la identidad humana. En un país fundado sobre la promesa de libertad e igualdad para todos, ¿será esa promesa lo suficientemente grande como para incluir también a Becky?

Mientras tanto, ella sigue entrenando en su patio trasero.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press