El regreso del rey: ¿revivirá la monarquía en Nepal ante una nueva generación frustrada?

Entre estatuas, pancartas y reclamos, miles de nepaleses recuerdan al rey Prithvi Narayan Shah y piden el regreso de la monarquía en medio de tensiones políticas y generacionales

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

KATMANDÚ, Nepal – En el corazón de la capital, frente a la imponente estatua de Prithvi Narayan Shah, el fundador de la dinastía Shah en el siglo XVIII, se coreaba una vez más una consigna que creíamos desaparecida con los vientos de cambio de 2008: “¡Queremos de vuelta al rey!”. Pero lejos de ser una mera nostalgia, esta vez la consigna resuena alimentada por una nueva generación: los Gen Z nepaleses, cansados de promesas rotas, corrupción e inestabilidad perpetua.

Una manifestación con aire real

La manifestación del pasado domingo no fue solo una efeméride nostálgica por el natalicio del rey Prithvi Narayan Shah. Tampoco fue una simple tradición. Fue, en muchos sentidos, una declaración política en un país que vive tiempos convulsionados.

Aunque se han producido manifestaciones similares desde la abolición de la monarquía en 2008, esta tuvo un matiz diferente: más jóvenes, más organización y menos violencia. Un contraste fuerte con la manifestación del año anterior donde dos personas perdieron la vida en choques con la policía.

La administración actual —una gestión interina liderada por la primera ministra Sushila Karki, la primera mujer en ostentar el cargo— llegó al poder en un clima de crisis tras las protestas desencadenadas por la prohibición temporal de redes sociales, medida que irritó profundamente a los sectores juveniles más conectados. Estas manifestaciones fueron lideradas por una nueva camada de activistas jóvenes, furiosos ante la corrupción endémica, el desempleo y oportunidades menguantes.

Nepal: ¿República fracasada?

El drama político de Nepal no comenzó ayer. El país abolió la monarquía en 2008 después de una larga guerra civil maoísta que dejó más de 17,000 muertos. Con la abolición, se prometió una nación moderna, democrática, inclusiva, con oportunidades. Sin embargo, casi dos décadas después, los avances parecen ínfimos respecto a las expectativas sembradas.

Según un estudio del Asia Foundation de 2022, un 55% de los nepaleses considera que el país va en la dirección equivocada. El porcentaje sube a 67% entre jóvenes de 18 a 30 años. La principal razón citada: la corrupción crónica y el bajo nivel de vida.

Y en este panorama de decepción generalizada, el discurso monárquico recobra fuerza. “La única alternativa viable para este país es una monarquía constitucional”, dijo Samrat Thapa, uno de los participantes en la manifestación.

¿Quién es el verdadero heredero?

El último monarca de Nepal, Gyanendra Shah, fue depuesto en 2008 tras intentos fallidos de restaurar el poder absoluto y fuertes sospechas sobre su implicación en la masacre real de 2001, donde murieron el rey Birendra y gran parte de su familia.

Desde su salida, ha mantenido un perfil bajo. Aun así, su figura se revaloriza en tiempos de crisis. Aunque Gyanendra ya tiene 79 años, su nieto, Hridayendra Shah, ha ganado popularidad en redes sociales. Algunos sectores monarquistas lo impulsan como “el rey millennial”, con más afinidad hacia los códigos de la juventud actual que su abuelo.

Un nuevo tipo de monarquismo: digital y juvenil

Lo llamativo de las movilizaciones actuales no es solo el mensaje a favor del retorno de la monarquía, sino quiénes lo gritan.

En entrevistas realizadas por medios locales como Setopati y Kantipur Daily, muchos de los manifestantes tienen entre 20 y 35 años. Su visión no es restaurar la monarquía absoluta del siglo pasado, sino una constitucional al estilo británico o japonés: símbolo de unidad, garante del orden, sin interferencia ejecutiva.

“La república nos prometió justicia social, pero hoy vemos políticos más corruptos que antes, sin responsabilidades. El rey, al menos, no robaba. Era respetado,” dijo Anisha Tamang, una estudiante universitaria con un cartel que decía: “Volvamos al orden, volvamos a la corona”.

¿Qué dice la Constitución?

Legalmente, no hay mecanismos automáticos para restaurar la monarquía en Nepal. La Constitución de 2015, resultante de un proceso largo y tortuoso, respalda firmemente el modelo republicano federal. Pero una enmienda constitucional —aunque difícil— no es imposible. Haría falta:

  • Aprobación por mayoría de dos tercios en el parlamento.
  • Votación del pueblo mediante referéndum.

Y todo esto, claro, frente a un panorama político que apenas logra consensuar un presupuesto nacional.

Política en ruinas, jóvenes encendidos

El crecimiento del discurso monárquico también se explica por el vacío ideológico en los principales partidos políticos. Ni el Partido Comunista Unificado de Nepal (maoísta), ni el Congreso Nepalí, ni el UML han logrado ofrecer resultados sustanciales o afianzar estabilidad política. Se han sucedido más de 13 primeros ministros en los últimos 15 años.

“Es un ciclo eterno. Cada seis meses tenemos gobiernos interinos, elecciones parciales, escándalos de corrupción. La gente joven está harta,” opinó el analista político Dinesh Bhattarai, en entrevista con el diario Himalaya Times.

La sombra del ejército

Uno de los elementos que vuelve más interesante —y preocupante— el resurgir del discurso monárquico, es el papel de las fuerzas armadas de Nepal. Aunque formalmente subordinadas al gobierno civil, muchos de sus miembros han mantenido lealtad histórica con la figura del rey.

Un informe de Human Rights Watch en 2007 reveló que gran parte del alto mando militar se oponía a la abolición de la monarquía. Sin embargo, no se ha detectado ningún pronunciamiento público a favor del retorno del rey en tiempos recientes.

Aun así, una restauración monárquica —aunque sea en forma ceremonial— podría encontrar simpatizantes más allá de las calles y los templos.

La religión como ancla identitaria

Otro factor clave es lo espiritual. En Nepal, más del 81% de la población se identifica como hindú, según el censo de 2021. Y el rey, tradicionalmente, era considerado “avatara” (representante divino) del dios Vishnu.

Muchos ven en la república una agresiva occidentalización de las costumbres, mientras que el rey era percibido como guardián de la cultura nepalesa y del Sanatan Dharma.

“No se trata solo de política, se trata de nuestra identidad,” comentó uno de los religiosos durante el mitin, rodeado de símbolos sagrados y cánticos védicos.

¿Y ahora qué?

Con elecciones parlamentarias pautadas para marzo, el panorama es incierto. Algunos partidos menores ya han comenzado a incluir discursos pro-monarquía en sus plataformas. Aunque no es viable una restauración inmediata, el hecho de que el debate emerja con tanta fuerza es señal de un cambio en la percepción ciudadana.

Lo que alguna vez fue considerado un pasado enterrado —la figura del rey y la monarquía misma— ahora reluce como una posibilidad para quienes sienten que la república les ha fallado.

Como dijo una joven manifestante en Katmandú: “No es que queramos volver al siglo XIX. Queremos avanzar, pero con un guía. Y ese guía puede ser la corona.”

¿Será posible que, en pleno siglo XXI, una nación joven y conectada digitalmente regrese al manto de una familia real? Solo el tiempo y las urnas lo dirán.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press